
El 2026 empezó con un regusto positivo del 2025 y con altas expectativas. ¿La realidad? Volatilidad e incertidumbre. Dos conceptos, dos situaciones, que han llegado para instalarse en la vida del inversor.
Los mercados financieros, ahora, muestran un panorama caracterizado por la volatilidad, y es que, la recuperación tras un marzo difícil y una creciente dependencia de la tecnología y la inteligencia artificial, mantiene en vilo a los inversores sobre una posible recesión en EEUU.
A pesar de la incertidumbre, las acciones estadounidenses han mostrado resistencia, los resultados empresariales están siendo muy buenos, y sin embargo, la volatilidad es alta debido a las elevadas valoraciones, una guerra que no termina y una inflación pegajosa.
Y todo esto, es un cocktail perfecto para una toma de decisiones de inversión erróneas. Pero el problema no suele ser el entorno. El problema suele ser la psicología humana y nuestra mente primitiva.

Aquí, el problema viene de mucho antes, tal y como señala Ernesto Revello, economista y analista independiente: “La mayoría de los inversores creen que los grandes errores en bolsa ocurren cuando el mercado cae. Pero la realidad es más incómoda: los peores errores suelen cometerse antes, durante y después de los momentos de máxima incertidumbre”. Y añade que la historia financiera está llena de ejemplos como “en octubre de 2002 donde la gran mayoría liquidó sus posiciones por el pánico de la burbuja de las puntocom con pérdidas acumuladas de hasta 78% desde máximos para el Nasdaq. En 2008, millones de personas vendieron sus inversiones cerca de los mínimos tras la quiebra de Lehman Brothers. En marzo de 2020, durante el pánico del COVID-19, el S&P 500 cayó más de un 30% en apenas semanas. Y en 2022, muchos inversores abandonaron posiciones por miedo a la inflación y a las subidas de tipos justo antes de algunos de los mayores rebotes tecnológicos de la década”.
Por lo que hay que tener en cuenta siempre que los riesgos siempre están y lo que cambia en cómo afectan en tu cartera, es cómo tú los afrontes.
Los 3 errores emocionales más comunes
Aquí Ernesto Revello lo tiene claro: FOMO, falsa seguridad y falta de estrategia.
1. La capitulación emocional ante el ruido mediático: El mayor enemigo no es la volatilidad del mercado, sino la reactividad impulsiva. El inversor promedio tiende a operar bajo el influjo del FOMO (Fear of Missing Out) en periodos de euforia y del FUD (Fear, Uncertainty, and Doubt) en momentos de crisis.

La consecuencia estadística: Mientras el S&P500 ofrece retornos históricos cercanos al 10%, el inversor emocional apenas captura un 3% anual. Esta brecha de rentabilidad es el "impuesto" que se paga por intentar cronometrar el mercado basándose en titulares alarmistas en lugar de en probabilidades.
2. Falsa seguridad en la liquidez y bonos tradicionales: Un error conceptual profundo es confundir la ausencia de volatilidad con la seguridad del capital. Refugiarse exclusivamente en efectivo o en bonos del Tesoro a largo plazo puede ser una estrategia de destrucción lenta de patrimonio.

El riesgo invisible: La inflación erosiona el poder adquisitivo de los fondos monetarios con rendimientos bajos.
La paradoja de los bonos: Los bonos del Tesoro de EEUU a 20 años han sufrido caídas superiores al 30%, demostrando que activos considerados "seguros" pueden comportarse de forma tan volátil como las acciones, pero sin su potencial de recuperación.
3. Ausencia de una estrategia "Antifrágil" y diversificación real: El tercer error es la falta de planificación previa al caos. La mayoría de los inversores intentan diseñar su gestión de riesgos cuando el mercado ya está colapsando, lo cual es ineficaz.

Falta de diversificación geográfica y de activos: Hay una dependencia excesiva de un solo índice, como el S&P500, o país. Una cartera vulnerable es aquella que no integra activos reales, materias primas u otras regiones, como mercados emergentes, que pueden desvincularse del ciclo económico estadounidense.
Definición de reglas: El error reside en no tener un plan escrito que determine de antemano cómo actuar ante una caída del 20% o cuánta liquidez se necesita para no verse obligado a vender en el peor momento.
¿Cómo podemos paliar estos errores?
La inestabilidad es una constante sistémica, no una excepción. Esperar el “momento perfecto” para diversificar suele convertirse en una excusa permanente para no construir un patrimonio antifrágil. Pero, ¿cómo podemos conseguir esa disciplina necesaria y evitar los errores? Ernesto Revello, economista y analista independiente nos da las claves:
- Reducir el consumo constante de noticias financieras alarmistas.
- Tener un plan de inversión escrito.
- Invertir de forma periódica y automatizada.
- Diversificar verdaderamente la cartera.
- Mantener liquidez suficiente para evitar vender activos por necesidad y usar renta fija de calidad.
- Pensar en horizontes de 5, 10 o 15 años, no en titulares semanales.
- Recordar que las grandes caídas históricas también han generado grandes oportunidades de comprar muy barato.
Al final, hay que aprender que las mejores oportunidades a largo plazo surgen de momentos donde no todo es color de rosa; y como señala Ernesto Revello: “La antifragilidad financiera no significa adivinar el futuro. Significa construir una estructura capaz de soportar incertidumbre, volatilidad y caos sin destruirnos emocional ni financieramente”.
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