Javier Sanz explica que comenzó a invertir en 2007, cuando los primeros ingresos generados por su startup estaban depositados en un plazo fijo de ING Direct que ofrecía un 5% de rentabilidad. El descenso posterior de los tipos de interés le llevó a buscar alternativas en la renta variable: “Cuando ya estaba alrededor del 1%, busqué otras alternativas y fue la renta variable donde acabé desembarcando”.

Antes de dedicarse plenamente a la inversión, Sanz había emprendido en internet siendo muy joven. Relata que empezó “con 17 y 18 años” creando páginas web, primero una destinada a ligar y posteriormente una web tecnológica centrada en banda ancha y telefonía. Esa actividad terminó generándole más ingresos que su trabajo como fisioterapeuta en un hospital, lo que le llevó a abandonar completamente su profesión sanitaria. “Cuando empezó la página web a generarme más de lo que me daba el hospital, me dediqué en exclusiva a ello”.

Actualmente, asegura contar con cerca de medio millón de seguidores repartidos entre Instagram, TikTok y Twitter, utilizando especialmente Instagram como principal canal de captación para su negocio, Bolsazone. Según explica, ya han pasado más de 10.000 personas por sus servicios formativos y actualmente cuentan con unos 2.300 clientes activos. Su modelo se basa en formación bursátil y en un sistema de membresía donde comparte ideas de inversión y estrategias de gestión del riesgo. Destaca que el comportamiento de los clientes suele ser emocional y contrario a lo racional: “Cuando las bolsas suben, nos suben los clientes; cuando los mercados corrigen, nos bajan un poquito”. Añade además una de las frases más representativas de la conversación: “La gente entra por fomo, por el miedo a quedarse fuera”.

Sanz insiste repetidamente en la falta de educación financiera en España y considera que debería enseñarse desde edades tempranas. “Falta mucha cultura financiera en este país”, afirma, defendiendo que internet y las redes sociales han permitido divulgar conocimientos que antes no estaban al alcance de tanta gente. También subraya que dedica varias horas diarias a responder personalmente mensajes de seguidores, asegurando que puede recibir “200 o 300 personas como mínimo cada día”.

En cuanto a su metodología de inversión, explica que combina análisis técnico y análisis fundamental, aunque concede mucha importancia al momentum sectorial. Menciona sectores ligados a la inteligencia artificial, como semiconductores, memoria, centros de datos o fotónica, donde considera que todavía existe un enorme potencial de crecimiento. Resume esta visión con otra de las frases destacadas del diálogo: “Todo lo que tiene que ver con la IA y lo que necesita la IA no solo está en máximos sino que va a seguir subiendo”. También compara el auge actual de la inteligencia artificial con la fiebre del oro: “Los que realmente hacían dinero eran los que vendían los picos y las palas”.

La conversación profundiza, precisamente, en el sector de la fotónica, que Sanz describe como una tecnología destinada a acelerar la transmisión de datos mediante luz óptica para resolver los cuellos de botella de la IA. Reconoce además la necesidad constante de reciclaje profesional: “Hace seis meses me preguntabas qué era una acción de fotónica y no tenía ni idea. Ahora te puedo nombrar 20 empresas de fotónica”.

Otro de los aspectos centrales es su forma de comunicar en redes sociales. Sanz reivindica mostrar también sus pérdidas y no únicamente sus aciertos, diferenciándose de otros perfiles financieros. “Yo hace un mes cuando perdía 70.000 euros con Oracle o 40.000 euros con Netflix lo enseñaba”. Considera que esa transparencia es clave para generar confianza entre sus seguidores.

Al final de la entrevista, ofrece distintos consejos según la edad del público. A los jóvenes les recomienda formarse en profesiones que “no vayan a ser sustituidas por la IA” y apostar por la educación financiera. A los perfiles de entre 30 y 45 años les aconseja diversificar activos y mantenerse actualizados sobre inteligencia artificial. Y a las generaciones mayores les anima a perder el miedo al cambio y a seguir aprendiendo: “Nunca es tarde para seguir aprendiendo y para emprender y para hacer cosas nuevas”.