Con los mercados pendientes de la inflación, las decisiones de los bancos centrales y las tensiones geopolíticas, ¿cómo estáis adaptando las carteras de vuestros clientes a este escenario? ¿Qué activos consideráis más atractivos de cara al cierre de 2026 y al próximo ejercicio?
La geopolítica ha marcado de forma determinante el guion del ejercicio. El conflicto en Oriente Medio y el posterior cierre del estrecho de Ormuz dispararon los precios del crudo, situando de nuevo la inflación por encima de los objetivos oficiales. Esto forzó a los bancos centrales a incrementar los tipos de interés, pese a que el año arrancó con previsiones de rebajas, y llevó al mercado a descontar que permanecerán en niveles altos durante más tiempo. En contraposición, la economía ha avanzado a un ritmo razonable, sustentada en la fortaleza de los beneficios corporativos y en un importante volumen de inversión en inteligencia artificial.
El posicionamiento de las carteras se ha estructurado en tres pilares:
- Protección de la renta fija: Al haber sido el activo más castigado del año, se blindó mediante duraciones cubiertas, bonos flotantes (cuyo cupón se eleva con las subidas de tipos) y fondos de renta fija flexibles capaces de adaptar la duración y el tipo de activo al entorno macroeconómico. Esto ha permitido batir a los índices de referencia (benchmark) en todos los perfiles y generar alfa.
- Reserva de liquidez (“guardar balas”): En junio, ante unas bolsas en máximos y un clima de complacencia, se redujo tácticamente el riesgo de las carteras con el fin de recoger beneficios y mantener liquidez disponible para aprovechar mejores puntos de entrada ante eventuales correcciones.
- Diversificación real: Se aplicó la premisa de «un fondo, una estrategia» para lograr complementariedad efectiva entre posiciones y se incorporaron fondos alternativos orientados a obtener rentabilidades positivas tanto en fases alcistas como bajistas.
El repunte de las rentabilidades de la deuda pública ha vuelto a situar la renta fija en el centro de las decisiones de inversión. ¿Crees que es un buen momento para aumentar su peso en las carteras? ¿Dónde veis más oportunidades: deuda soberana, crédito corporativo o bonos de mayor duración?
El momento actual ofrece una ventana atractiva de entrada en renta fija, siempre que se comprendan los catalizadores de las caídas recientes para seleccionar adecuadamente los activos. Septiembre fue un mes muy exigente para el mercado de bonos: el rendimiento del bono estadounidense a 10 años superó el 5,3% y el Bund alemán repuntó del 2,9% al 3,6% en el último trimestre. Este ajuste no refleja expectativas de mayor inflación, sino la asimilación por parte del mercado de una política monetaria restrictiva más prolongada. Si la postura de los bancos centrales resulta ser algo menos restrictiva de lo descontado, el inversor obtendrá rentabilidad tanto por el cobro del cupón como por la apreciación del precio del bono ante el descenso de las rentabilidades.
Desde una perspectiva estratégica, la mayor convicción se mantiene en el crédito corporativo de alta calidad (Investment Grade). Desde la crisis de 2008, el sector corporativo ha saneado balances, reestructurado pasivos y aprovechado los tipos mínimos históricos para alargar plazos de vencimiento, a diferencia del comportamiento de la deuda soberana. En términos crediticios, diversas compañías presentan hoy un perfil de solvencia superior al de muchos Estados.
No obstante, el fuerte castigo sufrido por la deuda pública en septiembre, frente a unos diferenciales de crédito corporativo prácticamente estables, abre una ventana de entrada en bonos gubernamentales. La estrategia pasa por reducir los cortos en duración para incorporar progresivamente deuda soberana, concentrando el posicionamiento en el tramo intermedio de la curva (3 a 5 años) y evitando alargar duraciones hacia los vencimientos más largos.
Las bolsas han mostrado fortaleza, impulsadas en buena medida por las grandes tecnológicas y las expectativas sobre la inteligencia artificial. ¿Te preocupa la concentración de las ganancias en un número reducido de compañías? ¿En qué mercados o sectores encontráis oportunidades para diversificar?
La elevada concentración bursátil es motivo de cautela, aunque con matices. No se trata de que las grandes tecnológicas sean malas inversiones; son compañías de gran calidad, con un crecimiento de beneficios sobresaliente que no se observa en otros sectores. No se vislumbra un escenario equiparable a la burbuja del año 2000, pero sí genera inquietud el peso que estas corporaciones ejercen sobre las carteras.
En el S&P500, 41 de cada 100 dólares invertidos corresponden a los diez principales valores, y Nvidia supera individualmente el peso acumulado de las 256 empresas más pequeñas del índice. En el tercer trimestre, la subida del 2% del índice estuvo sustentada exclusivamente por cuatro valores, mientras el promedio de los componentes restantes retrocedió. Quien invierte actualmente en vehículos indexados al S&P500 o a índices mundiales está asumiendo una exposición concentrada en pocas tecnológicas vinculadas a la temática de la inteligencia artificial. Esta temática incorpora el reto de rentabilizar las ingentes inversiones desembolsadas en centros de datos, exigiendo que los beneficios crezcan a la par de las exigentes previsiones del mercado.
La exposición a tecnología se mantiene mediante gestores de alta convicción, combinándola con enfoques complementarios:
- Renta variable europea de estilo value: Orientada a capturar el beneficio de los tipos elevados en el sector bancario.
- Pequeñas y medianas cotizadas (small & mid caps): Segmento rezagado frente a las compañías de gran capitalización (large caps).
- Estrategias contrarian: Selección de valores de calidad que han experimentado castigos de valoración excesivos.
- Mercados emergentes (con foco en Latinoamérica): Posición incorporada previamente al verano para capturar el ciclo temprano de bajadas de tipos en la región y el impulso derivado de la relocalización industrial (nearshoring).
- Fondos alternativos market neutral: Diseñados para aportar descorrelación y retornos positivos al margen del ciclo de mercado.
En un entorno en el que los acontecimientos económicos y geopolíticos pueden alterar rápidamente el comportamiento de los mercados, ¿qué cambios estáis introduciendo en la gestión discrecional de carteras para controlar el riesgo? ¿Qué errores crees que deberían evitar los inversores que buscan preservar su patrimonio sin renunciar a obtener rentabilidad?
El éxito inversor radica en la consistencia y en evitar posicionarse a la cola del mercado. En un contexto en el que cualquier titular de prensa altera las cotizaciones en pocas horas, el riesgo no se puede gestionar de forma improvisada, sino que debe diseñarse ex ante mediante tres herramientas:
- Preservar liquidez (“guardar balas”): Reducción táctica de riesgo en momentos de euforia para asegurar beneficios y contar con capital ante correcciones.
- Renta fija de gestión activa y flexible: Capaz de modular la beta de mercado, moderando la exposición en periodos de volatilidad y aumentándola cuando las valoraciones resultan atractivas.
- Diversificación descorrelacionada: Inclusión de activos líquidos alternativos (estrategias market neutral o bonos catástrofe) cuyo comportamiento sea independiente del rumbo bursátil.
En cuanto a los errores recurrentes que deben esquivarse:
- Permanecer en liquidez a la espera del momento perfecto: Dicho momento es improbable de anticipar y una inflación en torno al 3,3% erosiona el poder adquisitivo del capital.
- Ventas por pánico: Vender posiciones durante episodios de estrés, como el cierre del estrecho de Ormuz, impide beneficiarse de las posteriores recuperaciones. Para generar rentabilidad es indispensable permanecer invertido de forma estructurada.
- Falsa diversificación: Evitar carteras con múltiples fondos que replican los mismos factores de riesgo.
- Perseguir rentabilidad sin calibrar el riesgo: No comprar activos solo por su rendimiento acumulado reciente ni asumir deuda de alto rendimiento (high yield) sin verificar si el diferencial remunera el riesgo de impago asumido.
Si un inversor con un perfil de riesgo moderado tuviera hoy liquidez disponible para invertir, ¿cómo le recomendarías distribuirla entre renta fija, renta variable y otros activos? ¿Crees que es preferible entrar de forma gradual o aprovechar las oportunidades actuales?
Para un inversor con un horizonte temporal a cinco años y tolerancia limitada al riesgo, el esquema de asignación moderada se distribuiría en:
- 70% en Renta Fija (eje central de la cartera): Crédito corporativo investment grade como posición estructural, al menos un tercio gestionado a través de fondos flexibles, exposición táctica a deuda emergente y high yield nórdico para elevar el rendimiento global (yield), e incorporación paulatina de deuda soberana en plazos intermedios (3 a 5 años).
- 20% en Renta Variable: Posicionamiento en el rango conservador de este perfil (que habitualmente oscila entre el 10% y el 40%), diversificado por geografías y factores, manteniendo liquidez para desplegar en puntos de entrada más atractivos.
- 5% a 10% en Activos Alternativos: Vehículos concebidos como amortiguadores de volatilidad.
En relación con el calendario de ejecución, en renta fija la entrada debe efectuarse de forma inmediata, dado que tras el repunte de las tasas internas de retorno (TIR) permanecer al margen implica un coste de oportunidad relevante. En renta variable, el capital restante se desplegaría de manera escalonada en un plazo aproximado de seis meses. En entornos macroeconómicos complejos, la prioridad no radica en predecir cada oscilación, sino en disponer de una cartera diseñada para resistir y capitalizar dichos movimientos.