La Dra. Inmaculada Bodegas, jefa asociada del Servicio de Pediatría del Hospital Universitario Quirónsalud Pozuelo, explica que al comenzar el curso cambia la dinámica de contacto respecto al verano y cualquier síntoma respiratorio puede convertirse en una fuente de contagio. Por su parte, María Bonilla, enfermera del trabajo de Medycsa, empresa de Quirónprevención especializada en proporcionar servicios sanitarios (entre ellos, enfermería escolar), propone fijarse antes de nada en el estado general: “Como norma general, un niño puede acudir al colegio si se encuentra activo, puede participar con normalidad en sus actividades y presenta un buen estado general, tanto físico como emocional”.
Más contacto y más vías de transmisión
Las infecciones respiratorias son las más visibles, sobre todo cuando baja la temperatura y aumenta el tiempo dentro del aula. Catarros, faringitis y otros cuadros con tos y secreciones se transmiten con facilidad mediante gotículas. En los niños mayores algunas infecciones, como la neumonía, pueden revestir gravedad. Los expertos aconsejan no olvidar una costumbre aprendida durante la pandemia: la mascarilla reduce la transmisión cuando hay una infección respiratoria. Un niño con neumonía, fiebre o tos intensa no debe acudir al colegio.
También aparecen gastroenteritis e infecciones cutáneas favorecidas por el contacto con secreciones y objetos compartidos. La recomendación es conocida, aunque no siempre se cumple: lavarse las manos con frecuencia, limpiar bien las secreciones nasales y no compartir utensilios o juguetes cuando hay un cuadro infeccioso. Siempre se debe consultar al pediatra ante una fiebre que no cede con antitérmicos, vómitos continuos, decaimiento marcado o una lesión en la piel que preocupe. Y, sobre todo, observar al niño.
No siempre es una decisión fácil cuando el especialista recomienda que el menor se quede en casa si tiene fiebre, vómitos, dificultad respiratoria, malestar general o cualquier síntoma que le impida seguir el ritmo de la jornada. También debe evitarse la asistencia durante el periodo de transmisión de una enfermedad contagiosa y seguir las indicaciones del pediatra y de los protocolos de salud pública. Si la familia duda, puede consultar con la enfermería escolar.
El papel de la enfermería escolar
¿Qué ocurre si los síntomas aparecen durante la jornada? La enfermera escolar valora el estado general, toma las constantes necesarias y hace una exploración básica. Debe detectar los signos de alarma, estimar el riesgo de contagio y decidir si el alumno puede seguir en clase o necesita atención adicional. Si se sospecha una enfermedad infecciosa transmisible, se debe limitar el contacto con otros alumnos e informar a la familia para que el menor sea valorado por su pediatra. Si se aconseja su recogida, la familia debería acudir cuanto antes.
Los espacios con más riesgo de transmisión de enfermedades son bastante previsibles: aulas, comedores, aseos, salas comunes, patios y materiales de uso compartido, especialmente cuando la ventilación es insuficiente. Los centros pueden reducir el riesgo ventilando bien, limpiando con regularidad las superficies más tocadas y manteniendo una educación sanitaria continuada. La enfermería escolar permite responder con rapidez ante síntomas, accidentes o enfermedades crónicas y sirve de enlace entre el colegio, las familias y los servicios sanitarios. Además, “la enfermería escolar no solo interviene ante la aparición de un nuevo signo, síntoma o accidente durante la jornada escolar, sino que también actúa como nexo entre el ámbito educativo, familiar y sanitario, mejorando la seguridad y el bienestar de los alumnos”, subraya María Bonilla.
En todo caso, los especialistas rechazan una idea que todavía circula entre algunas familias: que los niños necesiten pasar enfermedades para fortalecer sus defensas. Una alimentación variada ayuda, pero la vacunación sigue siendo la herramienta principal frente a las enfermedades conocidas. “La vacunación de los niños produce anticuerpos que permiten al paciente defenderse contra enfermedades respiratorias, contra enfermedades a nivel del sistema nervioso central, patologías que provocan infecciones generalizadas, oídos, infecciones, sepsis, infecciones en la sangre…”, explica la pediatra Inmaculada Bodegas. No se trata de aislar a los menores ni de vivir pendientes de cada estornudo. Se trata de mantener una vida normal y cortar la cadena de contagio cuando aparecen fiebre, tos importante, vómitos o un mal estado general. A veces, quedarse un día en casa evita que el problema recorra el aula entera.