Adoptar hábitos de alimentación saludables puede marcar la diferencia en el camino hacia la maternidad y la paternidad. Así lo subraya Beatriz Santamaría Jaramillo, dietista-nutricionista inmunóloga de Ruber Internacional Centro Médico Habana, quien destaca el papel de la nutrición inmunomoduladora como una pieza clave en el abordaje integral de la infertilidad.

“La dieta es un factor modificable que permite a las parejas ser sujetos activos en su tratamiento de fertilidad. No solo aporta nutrientes, sino que regula el sistema inmunitario y reduce la inflamación, dos procesos directamente implicados en la capacidad reproductiva”, explica Santamaría.

La evidencia científica muestra que los patrones dietéticos de alta calidad, como la dieta mediterránea o las dietas antiinflamatorias, se asocian con una mayor fecundabilidad y mejores tasas de embarazo clínico y nacimiento vivo, tanto en concepción natural como en tratamientos de reproducción asistida.

“Sabemos que las mujeres que siguen una alimentación saludable en la etapa preconcepcional presentan menos problemas de fertilidad, y este efecto se observa también en los hombres, con una mejora significativa en la calidad del semen”, señala la especialista del equipo de la Dra. Silvia Sánchez Ramón, jefa del Servicio de Inmunología Clínica del Hospital Ruber Internacional.

Estos patrones se caracterizan por un alto consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado y aceite de oliva, y una baja ingesta de ultraprocesados, carnes rojas y grasas trans. En el extremo opuesto se sitúa la denominada Western Diet, asociada a un mayor riesgo de infertilidad tanto femenina como masculina.

La dieta como moduladora del sistema inmunitario

Aunque los mecanismos exactos aún se investigan, uno de los principales vínculos entre alimentación y fertilidad parece ser la inflamación crónica de bajo grado, implicada en alteraciones de la ovulación, la calidad de los gametos y la implantación embrionaria.

“Hoy sabemos que lo que tradicionalmente llamábamos ‘dieta saludable’ tiene un profundo efecto inmunomodulador. Reducir la inflamación sistémica es clave para optimizar la función ovárica y crear un entorno adecuado para la implantación”, afirma Santamaría.

Un metaanálisis publicado en 2025, con más de 17.000 participantes, confirmó que las mujeres que siguen patrones dietéticos más antiinflamatorios presentan significativamente menos problemas de fertilidad que aquellas con dietas proinflamatorias. En este contexto, la dieta mediterránea se consolida como el modelo con mayor evidencia científica.

Menos complicaciones durante el embarazo

Los beneficios de una alimentación antiinflamatoria no se limitan a la concepción. Durante la gestación, este tipo de dieta se asocia con un menor riesgo de complicaciones obstétricas graves como la preeclampsia, la diabetes gestacional o el parto pretérmino.

“Estas complicaciones comparten un denominador común: una respuesta inmunitaria alterada. La dieta puede ayudar a modularla y favorecer un embarazo que llegue a término en las mejores condiciones”, apunta la nutricionista.

Por el contrario, y pese a su popularidad, el uso rutinario de suplementos nutricionales para mejorar la fertilidad no cuenta, por ahora, con un respaldo científico sólido. “Algunos antioxidantes muestran resultados prometedores en perfiles muy concretos, pero la evidencia es limitada. La suplementación debe ser siempre individualizada y nunca sustituir a una alimentación saludable”, advierte Beatriz Santamaría.

Aunque todas las parejas que buscan un embarazo pueden beneficiarse de mejorar su dieta, la especialista del Hospital Ruber Internacional destaca algunos perfiles en los que la intervención nutricional resulta especialmente relevante: parejas sometidas a tratamientos de fertilidad, personas con sobrepeso o alteraciones metabólicas, mujeres con patologías inflamatorias como endometriosis o síndrome de ovario poliquístico, hombres con baja calidad seminal o casos de infertilidad de origen desconocido.

“La nutrición es una herramienta segura, sin efectos secundarios y con beneficios que van más allá de la fertilidad. Integrarla en un abordaje multidisciplinar es una oportunidad para mejorar la salud reproductiva y general de los futuros padres y del bebé”, concluye.