José Luis Cava plantea dos preguntas principales: por qué está cayendo el oro con fuerza pese al discurso generalizado de que la inflación se disparará, y por qué los ciudadanos chinos están comprando oro físico de manera masiva.

Para introducir su argumento, Cava recurre a las declaraciones de Olivier Blanchard, quien advierte de un posible escenario con el petróleo en niveles de “150–200”, así como a la incertidumbre reconocida por Jerome Powell con su repetido “we don’t know”, y al tono alarmista de The Economist. A partir de ahí, sostiene que el mercado está dominado por el miedo: los gestores de fondos han comprado opciones put “a un ritmo históricamente alto” y los inversores individuales muestran un elevado pesimismo, con un 50% de bajistas.

Sin embargo, desde la teoría de la opinión contraria, afirma que cuando el consenso es tan negativo y el S&P 500 se sitúa en la media de 200 sesiones, lo más probable es que el mercado rebote, llegando incluso a plantear que “hemos visto los mínimos o estamos a punto de verlos”. Refuerza esta idea señalando que el VIX no ha superado niveles clave, lo que contradice la narrativa de pánico. En cuanto al petróleo, pese a las previsiones extremas, tanto el Brent como el WTI muestran una tendencia alcista pero controlada, sin señales de descontrol.

Sobre la caída del oro, explica que se debe a factores técnicos: por un lado, el cierre forzado de posiciones cortas en petróleo que obliga a vender oro para cubrir pérdidas, y por otro, la venta de oro por parte de países del Golfo para obtener liquidez. 

Finalmente, interpreta la fuerte demanda en China como una pérdida de confianza en su sistema financiero e inmobiliario, lo que empuja a los ciudadanos a refugiarse en el oro. Concluye que, aunque el mercado descuenta presiones inflacionistas temporales, el trasfondo sigue siendo de degradación monetaria, lo que a largo plazo favorece al oro.