Con tu experiencia analizando la política internacional, ¿cómo filtras el ruido geopolítico para determinar si un conflicto o una nueva política representan un riesgo real para una empresa o, por el contrario, una oportunidad de compra para Baltia Global?

Tengo que decir que esa experiencia que mencionas nos ayuda muchísimo. A mucha gente le sorprende y nos pregunta: ¿Cómo habéis hecho este camino? ¿Cómo habéis evolucionado desde ser un grupo de analistas centrados fundamentalmente en cuestiones geopolíticas y económicas hasta asesorar un fondo de inversión?.

Yo siempre digo que ambas cosas están muy relacionadas. Precisamente por ese trabajo contamos con un equipo de analistas que está permanentemente conectado con todo lo que sucede a nivel internacional. Estamos prácticamente las 24 horas del día, los siete días de la semana, estudiando y tratando de desmenuzar todo lo que ocurre en el mundo.

Pero nosotros no somos un medio de comunicación, ni nunca lo hemos sido. Nuestros canales públicos de divulgación, como VisualPolitik o VisualEconomik, no son medios de noticias al uso. Lo que buscamos, sobre todo, es conocer el trasfondo de las noticias y entender las grandes tendencias que se producen en el mundo. Y eso está íntimamente relacionado con los mercados financieros.

¿Por qué? Porque nosotros tratamos de detectar qué está ocurriendo y qué explica los sucesos que llegan a los grandes titulares. Intentamos comprender las claves que hay detrás. Eso nos permite entender cuál es la evolución, el ritmo y el flujo de los capitales a nivel internacional. Y esa es, precisamente, la filosofía de inversión que aplicamos en Baltia Global.

Muchas veces nos preguntan qué tipo de filosofía tenemos en el fondo. Y yo respondo que no somos un fondo value, aunque aplicamos criterios value. No somos un fondo growth, pero no rechazamos la incorporación de tecnología o de empresas con un alto potencial de crecimiento. Tampoco somos un fondo de momentum, aunque evidentemente tenemos muy en cuenta lo que está ocurriendo en cada momento en el mercado.

Me gusta describirnos como un fondo con una filosofía de inversión basada en el «empuje del capital». Es decir, tratamos de identificar las grandes olas, las grandes tendencias y los grandes procesos de cambio a nivel internacional. Una vez que los detectamos, buscamos en qué empresas queremos invertir y cuáles encajan con nosotros.

En ese sentido, nos basamos mucho en la filosofía del Quantum Fund, el fondo que administraron George Soros y Jim Rogers en los años setenta. Tomamos de aquella experiencia la idea de que primero debemos identificar cuáles son las grandes tendencias internacionales y, posteriormente, seleccionar activos concretos en los que invertir.

Volviendo a la pregunta, porque me da la sensación de que me he desviado un poco: ¿cómo aprovechamos ese conocimiento para invertir?

En primer lugar, buscamos grandes tendencias que generen vientos de cola muy fuertes. Entendemos que, si invertimos en sectores donde existen entradas de capital, cuellos de botella, una demanda estructural o una escasez estructural de mercado, probablemente serán sectores capaces de generar rentabilidades extraordinarias. Por eso nos gusta estar posicionados en ellos.

Todo ese bagaje de análisis geopolítico y geoeconómico lo utilizamos para interpretar los acontecimientos y detectar esos vectores de crecimiento. Pero también lo utilizamos para cubrir riesgos y comprender qué está ocurriendo.

Un ejemplo muy claro es todo lo relacionado con la guerra de Irán. Nosotros conocíamos muy bien las capacidades de disuasión del régimen de los ayatolás y también el riesgo operativo que implicaba una intervención militar contra Irán. Llevábamos años estudiándolo y, precisamente por eso, estábamos preparados para cubrir nuestra cartera e incluso beneficiarnos de algunos de los acontecimientos que se produjeron durante este año.

De la misma forma, cuando en junio se acordó el famoso Memorando de Entendimiento y se produjo de repente un sell-off masivo en los sectores energéticos del mercado, nosotros no solo no liquidamos nuestras posiciones, sino que aprovechamos para incrementar parcialmente su peso en cartera.

¿Por qué? Porque entendíamos que los incentivos no acompañaban realmente a ese Memorando de Entendimiento y que su recorrido probablemente iba a ser relativamente corto.

De hecho, en varias reuniones con inversores, con personas de nuestro entorno y con analistas de mercado, e incluso en varios vídeos que publicamos en abierto, fuimos muy escépticos respecto a la idea de que aquel Memorando de Entendimiento hubiera puesto fin a la crisis en Oriente Medio.

Dijimos entonces, y seguimos diciendo hoy, que nos encontrábamos a medio camino de la salida del conflicto y que las tensiones sobre los mercados energéticos no habían desaparecido. Unos meses después, apenas algo más de dos meses más tarde, los acontecimientos están respaldando esa interpretación.

Por tanto, disponer de ese prisma general y de esa perspectiva global del mercado nos permitió, primero, comprender claramente a qué riesgos nos estábamos exponiendo y, segundo, poder aprovecharlos.

Ahí es donde entendemos que nuestra experiencia en análisis geopolítico y económico genera muchísimo valor a la hora de construir una cartera de inversión capaz de aspirar a rentabilidades extraordinarias y, al mismo tiempo, cubrir adecuadamente los riesgos.

Baltia Global es un fondo flexible. En el entorno macroeconómico actual, con los tipos de interés y la deuda al alza y un mundo cada vez más fragmentado geopolíticamente, ¿dónde estáis encontrando las mejores oportunidades?

Precisamente siguiendo lo que comentaba antes, las mejores oportunidades las estamos encontrando en aquellos sectores que, desde nuestro punto de vista, presentan una dinámica positiva entre oferta y demanda y que, además, han sido bastante olvidados por los mercados.

Un ejemplo claro es el mercado de la energía. En estos momentos, Baltia Global tiene aproximadamente 15 puntos de exposición a empresas de upstream de oil and gas. Tenemos también alrededor de 13 puntos en empresas de gestión y provisión de infraestructuras energéticas, tanto para procesos de extracción como para proyectos brownfield, greenfield o, por ejemplo, de licuefacción en alta mar.

Tenemos estas posiciones porque entendemos que el mundo se enfrenta a un proceso de escasez estructural de energía por varios motivos.

En primer lugar, a veces perdemos la perspectiva, pero hoy existen muchas más personas viviendo en países con tasas de crecimiento comparables a las que tenía China en el año 2000 que habitantes tenía la propia China en aquel momento.

Es decir, actualmente hay mucha más gente, tanto en términos absolutos como relativos, viviendo en economías de alto crecimiento. Y cuando personas que viven en economías como India, Bangladesh, Indonesia o Vietnam comienzan a tener un mayor poder adquisitivo, empiezan a demandar todo tipo de productos: desde aparatos de aire acondicionado hasta transporte aéreo, transporte por carretera y una cantidad mucho mayor de bienes y servicios. Todo ello tiene consecuencias evidentes sobre los mercados de mercancías y sobre la logística.

Por tanto, entendemos que el consumo energético está íntimamente relacionado con la propia evolución de la economía internacional. En estos momentos existe un proceso de crecimiento muy intenso que, sin embargo, parece que en gran medida hemos pasado por alto.

Hemos dado por hecho que ese crecimiento económico acelerado en países que, en conjunto, suman más de 2.000 millones de habitantes no va a tener consecuencias sobre los mercados de materias primas. Nosotros no compartimos esa premisa. Creemos que sí las va a tener.

En segundo lugar, estamos asistiendo a la irrupción de la inteligencia artificial. Creemos que puede ser la mayor revolución industrial que hemos conocido y una de las mayores revoluciones de la historia, si no la mayor, por el enorme potencial que tiene.

La inteligencia artificial no se limita a los chatbots. Su aplicación se extenderá prácticamente a todo el tejido productivo y a toda la cadena empresarial. Va a impulsar el desarrollo de la conducción autónoma, de nuevas técnicas de investigación farmacéutica y de nuevos medicamentos. En definitiva, la inteligencia artificial va a estar presente en prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida. A ello se suma la inteligencia artificial física y todo el desarrollo de la robótica que ya está emergiendo.

¿Y qué característica tiene todo esto? Que ya no estamos hablando únicamente de bits, sino de un consumo muy acelerado de recursos naturales y, especialmente, de energía. La inteligencia artificial requiere cantidades ingentes de energía.

Si sumamos esa demanda estructural creciente derivada del desarrollo acelerado de numerosas economías a la explosión de la inteligencia artificial y de otras nuevas tecnologías, obtenemos unas tasas de crecimiento del consumo energético que son inéditas en las últimas décadas, o al menos las más elevadas en muchísimo tiempo.

El problema es que el mundo no se ha preparado para ello. Por eso entendemos que existe una gran oportunidad en sectores como el oil and gas, que durante años han sido muy despreciados por el mercado.

Incluso en el caso del petróleo, en Occidente hemos dado por hecho durante mucho tiempo que la electrificación iba a acabar con su demanda. Se asumía que la llegada del vehículo eléctrico hundiría el consumo de petróleo.

Pero creemos que esta lectura es incompleta. El petróleo no se utiliza exclusivamente para producir combustibles destinados a los automóviles. También es esencial para la industria petroquímica, donde no tiene un sustituto directo; se utiliza en numerosos procesos industriales y sigue siendo fundamental para segmentos del transporte por carretera y del transporte marítimo, donde las alternativas son todavía complicadas.

Por eso, pese a todos los pronósticos que se han realizado sobre el consumo de petróleo, lo que seguimos observando, si analizamos la tendencia de varios años, es un consumo creciente.

Las distintas estimaciones de organismos internacionales y de los grandes actores de la industria apuntan, además, a que el consumo de petróleo seguirá creciendo.

Todo esto se produce en un contexto en el que la oferta se reduce de forma natural año tras año por una razón muy sencilla: los pozos se agotan. Es el declive natural de los yacimientos, que obliga a reponer cada año una cantidad considerable de producción únicamente para mantener estable la oferta.

Con el gas sucede algo parecido, aunque existe una mayor disponibilidad global. En este caso, además, las perspectivas de crecimiento del consumo son incluso superiores.

El gas es una fuente de energía que, necesariamente, tendrá que acompañar durante las próximas décadas el desarrollo de las energías renovables. Es una fuente confiable y relativamente barata, por lo que prácticamente todos los países quieren disponer de ella. No depende de determinadas condiciones ambientales, no presenta el mismo grado de intermitencia que otras fuentes y tampoco exige, en muchos casos, niveles de capex tan elevados para poner en marcha nuevas instalaciones.

Si juntamos todos esos elementos, encontramos sectores que han sido despreciados por el mercado porque se daba por hecho que sufrirían una caída de la demanda que finalmente no se está produciendo. Al mismo tiempo, no se ha valorado correctamente la situación de la oferta.

Esto está generando oportunidades de valor muy relevantes. Encontramos compañías con una elevada generación de flujos de caja, con mucha visibilidad de futuro gracias, por ejemplo, a sus inventarios y reservas en balance, y que, sin embargo, no han recibido una valoración equivalente porque pertenecían a sectores considerados incómodos o poco populares.Ahí es donde nos gusta estar.

Nosotros analizamos la tendencia, observamos si existe una infravaloración en la estimación de valor que realiza el mercado y, cuando ambas cosas coinciden, nos posicionamos.

De hecho, en el sector del oil and gas estamos posicionados con intensidad prácticamente desde el inicio del fondo, y hasta ahora la apuesta está funcionando francamente bien. Algo parecido ocurre con la minería.

Todo el proceso de desarrollo de la inteligencia artificial, junto con la electrificación de la economía y el desarrollo de las energías renovables, implica un consumo muy intensivo de determinadas materias primas.

Podemos hablar del litio, pero un ejemplo especialmente significativo es el cobre.

Existe una demanda creciente de cobre y, además, hay un problema que muchas veces no se está teniendo suficientemente en cuenta. Ya no se trata únicamente de si existen más o menos reservas ni de que los costes marginales de producción sean crecientes. El verdadero problema es cuándo puede aparecer nueva oferta en el mercado.

Poner en marcha una mina de cobre Tier 1, es decir, una mina de gran tamaño capaz de tener un papel relevante en la producción mundial, requiere muchísimos años. En el mejor de los casos estamos hablando de alrededor de diez años y, habitualmente, de entre quince y veinte.

¿Qué significa esto? Que las decisiones de inversión que determinan la oferta de cobre de los próximos años se tomaron hace aproximadamente una década, cuando el vehículo eléctrico representaba una fracción de lo que representa hoy, cuando el desarrollo de las energías renovables era mucho menor y cuando nadie contemplaba una expansión tan acelerada de la inteligencia artificial y de los centros de datos.

Eso está provocando, desde nuestro punto de vista, un déficit estructural en la provisión de cobre.

Prácticamente todas las grandes casas de análisis coinciden en que durante los próximos tres, cuatro o cinco años puede existir un déficit muy elevado. Y ese gap no puede cerrarse rápidamente porque, aunque se invierta en nuevas minas, llevar esa nueva producción al mercado requiere muchísimo tiempo. ¿Qué estamos observando como consecuencia? Precios crecientes del cobre.

En el anterior gran ciclo de materias primas, a principios de siglo, el precio del cobre llegó a multiplicarse por más de seis. En el ciclo actual se ha multiplicado aproximadamente por algo más de tres. Podríamos decir, utilizando esa referencia, que estaríamos a mitad de camino, pero con el añadido de todo el impacto derivado de la electrificación de la economía y de la inteligencia artificial.

Básicamente, donde hay electricidad hay cobre. Todo lo que funciona con electricidad necesita cobre de una forma u otra. Por eso Baltia Global también se ha posicionado en esta materia prima.

Y si creemos que la inteligencia artificial va a ser una de las grandes revoluciones de nuestra era, y probablemente de toda la historia de la humanidad, tampoco queremos quedarnos fuera de ese proceso.

Es cierto que tenemos una metodología analítica muy vinculada a criterios value, lo que nos hace ser prudentes a la hora de pagar múltiplos elevados. Y muchas de las empresas directamente relacionadas con la inteligencia artificial cotizan a múltiplos muy altos.

Por eso buscamos alternativas.Una de ellas es FTAI Aviation, que es la mayor posición del fondo y que, entre otras cosas, está vinculada de forma indirecta al suministro de energía para centros de datos.

También tenemos compañías como Samsung o SK Hynix, estrechamente relacionadas con lo que se conoce como el «muro de la memoria». Creemos que el mercado no está interpretando correctamente cómo están cambiando las dinámicas de los ciclos sectoriales.

En nuestra opinión, algo parecido ocurrió en su momento con Nvidia y las GPU, y creemos que ahora se puede estar produciendo una dinámica similar con las memorias.Por tanto, también estamos posicionados ahí.

Creemos que estamos viviendo una etapa de grandes cambios en la que el mercado está realizando una atribución de valor muy asimétrica. Hay determinadas compañías y sectores que cotizan a múltiplos muy elevados, mientras que otras empresas, íntimamente relacionadas con los mismos procesos de cambio y con esos enormes ciclos de inversión, siguen cotizando a precios que consideramos muy atractivos.

Nosotros intentamos posicionarnos precisamente en esa cadena de valor. He destacado fundamentalmente la inteligencia artificial, el cobre y la energía —especialmente el oil and gas—, además de cierta exposición a renovables, pero podríamos hablar también de otros ámbitos, como la salud o los grandes marketplaces digitales.

Estos últimos han sido bastante impopulares durante algún tiempo y, sin embargo, son negocios capaces de generar muchísimo free cash flow y mucho crecimiento sin necesitar grandes cantidades de capex. Eso les permite operar con márgenes extraordinariamente altos.

Además, la incorporación de nuevos usuarios refuerza su posición competitiva, de modo que el propio crecimiento alimenta más crecimiento. Es algo que los inversores han buscado siempre, que es muy difícil de encontrar y que en algunos casos tenemos delante de nuestros ojos.

Por eso, en Baltia Global tenemos una cartera que combina diferentes ópticas de inversión. No somos un fondo value, pero tenemos compañías que cotizan a múltiplos muy reducidos, con una alta generación de flujo de caja y balances muy sólidos.

No somos un fondo growth, pero tenemos empresas y activos vinculados a sectores con un enorme impacto tecnológico, como la inteligencia artificial.

Y no somos un fondo de momentum, aunque también aprovechamos dinámicas como las que se están produciendo en el mercado del gas.

FTAI Aviation es la principal posición del fondo. Con los cuellos de botella en las cadenas de suministro y los problemas de entregas que arrastran Boeing y Airbus, ¿qué os hace tener tanta convicción en este sector?

En realidad, más que únicamente en el sector, nuestra convicción es especialmente fuerte en esta compañía.

Haría dos matices. En primer lugar, pensamos que la industria del transporte aéreo tiene un viento de cola estructural muy fuerte.

Más allá de que coyunturalmente, por ejemplo por todo lo que pueda ocurrir con el precio del combustible, podamos atravesar algunos meses peores, entendemos que la aparición masiva de nuevas clases medias en el mundo constituye un impulso enorme.

Como comentaba anteriormente, tenemos economías que, en conjunto, suman más de 2.000 millones de personas y que están registrando ritmos de crecimiento perfectamente comparables a los que experimentaba China a principios de siglo.

A medida que aumenta el poder adquisitivo y, posiblemente, también dispongamos de más tiempo libre gracias a la inteligencia artificial y la automatización, una parte creciente de ese poder adquisitivo se destinará a experiencias. Y eso está íntimamente relacionado con el transporte aéreo.

No solo hablamos del transporte de personas, sino también del transporte de mercancías.

Todas estas dinámicas hacen que, a nivel agregado, la industria del transporte aéreo tenga numerosos vientos de cola.

De hecho, eso es precisamente lo que vemos en el mercado: Boeing, Airbus y Embraer tienen enormes dificultades para atender toda la demanda de nuevas aeronaves. La demanda supera ampliamente la capacidad de la oferta para satisfacer las peticiones de sus clientes.

Pero, más allá de eso, FTAI es una empresa que nos gusta especialmente porque reúne muchos de los principios que rigen la filosofía de Baltia Global. En primer lugar, ha seguido una evolución prácticamente opuesta a lo que suele ocurrir en el mercado.

Lo habitual es que las empresas comiencen siendo compañías industriales y, a medida que crecen, vayan desprendiéndose de determinadas actividades y externalizando distintas áreas operativas hasta terminar convirtiéndose casi en *holdings* financieros.

FTAI está haciendo exactamente lo contrario. Comenzó básicamente como una compañía de *leasing* aéreo, propietaria de aviones y, sobre todo, de motores. A partir de ese negocio tradicional de leasing y gracias al conocimiento adquirido desde dentro del sector, ha ido evolucionando hacia una actividad industrial cada vez mayor, que hoy probablemente sea la rama con más potencial.

Actualmente podemos distinguir varias líneas de actividad que nos parecen extraordinariamente interesantes. La primera es la actividad histórica de *leasing*, tanto de aviones como, sobre todo, de motores. Es una rama que progresivamente está perdiendo protagonismo y que, en cierta medida, se encuentra en proceso de liquidación.

La segunda es el salto hacia la actividad industrial mediante su división de productos aeroespaciales. FTAI ha desarrollado una propuesta muy competitiva, fundamentalmente orientada a los motores de aviones de pasillo único o narrow-body, especialmente las familias Boeing 737 y Airbus A320, que constituyen dos de las familias de aeronaves más importantes de la aviación mundial.

FTAI es uno de los principales propietarios de motores CFM56 y V2500, dos motores fundamentales para estas aeronaves, y además se ha convertido en un actor muy importante en las actividades de MRO: mantenimiento, reparación y revisión.

Lo ha hecho mediante un producto especialmente competitivo: una arquitectura modular que podríamos denominar «arquitectura Frankenstein».

La idea es sencilla: un motor no se contempla como una única pieza indivisible, sino como una construcción modular compuesta por diferentes componentes.

FTAI se ha especializado hasta el punto de poder ofrecer a las aerolíneas un servicio mediante el cual, cuando aparece un problema en un motor, puede sustituirlo rápidamente por otro de manera temporal mientras el motor original se repara.

Ese motor se reconstruye utilizando diferentes componentes que se encuentran en distintos momentos de su ciclo de vida. Esto ha reducido muchísimo los costes y ha permitido acortar enormemente los tiempos en los que una aeronave permanece en tierra.

Procesos de reparación que antiguamente obligaban a mantener los aviones parados durante mucho tiempo pueden abordarse ahora permitiendo que la aerolínea continúe utilizando el avión, porque FTAI instala temporalmente uno de sus propios motores mientras repara el original.

Además, gracias a ese modelo de reparaciones modulares y de intercambio de componentes, han conseguido retrasar determinadas revisiones generales u overhauls.

Estas revisiones constituyen una de las partidas de mayor coste para las aerolíneas en el mantenimiento de sus aeronaves, tanto por el tiempo necesario como por el coste económico.

FTAI ha desarrollado, por tanto, una oferta tremendamente competitiva, y eso ha hecho que su cuota de mercado en el segmento de MRO de aeronaves de fuselaje estrecho no deje de crecer.

Ha pasado aproximadamente de un 4 % hace unos años a alrededor de un 14 % actualmente, con la aspiración de alcanzar aproximadamente un 25 % de la cuota de mercado mundial. Pero no se han quedado ahí.

También están desarrollando, junto con otros grupos y actores importantes de la industria, piezas aeroespaciales alternativas o genéricas, siguiendo una lógica similar a la que existe, por ejemplo, con los medicamentos genéricos.

Son piezas que deben recibir la correspondiente aprobación de las autoridades regulatorias de la aviación y que permiten optimizar todavía más los costes.

De este modo, cuando reparan un motor ya no tienen que recurrir necesariamente, en determinados casos, a componentes originales, sino que pueden incorporar progresivamente piezas alternativas desarrolladas dentro de este ecosistema.

Hemos pasado, por tanto, de una compañía tradicional de leasing a un operador de mantenimiento, revisión y reparación de motores que, además, participa en el desarrollo de sus propios componentes.

Eso cambia por completo la dimensión de la empresa. Estamos hablando de una compañía industrial altamente cualificada y con niveles de ingeniería e innovación muy relevantes.

Además, existe una barrera de entrada muy importante.Para competir en este segmento sería necesario invertir una enorme cantidad de recursos en talleres, especialistas y desarrollo de componentes. Esas piezas, además, necesitan las correspondientes autorizaciones de los organismos reguladores, que pueden tardar mucho tiempo.

Y todo ello tendría que hacerse para una generación de motores que ya no se vende de forma masiva. Los motores en los que FTAI está especializada son motores de generaciones anteriores. Aunque todavía puedan tener una vida útil de quince o veinte años, ya no están entrando nuevas unidades en la industria al mismo ritmo.

FTAI cuenta además con una ventaja adicional: es uno de los mayores propietarios mundiales de estos motores, lo que le proporciona una enorme disponibilidad de componentes con los que operar ese sistema modular.

Por eso creemos que resulta muy difícil que aparezca un competidor capaz de replicar rápidamente el mismo modelo.

Pero la capacidad de innovación de FTAI no termina ahí.

La compañía también ha desarrollado una nueva actividad financiero-industrial a través de sus iniciativas de capital estratégico.FTAI procede del mundo del *leasing* y posee una gran experiencia en este mercado. Lo que han planteado es multiplicar su capacidad operativa adoptando una lógica parecida, salvando las distancias, a la de empresas como Hilton o Marriott.

En lugar de ser necesariamente propietarios de todos los activos, pueden llegar a acuerdos con grandes fondos de inversión y entidades financieras —por ejemplo, Apollo o fondos soberanos de Oriente Medio— para crear vehículos capaces de adquirir aviones y motores.

FTAI gestiona esos vehículos a cambio de una comisión, participa también en el equity e incorpora sus propios servicios de mantenimiento y reparación.

De esta manera obtiene un beneficio por varias vías. Esta estrategia se está poniendo en marcha con bastante éxito y puede transformar a la compañía desde un operador tradicional de leasing hacia un gestor financiero que, al mismo tiempo, presta servicios industriales.

La empresa aspira, además, a gestionar una de las mayores flotas mundiales de aeronaves de pasillo estrecho utilizando en gran medida capital externo. Y todavía existe otro vector especialmente interesante.

Como comentábamos antes, hay una enorme escasez de capacidad energética vinculada al crecimiento de la inteligencia artificial.

En estos momentos, un centro de datos que quiera garantizar su propio suministro energético mediante turbinas o plantas de generación, fundamentalmente alimentadas con gas natural, puede enfrentarse a tiempos de espera de varios años.

FTAI identificó ahí una oportunidad. La compañía dispone de numerosos motores que ya han llegado al final de su vida útil aeronáutica y cuyo destino tradicional sería desmontarlos y aprovechar sus componentes.

A partir de ellos, FTAI ha planteado la posibilidad de convertir determinados motores en unidades de generación eléctrica especializadas para centros de datos.

Se trata de una nueva línea de actividad que está teniendo una fuerte demanda y para la que la empresa espera alcanzar cifras muy relevantes de EBITDA.

Por tanto, encontramos numerosos vectores estructurales operando simultáneamente a favor de la compañía.

Y todo ello se combina, según nuestra lectura, con un balance saneado y una valoración que consideramos atractiva. En estos momentos, la compañía cotiza aproximadamente a poco más de ocho veces el EBITDA estimado para 2027 y a menos de diez veces el free cash flow previsto para ese mismo ejercicio. Además, observamos que la gerencia ha comprado acciones a precios medios superiores al precio de cotización actual.

Vemos, en definitiva, una empresa diversificada, con un balance sólido, importantes ventajas competitivas, una buena ejecución operativa y una elevada capacidad de innovación.

Por eso estamos posicionados con fuerza. Creemos que FTAI puede beneficiarse de la escasez estructural de energía, del ciclo de inversión asociado a la inteligencia artificial y también de la necesidad de las aerolíneas de reducir costes mediante la externalización de actividades de mantenimiento y reparación hacia compañías capaces de prestar esos servicios de forma más eficiente.

Ahí es donde se encuentra FTAI Aviation, que para nosotros representa actualmente la principal apuesta de Baltia Global.

Es fácil enamorarse de una tesis de inversión. En vuestras principales posiciones, ¿qué métrica o señal os haría vender una posición?

En general, a nosotros no nos gusta enamorarnos de ninguna tesis de inversión. Podemos enamorarnos de una compañía, pero separamos muy bien lo que es una compañía de lo que representa una posición de inversión.

Para nosotros, una posición de inversión es algo meramente utilitario. Invertimos porque entendemos que la recompensa potencial, en términos de rentabilidad, compensa el riesgo que estamos adquiriendo. Lo importante es esa relación entre riesgo y rentabilidad.

¿Qué haría que nos desprendiéramos de una posición? Fundamentalmente, que cambiase esa percepción.

Puede cambiar la tendencia sectorial o la dinámica de la industria. También puede producirse una evolución de los precios que haga desaparecer la relación entre riesgo y rentabilidad que inicialmente nos resultaba atractiva.

Otra posibilidad es que empecemos a observar elementos extraños o preocupantes dentro de la propia compañía.

Una de las características de Baltia Global que, en mi opinión, nos diferencia bastante de la tipología de fondos que se comercializan y gestionan habitualmente es que nosotros no buscamos «al campeón».

Antes he hablado de FTAI de una forma quizá especialmente optimista, pero lo cierto es que nuestra metodología no consiste en encontrar necesariamente la mejor empresa de cada sector.

Cuando hablamos de oil and gas, de cobre, de inteligencia artificial o del «muro de la memoria», no intentamos identificar cuál va a ser la mejor compañía de todas. Básicamente porque no tenemos ni idea de cuál va a ser. Y, honestamente, pensamos que nadie puede saberlo con certeza.

Nosotros fuimos empresarios antes de ser inversores y sabemos perfectamente lo que sucede dentro de una empresa. En primer lugar, es imposible disponer de toda la información. Siempre existe un nivel de incertidumbre que no puede eliminarse, y para nosotros aceptar esa incertidumbre es absolutamente esencial.

Además, dentro de una compañía puede ocurrir prácticamente cualquier cosa.Puede aparecer un escándalo contable, un accidente, una mala decisión de asignación de capital, un problema dentro del equipo directivo o un conflicto laboral. Existen muchísimos acontecimientos que pueden destruir una tesis de inversión.

Por eso, en lugar de intentar encontrar únicamente al mejor player, preferimos disponer de varios players diferentes que consideramos competitivos dentro de un entorno de inversión que nos gusta.

Por eso antes insistía tanto en cómo estamos posicionados: energía, gestión de infraestructuras, materias primas —especialmente cobre y oro—, salud, marketplaces digitales e inteligencia artificial.

Primero identificamos esas tendencias y estudiamos su evolución previsible. Después analizamos qué empresas pueden encajar.

Pero en el momento en que una empresa deja de cumplir nuestros criterios, reducimos la posición o la liquidamos. ¿Qué nos preocupa especialmente en una compañía? Con carácter general, no nos gustan los balances complicados.

Una empresa con un elevado nivel de apalancamiento financiero y, además, con fuertes necesidades de capex que consuman buena parte de sus flujos de caja suele ser, para nosotros, una inversión que descartamos. Es una restricción bastante clara.

En cambio, nos gustan mucho las empresas que ya han realizado la parte más importante de sus procesos de inversión y que entran en una fase de «cosecha» de flujos de efectivo.

Nos interesan compañías capaces de dedicar esos flujos a retribuir a sus accionistas o a mejorar su balance, incluso aunque eso pueda limitar en cierta medida el crecimiento potencial. Tratamos de buscar precisamente esas características.

Si analizamos la cartera de Baltia Global, encontramos dos elementos que actúan como denominador común. El primero es, con carácter general, una elevada generación de flujo de caja o una elevada capacidad potencial de generarlo. Además, la evidencia empírica muestra que este es uno de los factores que más contribuyen a la creación de rentabilidad a largo plazo.

El segundo es que sean empresas situadas en áreas de actividad o sectores que se estén beneficiando de fuertes vientos de cola. Esos son, en esencia, los dos grandes denominadores comunes que buscamos en las posiciones de Baltia Global.

El top 10 de la cartera concentra una parte muy importante de los activos. ¿Cómo gestionáis la volatilidad que esto puede generar a corto plazo si un sector específico sufre una corrección repentina?

Aquí voy a ser especialmente claro: la volatilidad es algo que a nosotros nos importa relativamente poco.

Hay que matizar esta afirmación, porque evidentemente la volatilidad pone nervioso a todo el mundo en los mercados financieros y, además, puede provocar entradas o salidas de capital de los fondos, algo que también hay que gestionar. Pero, con carácter general, la volatilidad no es particularmente relevante para nosotros.

Entendemos que el mercado es volátil por naturaleza. En ese sentido compartimos bastante la tesis de George Soros y su teoría de la reflexividad, según la cual el mercado nunca puede encontrarse en un equilibrio permanente porque un proceso retroalimenta al siguiente. Eso provoca que los mercados tiendan constantemente al desequilibrio.

Nosotros tampoco creemos que el mercado tienda de forma permanente hacia el equilibrio. Por eso entendemos la volatilidad como un movimiento natural dentro del propio mercado.

Ahora bien, nosotros separamos claramente volatilidad y riesgo. Para nosotros, el riesgo es la pérdida irrecuperable de capital. También es riesgo invertir en una empresa con determinadas expectativas y comprobar posteriormente que esas expectativas no se cumplen.

Por ejemplo, si invertimos en una compañía pensando que va a generar 1.000 millones de free cash flow durante los próximos cinco años y finalmente genera únicamente 200 millones, probablemente exista una pérdida irrecuperable de capital, porque seguramente la valoración inicial que habíamos realizado de esa compañía era incorrecta y el mercado terminará ajustándola. Eso sí es riesgo para nosotros.

La volatilidad, en cambio, es algo con lo que tenemos que convivir y que debemos explicar a nuestros partícipes.

En cualquier caso, Baltia Global no ha sido históricamente un fondo particularmente volátil, precisamente porque está invertido en áreas sectoriales muy diferentes que, en muchas ocasiones, se amortiguan entre sí.

Por ejemplo, podemos tener una exposición elevada a energía y, al mismo tiempo, una exposición importante a *marketplaces* digitales o a inteligencia artificial. Eso hace que determinados movimientos de mercado se compensen parcialmente unos con otros. Evidentemente, no ocurre siempre, pero sí puede producir un cierto efecto amortiguador.

En cualquier caso, insisto: la volatilidad no es lo que más nos preocupa. Nos preocupan mucho más los resultados operativos de las empresas que tenemos en cartera, su capacidad de generar flujos de caja y la forma en que interactúan con los grandes movimientos estructurales del mercado.

Eso es lo que realmente nos importa. Un ejemplo que suelo poner es AMD. Pudimos comprar acciones por debajo de los 100 dólares.

También realizamos nuestra primera entrada en FTAI aproximadamente en torno a los 120 dólares por acción. Posteriormente llegó a cotizar alrededor de 310 dólares y después volvió a situarse en la zona de los 180. Hay muchísimo movimiento en los precios.

Pero lo cierto es que, durante este periodo, mientras las cotizaciones cambiaban de forma muy significativa, lo que hemos observado es que los negocios de las compañías han seguido evolucionando favorablemente.

Eso es lo que nos permite mantener la tranquilidad. Tenemos también una posición relevante dentro del upstream de oil and gas, Kosmos Energy.

Empezamos a comprar aproximadamente a 1,40 dólares por acción. Posteriormente llegó aproximadamente a los 2 dólares, después corrigió hasta unos 0,89 dólares y más tarde llegó a situarse por encima de los 3 dólares. Y estamos hablando de movimientos ocurridos en un periodo relativamente corto.

Eso es volatilidad de mercado. Tenemos que entender que forma parte de la naturaleza de los mercados.

No podemos aspirar a obtener rentabilidades extraordinarias si únicamente acudimos a valores que ya cotizan con niveles de valoración muy altos y que quizá presenten una mayor estabilidad, porque normalmente son compañías muy seguidas, sobre las que prácticamente todo el mercado tiene ya una opinión formada y hacia las que también se dirigen buena parte de los flujos de la inversión pasiva.

Si quieres invertir en empresas que se encuentran fuera de ese radar general y que potencialmente pueden generar rentabilidades extraordinarias con el paso del tiempo, probablemente tendrás que soportar niveles de volatilidad superiores.

Esa volatilidad puede equilibrarse de dos formas. Una es invertir en diferentes compañías dentro de una misma gran tendencia sectorial. La otra es combinar distintas industrias dentro del propio fondo para que unas posiciones puedan compensar parcialmente a otras.

Pero, en términos generales, insisto en la idea fundamental: la volatilidad no es algo que nos preocupe especialmente. Para nosotros, volatilidad no es sinónimo de riesgo. Y en ese punto sí nos alejamos de uno de los mantras más habituales de la industria financiera.