A finales de este primer trimestre de 2026, la evolución del conflicto en Oriente Medio ha pasado de ser una crisis geopolítica regional a convertirse en un rediseño forzoso de la economía global. Lo que comenzó como incidentes aislados en el Mar Rojo ha escalado hasta bloqueos intermitentes en el Estrecho de Ormuz, la arteria por la que transita el 20% del petróleo mundial. Esta situación ha obligado a los mercados financieros a abandonar la esperanza de un "shock temporal" para empezar a descontar una disrupción estructural. La consecuencia inmediata ha sido la reinstauración de una "prima de guerra" permanente en los activos, donde la seguridad del suministro prima ahora sobre la eficiencia de costes.
En el mercado de materias primas, la evolución ha sido fulminante. El petróleo Brent, que inició el año en niveles moderados, ha roto la barrera de los 120$ impulsado por el temor a un cierre total de las rutas del Golfo. Este encarecimiento energético ha actuado como un "impuesto a la producción" para metales industriales; el aluminio ha superado los 3.370$/tonelada, no solo por la cercanía de las fundiciones al conflicto, sino porque su producción es esencialmente "electricidad sólida", y la energía hoy es un bien de lujo.
Paralelamente, el acero y la pulpa de papel han visto cómo sus curvas de precios se empinaban un 15% este mes, reflejando tanto el aumento del gas natural como la escasez de chatarra y madera por el colapso de las rutas marítimas tradicionales.
Desde el punto de vista logístico y financiero, el impacto más profundo se observa en el "desacoplamiento de los fletes". Al verse obligada la flota mundial a bordear el Cabo de Buena Esperanza, la demanda de barcos se ha multiplicado, llevando los precios de transporte de LNG a máximos históricos de 150.000$/día. A lo largo del mes de marzo de 2026, el Baltic Dry Index (BDI), que monitoriza las tarifas de los buques que transportan materias primas sólidas, ha experimentado una volatilidad extrema debido a la reconfiguración de las rutas globales, acumulando una subida neta mensual del 9,5%. El índice Capesize, que transporta cargamentos de 150.000 toneladas de mineral de hierro y carbón, ha sido el más afectado por la crisis, cerrando marzo con un avance acumulado del 24% tras dispararse por la mayor duración de los trayectos.
Financieramente, esto ha generado un escenario de estanflación industrial: los costes de producción suben mientras las perspectivas de crecimiento se enfrían. Los inversores han rotado agresivamente hacia sectores defensivos y materias primas físicas, mientras que las empresas del Mercado Continuo español con alta dependencia energética o logística enfrentan una revisión a la baja de sus valoraciones, marcando este cierre de marzo de 2026 como uno de los periodos más desafiantes para la gestión de márgenes de la última década.
SÍNTESIS DE CANALES DE TRANSMISIÓN DEL CONFLICTO A LA ECONOMÍA REAL
El impacto se transmite, en primer lugar, por la vía energética: con el barril de Brent consolidado en los 120$ y el gas natural TTF al alza, el "suelo" de producción para cualquier industria electro-intensiva se ha elevado drásticamente.
En segundo lugar, la vía logística ha impuesto un "contango" en los fletes; el desvío por el Cabo de Buena Esperanza añade hasta 15 días de navegación, lo que no solo encarece el combustible, sino que mantiene los fletes de gas (LNG) por encima de los 150.000$/día debido a la falta de barcos disponibles.
Finalmente, el suministro directo de aluminio está en jaque, dado que Oriente Medio genera el 10% del total mundial y España depende de esa región para el 32% de sus importaciones, lo que ha disparado las primas físicas por encima de la cotización oficial del LME, que ya supera los 3.370$/tonelada.
IMPACTO DE LA VOLATILIDAD EN MATERIAS PRIMAS EN LAS EMPRESAS DEL MERCADO CONTINUO
El escenario para las acereras del Mercado Continuo, como Acerinox, ArcelorMittal y Aperam, es paradójicamente positivo en el corto plazo. El encarecimiento del acero y del níquel permite a estas compañías revalorizar sus inventarios de forma inmediata y aplicar subidas de precios a sus clientes finales, aprovechando que la competencia asiática está "bloqueada" por los altos costes de transporte.
En una línea similar de resiliencia encontramos a los fabricantes de tubos, Tubacex y Tubos Reunidos, que ven cómo el petróleo a 120$ reactiva las inversiones en exploración y producción de gas y crudo, disparando sus carteras de pedidos en un momento de máxima necesidad de soberanía energética en Occidente. Técnicas Reunidas también se beneficia de este ciclo inversor en infraestructuras de Oil & Gas, aunque con la cautela necesaria por su exposición operativa directa en proyectos dentro de las zonas de conflicto.
En el lado opuesto, el sector papelero representado por Ence e Iberpapel sufre impacto en márgenes: por un lado, el coste del gas para sus plantas de celulosa se ha disparado (con la excepción de ENCE que es prácticamente autosuficiente en energía) y, por otro, el encarecimiento de los productos químicos derivados del petróleo y los fletes de exportación lastran su competitividad internacional. Este castigo por costes de materias primas se traslada también a las auxiliares del automóvil como Gestamp y CIE Automotive, que deben absorber las subidas del aluminio y el acero mientras sus clientes (los fabricantes de coches) recortan márgenes por el miedo a una caída del consumo.
Incluso en el sector servicios, gigantes como IAG se ven doblemente afectados: el queroseno es ahora un lastre para sus beneficios y las rutas hacia Asia son más largas y costosas al tener que evitar el espacio aéreo en conflicto.
Por último, constructoras con fuerte sesgo industrial como ACS o FCC enfrentan presupuestos de obra más rígidos debido al encarecimiento del cemento y el asfalto, ambos sectores críticos en consumo de energía y derivados del crudo.
CONCLUSIONES Y PERSPECTIVAS ANTE LA INESTABILIDAD GEOPOLÍTICA
El mercado está descontando que este escenario de costes elevados no remitirá en lo que queda de 2026. La diferencia entre el éxito y el fracaso financiero este año vendrá determinada por la capacidad de las empresas para trasladar costes (pricing power) y por la solidez de sus balances. Aquellas compañías con caja neta y contratos de suministro a largo plazo están logrando captar cuota de mercado de competidores más débiles que no pueden soportar las primas físicas de las materias primas. La gran amenaza para la segunda mitad del año es que esta inflación de costes industriales acabe derivando en una destrucción de la demanda final; si el consumo se frena mientras el crudo sigue en los 120$, el Mercado Continuo entrará en una fase de revisión de beneficios a la baja, a excepción de los sectores energéticos y siderúrgicos que actúan como refugios naturales en este contexto bélico y logístico.
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