iCapital está defendiendo más peso en Europa y emergentes y cierta reducción de la exposición a las grandes tecnológicas estadounidenses. Si hoy tuvieras que hacer un movimiento claro en una cartera, ¿qué venderías y qué comprarías con ese dinero? ¿Hasta dónde te atreverías a reducir Estados Unidos?

Desde hace algún tiempo estamos fuera de las grandes tecnológicas americanas. Nos gustan más las pequeñas compañías de ese país; las grandes han subido mucho y están caras, aunque siguen generando bastante dinero.

Si tuviera que redistribuir capital fuera de Estados Unidos dentro de la renta variable, me iría a países emergentes, que es donde realmente se encuentra el crecimiento.

En cuanto al peso de Estados Unidos, hay que tener en cuenta que pondera mucho en los índices. Infraponderarlo supone, a lo mejor, no superar el 50% de la parte de renta variable en cartera, o incluso un poco menos. Sin embargo, en Estados Unidos siempre hay que mantener posición, ya que es el mercado director.

Después de tantos años asesorando a grandes patrimonios, ¿qué error estás viendo repetirse más ahora mismo entre los inversores: demasiado dinero parado, exceso de inmobiliario, demasiada exposición a Bolsa estadounidense, productos demasiado complejos…? ¿Cuál te preocupa más?

Históricamente, en España existe un exceso de patrimonio inmobiliario en las carteras de los clientes. Uno de los problemas actuales es ir corriendo detrás de los precios por el miedo a quedarse fuera.

Nosotros creemos en definir una estrategia clara de asset allocation, mantenerla en el tiempo y ajustarnos a ella, más que en seguir modas o perseguir precios. Lo idóneo es mantener esa estrategia principal a largo plazo y realizar únicamente pequeños ajustes, sin desviarnos del plan inicial.

La renta fija vuelve a ofrecer rentabilidades que hace unos años parecían impensables. Para un inversor que quiera ganar dinero con bonos y no simplemente “aparcar” el capital, ¿dónde asumirías riesgo hoy: duración, crédito, high yield, emergentes…? ¿Y qué parte de la renta fija no tocarías ahora mismo?

Hoy en día, el binomio rentabilidad-riesgo más atractivo se encuentra probablemente en la deuda de países emergentes. Obviamente, no podemos concentrar toda la cartera ahí, pero en países que han hecho sus deberes en materia fiscal y cuentan con buenos ratings, no tendría miedo de invertir, ya que ofrecen una buena remuneración.

Por otro lado, con las subidas de tipos de interés, los bonos flotantes son una parte interesante de la renta fija, ya que renuevan sus cupones o pagos periódicos según la evolución del Euríbor, ofreciendo una alternativa atractiva sin asumir demasiado riesgo.

Finalmente, si la economía sigue aguantando con brío, lo que evita que los bancos tengan que realizar grandes dotaciones por morosidad, resulta atractiva la deuda en entidades financieras, concretamente en la parte más cercana al capital (los llamados CoCos y bonos convertibles). Pagan rentabilidades elevadas. Su principal riesgo radica en una recesión o aumento de la morosidad que obligue a convertir esa deuda en capital; pero si la economía se mantiene fuerte, son inversiones interesantes con bajo riesgo relativo.

Cada vez se habla más de democratizar el private equity y los mercados privados. ¿Crees que se están vendiendo inversiones ilíquidas a clientes que realmente no deberían tenerlas? ¿A partir de qué patrimonio y con qué porcentaje de la cartera te sentirías cómodo recomendándolas?

Las inversiones complejas ya se han democratizado. Las grandes entidades han buscado fórmulas para hacer llegar al pequeño ahorrador activos que antes estaban reservados a altos patrimonios, empaquetándolos en fondos de inversión libre (aprovechando la fiscalidad) o mediante seguros de vida tipo Unit Linked.

Mi visión personal es que las inversiones complejas e ilíquidas deben estar destinadas a inversores cualificados y deben explicarse con rigurosidad para garantizar su idoneidad. Al ser ilíquidas, se intercambia liquidez por rentabilidad, pero se trata de compromisos a muy largo plazo (a menudo superiores a los 10 años).

Respecto al porcentaje de asignación en cartera:

  • Grandes inversores o fundaciones (inversión intergeneracional): suelen destinar porcentajes superiores al 30% de su cartera a este tipo de activos.
  • Patrimonios medios: deberían mantener exposiciones inferiores, situadas entre el 10%, 15% o 20%, según la cuantía gestionada.

En cuanto al patrimonio mínimo necesario, considerando los mínimos de entrada (tickets) y la necesidad de diversificar, se requeriría un patrimonio global no inferior a 2 o 3 millones de euros para poder destinar, por ejemplo, entre 300.000 y 600.000 euros a este tipo de inversiones.

Has vivido durante muchos años la banca privada tradicional y ahora trabajas desde un modelo de asesoramiento independiente. En este sentido, ¿qué práctica habitual de la banca privada crees que perjudica más al cliente? ¿Hay algún tipo de producto que veas con frecuencia en las carteras y que tú preferirías no recomendar?

Después de estar más de 25 años en banca privada dentro de grandes entidades, te diría que lo peor son las campañas comerciales. Es decir, productos que el banco compra masivamente y luego necesita repartir entre sus clientes en un periodo prudencial de tiempo. Ese es, probablemente, el mayor inconveniente de la banca privada: las campañas comerciales agresivas.

Dentro de estas campañas, el producto estrella suele ser aquel que genera comisiones upfront (a la venta del producto), como los productos estructurados o los seguros de inversión. A día de hoy, ninguno de mis clientes tiene eso en cartera. Asimismo, todo lo que vende la banca masivamente bajo la etiqueta de «producto garantizado» suele dejar elevadas comisiones a la entidad y muy poca rentabilidad al inversor final.