Hoy me he levantado poeta y pensaba en el mar o en un río. Si miramos la superficie veremos los tipos de los bancos centrales. Pero lo que arrastra a peces, embarcaciones, corrientes, sedimentos y es mucho más influyente para la vida acuática son los intereses reales. No se ven tan a simple vista, pero son mucho más determinantes.
En realidad, el tipo de interés real no es más que la diferencia entre el tipo de interés nominal y la inflación. Y de forma más sencilla todavía, son lo que de verdad ganamos o perdemos por prestar nuestro dinero. Si el banco me da un 3% por un depósito, pero los precios suben un 4%, mi rentabilidad real es de -1%. He perdido poder adquisitivo. El tipo de interés real está en negativo.
En la práctica, este dato es clave. Cuando el tipo real es muy bajo o negativo, estamos premiando el consumo presente frente al ahorro. ¿Quién quiere dejar dinero si encima voy a tener que pagar por prestarlo? Es la antinatura que vimos en la década pasada. Alquilo mi casa y además pago al inquilino en vez de pagarme él a mí. En cambio, cuando es alto y positivo, estamos incentivando el ahorro, la inversión y penalizando el despilfarro. Quizá hay que batir a una inflación mayor.
Fuente: Carlos Arenas Laorga
Y ahora lo uno con el título. ¿Qué tiene que ver esto con el oro? Pues resulta que mucho. El oro no da dividendos ni intereses, y por eso suele comportarse como un espejo del tipo real a 10 años. Al menos así lo ha venido haciendo hasta 2022. Cuando los tipos reales caen (por bajadas nominales o repuntes de inflación), el oro tiende a subir porque si los bonos no me dan rentabilidad real (o la pierden por una inflación esperada muy elevada), mejor tener un activo que conserva valor y no depende de la promesa de pago de nadie. ¿Te suena de algo a lo que está pasando con la deuda a largo plazo de gobiernos como EE.UU., Reino Unido, Francia, Alemania, etc.? ¿Te suena lo que está pasando con el precio del oro?
Lo que el mercado piensa es que van a seguir aumentando deuda, por lo que el dinero fiat va a valer menos, es decir, habrá inflación. O, al menos, va a desembocar en una recesión que hará que los bancos centrales bajen tipos y repunte la inflación. Quizá más lo primero que lo segundo. Pero, en cualquier caso, inflación no baja. Y pérdida de credibilidad en el dinero fiduciario. Tipos a largo repuntan, tipos reales a la baja y el oro sube. Blanco y en botella.
Cada vez que los tipos reales caen de forma prolongada, el oro ha vivido fuertes revalorizaciones. En cambio, cuando los tipos reales repuntan el oro tiende a estabilizarse o incluso a corregir. Salvo desde mediados de 2022.
Fuente: Carlos Arenas Laorga
Por explicarlo de otro modo. Imaginemos que tenemos dos opciones: un bono del Tesoro que me da un 5%, con inflación al 4% (tipo real = +1%), o comprar oro. El bono me renta algo real. Pero si la inflación sube al 6% y el bono se queda al 5%, el tipo real pasa a ser -1%. Entonces, el oro empieza a relucir más. No porque suba el oro por sí mismo, sino porque todo lo demás pierde atractivo. Y si, como sucede ahora, el oro es más demandado… Pues otro motivo de subida, como hemos explicado en anteriores artículos.
Por eso, cuando se teme un rebrote de inflación, los inversores vuelven la vista hacia el oro. Es la cobertura clásica cuando las expectativas de tipos reales caen. Aunque oro e inflación no estén directamente relacionados, sino a través de los intereses reales.
Aquí entra en juego otra pieza clave: la TIR o rentabilidad exigida de los bonos a largo plazo (especialmente los soberanos, como los bonos americanos a 10 o 30 años). Si la inflación esperada sube y los tipos reales bajan, esa TIR tiende a subir, exigiendo más por mantener deuda a largo plazo. Como ves, cerramos el círculo.
Esto tiene un impacto directo sobre la deuda soberana a largo plazo. En 2022 lo vimos de forma brutal: el repunte de inflación y la subida de tipos hizo que los bonos perdieran valor y los fondos con duraciones largas sufrieran caídas históricas. Es más, ahora muchos fondos de deuda soberana de largo plazo han empezado a atraer flujos en los últimos trimestres. La combinación de rentabilidades cercanas al 4%–5% nominal, inflación en descenso y menor incertidumbre sobre tipos reales hace que los inversores empiecen a ver una oportunidad. Eso sí, como la mayor parte del mercado tenga razón, ojo con la deuda a largo plazo que puede seguir repuntando y hacer perder mucho dinero a estos inversores.
Si uno cree que la inflación va a repuntar y que los bancos centrales no van a reaccionar con dureza, el oro puede seguir siendo un activo en el que estar. Pero si el escenario base es de inflación controlada y tipos reales estabilizados en torno al 1%, la renta fija a largo plazo vuelve a ser atractiva.
Espero que te haya servido para entender un poco estas relaciones tan interesantes que nos indican lo que piensa el mercado y por qué están tan relacionadas estas variables.
Los intereses reales marcan si estamos en un entorno que recompensa el ahorro o lo castiga. Cuando el tipo real está muy bajo, cuidado con quedarse quieto. El dinero suele perder mucho valor (más de lo habitual, me refiero). Y si el tipo real es alto, la renta fija podría darte más alegrías.
El dinero no duerme. Pero los intereses reales sí nos indican si es mejor tenerlo en ciertos activos o más escondido en forma de lingotes de oro.