Al parecer, este dicho originalmente en inglés (Picking up pennies in front of a steamroller) se forjó, sin una autoría clara, en la Bolsa de materias primas de Chicago. Aunque fue el economista y matemático Nassim Nicholas Taleb (Amioun, Líbano, 1960) el que la popularizó. Este estudioso ha dedicado su vida a investigar las reglas y la lógica de la suerte, la incertidumbre, la probabilidad y el saber. Como matemático empírico y analista del comportamiento económico de los seres humanos, trabajó durante 21 años como gestor de hedge funds y trader de productos derivados. En esta línea de pensamiento publicó un libro titulado “Cisne negro: cómo lo impredecible define el mundo”.
Los gobernantes actuales, con Donald Trump a la cabeza, están respaldando continuamente lo impredecible de nuestro mundo actual. Mercados y política van de la mano para hacerlo todo un poco más complicado. Volviendo a la célebre frase, la situación de los mercados financieros está cerca de esa imagen de alguien recogiendo monedas mientras avanza una apisonadora a paso lento y firme. Sin duda, coger las monedas resulta atractivo (aunque tengan un valor escaso), frente al riesgo de verse atrapado por la apisonadora que ponga no solo fin a las monedas, sino que merme sustancialmente el patrimonio del inversor.
Septiembre y octubre son meses temidos por los cracs sufridos a lo largo de la historia de los mercados financieros, y no faltan inversores y analistas que están convencidos de que se avecina una corrección importante en el mundo de las acciones. La razón no es otra que una valoración de los mercados en la zona alta respecto a su media histórica. Los beneficios empresariales respaldan estos precios, pero empiezan a apreciarse alarmas derivadas de unos tipos de interés al alza que reduzcan esas ganancias empresariales por el incremento del coste de financiación. El precio del petróleo es otro factor de notable riesgo, por su efecto inflacionista para las empresas y el conjunto de la economía.
De momento, las Bolsas con un agosto bastante lateral en sus índices, contrarresta estos temores con un auge de la Inteligencia Artificial que permita aumentar la competitividad empresarial y también los beneficios. Confía en la resolución más pronto que tarde del conflicto en Oriente Medio que provocaría un desplome en los precios del crudo y de la inflación, lo que permitiría relajar la tensión monetaria.
Pero la foto actual es la del inversor que recoge con cierta comodidad las monedas delante de la apisonadora. En el caso de la deuda, no faltan analistas que consideran que los tipos alcanzados por el bono estadounidense a 10 años en el 4,8% suponen un nivel más que atractivo para adquirirlos en el mercado y mantenerlos hasta su vencimiento. Una reflexión interesante que tropieza con la expectativa de que sigan subiendo, por lo que el inversor se perdería un tipo aún mayor y tendría unas minusvalías latentes en el precio del bono. Por ejemplo, el experto Juan Ignacio Crespo considera que esta referencia mundial de la renta fija alcanzará el 5,25%.
El inversor se encuentra en esta curiosa tesitura de mantener sus posiciones, aunque la bolsa siga plana y el mercado de bonos amenace con más subidas, o retirarse a productos muy seguros y alejar la amenaza de esa apisonadora dispuesta a dar sustos este otoño. Los temores parecen controlados si las grandes variables macroeconómicas resisten los envites del crudo y la inflación, por lo que cualquier recorte serviría para volver al riesgo con renovadas expectativas de ganancia. Incertidumbre en estado puro con la apisonadora amenazando a un inversor que siga confiado recogiendo su moneditas. ¿Ha llegado ya el momento de temer a la apisonadora?