En un entorno marcado por las tensiones geopolíticas, las dudas sobre la inflación y la volatilidad de los mercados, ¿qué estrategia debería seguir el inversor de cara a la recta final de 2026? ¿Dónde estáis viendo las mayores oportunidades y qué activos convendría evitar?
Consideramos que nos encontramos en una fase del ciclo económico en la que resulta más determinante realizar una rigurosa selección de activos que intentar anticipar la dirección general de los mercados. Si bien las economías globales han mostrado una notable resiliencia durante los últimos trimestres, persisten desequilibrios relevantes: una inflación elevada que se resiste a remitir, tensiones geopolíticas y valoraciones excesivas en determinados segmentos. Aunque no prevemos un escenario de recesión global inminente, este entorno desaconseja incrementar el riesgo de manera indiscriminada en las carteras.
En cuanto a posicionamiento, nuestra estrategia se orienta a profundizar la diversificación geográfica, sectorial y por clases de activo. En renta variable, priorizamos compañías con solidez de balance, escaso apalancamiento, liderazgo en sus respectivos mercados, generación recurrente de flujo de caja y capacidad de fijación de precios para trasladar la inflación a sus tarifas finales. Mostramos preferencia por activos de infraestructuras vinculados a la electrificación, ciertas compañías industriales y servicios esenciales. Asimismo, encontramos valor en pequeñas y medianas empresas (small & mid caps) en segmentos apartados del furor en torno a la inteligencia artificial, mientras que evitamos emisores con endeudamiento elevado o múltiplos excesivamente exigentes.
En momentos de incertidumbre, gana atractivo la inversión en empresas con ventajas competitivas duraderas, los llamados fosos defensivos. ¿Qué características debe reunir una compañía para considerar que tiene un verdadero foso defensivo y qué sectores o empresas ofrecen actualmente las mejores oportunidades bajo esta filosofía de inversión?
Definimos un foso defensivo (economic moat) por la existencia de ventajas competitivas sostenibles, capaces de preservar la rentabilidad del negocio y generar valor a lo largo de las distintas fases del ciclo económico. No basta con ostentar liderazgo de mercado; ese posicionamiento debe traducirse en la capacidad de defender los márgenes operativos, obtener un retorno atractivo sobre el capital invertido y generar caja de forma recurrente.
Los atributos fundamentales para identificar estas compañías son: barreras de entrada significativas en sus sectores, elevados costes de cambio o sustitución (switching costs) para los clientes, poder de fijación de precios (pricing power), balances desapalancados y sólida generación de caja. En la coyuntura actual, resulta prioritario que las empresas puedan blindar sus márgenes frente al encarecimiento de su estructura de costes, que comprende no solo los gastos financieros, sino también la energía y los salarios. A nivel sectorial, esto refuerza el atractivo de las infraestructuras reguladas, el sector salud y aquellas firmas industriales con capacidad demostrada para indexar o repercutir costes.
La inteligencia artificial sigue concentrando buena parte de la atención de los inversores, pero también crecen las advertencias sobre las elevadas valoraciones de algunas compañías. ¿Consideráis que todavía hay recorrido en el sector tecnológico o estamos ante un momento en el que conviene buscar oportunidades en otros segmentos del mercado?
La inteligencia artificial constituye un catalizador de transformación estructural incuestionable, probablemente uno de los hitos más relevantes de las últimas décadas en modelos de negocio, productividad y competitividad empresarial. No obstante, es indispensable diferenciar la disrupción tecnológica de las expectativas de rentabilidad del capital invertido.
Se están acometiendo cuantiosos compromisos de inversión de capital (Capex) en centros de datos, computación e infraestructuras específicas. La clave reside en qué firmas lograrán rentabilizar efectivamente tales desembolsos y erigirse como vencedoras a largo plazo. El mercado ya empieza a discriminar entre modelos de negocio consolidados con capacidad de generar caja suficiente para autofinanciar sus inversiones y proyectos que dependen de financiación externa continua. Por ello, nuestro posicionamiento no se centra en los proveedores directos de inteligencia artificial, sino en sus beneficiarios indirectos: redes eléctricas, electrificación, transición energética e industriales capacitadas para integrar la tecnología y optimizar su eficiencia operativa.
Con los bancos centrales pendientes de la evolución de los precios y del crecimiento económico, ¿qué escenario manejáis para los tipos de interés en los próximos meses? ¿Sigue siendo la renta fija una alternativa atractiva o creéis que la renta variable ofrece un mayor potencial?
El entorno actual presenta una ruptura respecto a ejercicios pasados: los inversores ya no deben asumir que los bancos centrales acudirán al rescate del mercado mediante relajaciones agresivas de tipos de interés. Aunque la economía resiste, subyace una presión inflacionista latente impulsada por los costes energéticos, lo que restringe el margen de los bancos centrales y apunta a un periodo prolongado de tipos altos (higher for longer).
Esta dinámica se observa claramente en Estados Unidos, donde conviven un déficit fiscal elevado, cuantiosas emisiones del Tesoro y mayores costes de financiación, lo que ejerce presión alcista sobre las rentabilidades de la deuda soberana en los tramos largos de la curva. Por tanto, la estrategia exige una gestión activa de la duración y una selección rigurosa de emisores de alta calidad crediticia. Tras los ajustes recientes, se abren oportunidades atractivas en renta fija, particularmente en los tramos cortos y medios, idóneos para complementar las carteras y amortiguar la volatilidad procedente de la renta variable.
Los activos alternativos, especialmente los mercados privados y los fondos de secundarios, están ganando protagonismo en las carteras institucionales. ¿Qué papel deberían desempeñar en el contexto actual y qué ventajas ofrecen frente a las inversiones tradicionales, teniendo en cuenta sus riesgos de liquidez?
Los mercados alternativos o activos privados continúan incrementando su ponderación tanto en carteras institucionales como en grandes patrimonios. Constituyen una fuente de diversificación estratégica frente a los mercados cotizados tradicionales, brindando exposición a la economía real y acceso a retornos atractivos no disponibles en el ámbito público.
Al tratarse de un universo heterogéneo que engloba capital privado (private equity), deuda privada e infraestructuras, la selección debe ser exhaustiva. En el mercado primario resulta imprescindible estructurar la inversión considerando horizontes temporales de medio a largo plazo y una estricta planificación de la liquidez. Por su parte, el mercado secundario aporta ventajas diferenciales: permite mitigar o eludir la denominada curva J, acelerar la fase de distribuciones de caja y obtener mayor visibilidad sobre la maduración de los activos. Lejos de competir con los activos cotizados, los mercados alternativos funcionan como un complemento idóneo para fortalecer la arquitectura global de una cartera.