Aspectos como el suelo pélvico, los cambios tras el parto o las consecuencias de la menopausia ya no se limitan al ámbito privado, sino que se abordan cada vez más desde una perspectiva médica, preventiva y de bienestar integral.
Según explica la Dra. Gema García Gálvez, jefa de la Unidad Salud en Femenino de Olympia Quirónsalud, “todo lo relativo al área genital es también salud”, una afirmación que resume la necesidad de visibilizar y tratar de forma adecuada patologías y molestias que afectan directamente a la calidad de vida de millones de mujeres.
A lo largo de las distintas etapas vitales, el cuerpo femenino experimenta cambios que también se reflejan en la zona íntima. La pérdida de elasticidad, hidratación o firmeza de los tejidos es un proceso natural, pero puede verse acentuado por factores como los partos vaginales o la disminución hormonal durante la menopausia. “Los genitales externos pierden tersura, elasticidad e hidratación, lo que puede generar sequedad, sensibilidad al roce o molestias localizadas, especialmente si existen cicatrices derivadas del parto”, explica la especialista.
Uno de los problemas más relevantes, y todavía poco diagnosticado, es el síndrome genitourinario de la menopausia. Esta condición, derivada del descenso de estrógenos, puede provocar síntomas urinarios como urgencia o infecciones recurrentes, así como sequedad, fragilidad e hipersensibilidad genital. “Tiene una afectación directa en la vida personal y sexual de las mujeres, pero sigue estando infratratado”, advierte la doctora.
En consulta, las preocupaciones varían según la edad, pero comparten un denominador común: el impacto en el bienestar físico y emocional. En mujeres jóvenes, las alteraciones en la anatomía genital pueden afectar a la autoestima; tras el parto, la hiperlaxitud vulvovaginal puede provocar sensación de peso o insatisfacción sexual; y durante la menopausia, el dolor en las relaciones sexuales —o dispareunia— se convierte en uno de los motivos más frecuentes de consulta.
Pese a ello, muchas mujeres siguen normalizando síntomas como la sequedad vaginal o las molestias durante las relaciones. “Las relaciones sexuales no deben doler. Cuando el malestar se repite y afecta a la satisfacción, es momento de consultar con un especialista”, subraya la Dra. García Gálvez.
En este sentido, el abordaje médico ha evolucionado hacia tratamientos cada vez más personalizados que combinan prevención, diagnóstico precoz y terapias innovadoras. “Son tratamientos que permiten mejorar síntomas y calidad de vida, aunque en algunos casos requieren mantenimiento o una valoración individualizada”, explica la experta. En situaciones más avanzadas, también existen opciones quirúrgicas reconstructivas, como la vaginoplastia o la labioplastia, siempre bajo una indicación médica adecuada y una decisión compartida con la paciente.
Más allá de los tratamientos, la prevención y el autocuidado juegan un papel fundamental. La ginecóloga insiste en la importancia del autoconocimiento y de integrar el cuidado íntimo en la rutina diaria. “Es importante conocer la propia anatomía desde la juventud para identificar cambios. La zona íntima debe cuidarse con la misma atención que la piel del rostro, especialmente en etapas como el posparto o la perimenopausia”, señala.
El reto ahora es romper los tabúes. “Siempre que haya molestias, dolor o cambios que afecten al bienestar o a la vida sexual, es fundamental consultar”, concluye la Dra. Gema García Gálvez.