La tabla que he preparado recoge la rentabilidad total del S&P 500 después del inicio de más de veinte conflictos militares en los que Estados Unidos ha participado directa o indirectamente.

Fuente: Carlos Arenas Laorga, selección propia basada en Charlie Biello

De media, el S&P ha tenido una rentabilidad del 3% en los 3 meses posteriores, un 7% a 6 meses y un 12% al cabo de un año. Si ampliamos el horizonte, 46% a 3 años, 94% a 5, 227% a 10 y 685% a 20 años.

No significa, por supuesto, que las guerras sean buenas para la bolsa. Sería una conclusión absurda, además de moralmente grotesca. Significa que una guerra no ha sido históricamente motivo suficiente para abandonar la renta variable.

Fuente: Carlos Arenas Laorga, selección propia basada en Charlie Biello

Tras Pearl Harbor, el S&P 500 perdió un 7% durante los tres primeros meses y todavía acumulaba un -2% a seis meses. El miedo de diciembre de 1941 estaba más que justificado, ¿no? Sin embargo, un año después la rentabilidad ya era positiva, del 12%; a 5 años alcanzaba el 113% y a 20 años, el 2.207%.

La Guerra de Corea ofrece otra secuencia parecida: 4% a 3 meses, 21% al año, 190% a 5 años y 775% a 20.

Más recientemente, el inicio de la guerra de Irak en marzo de 2003 fue seguido por rentabilidades del 14% en 3 meses, 18% en 6, 29% en un año y 564% a 20 años. Tras el comienzo de la guerra de Gaza, el S&P 500 acumulaba un 9% a tres meses, un 22% a seis y un 34% al año. Y desde el inicio del conflicto con Irán de febrero de 2026, los datos muestran un avance del 10% en tres meses y del 13% a seis.

El mercado no cae porque en el periódico aparezca la palabra guerra. Cae cuando ese conflicto modifica las expectativas sobre crecimiento, inflación, tipos de interés y beneficios empresariales.

Una guerra que corta el suministro de petróleo puede tener consecuencias económicas enormes. Otra que no altera sustancialmente los flujos energéticos, el comercio internacional o la actividad económica puede generar mucho ruido durante unas semanas y prácticamente desaparecer después de las preocupaciones de los inversores.

La reacción inicial puede elevar la volatilidad, pero históricamente esa volatilidad ha dado paso posteriormente a recuperaciones.

Fuente: Carlos Arenas Laorga, selección propia basada en Charlie Biello

Esto debería servirnos para no cometer el error típico de españoles. Ni las guerras condenan necesariamente a la bolsa ni su existencia garantiza rentabilidades positivas. A medio y largo plazo pesan mucho más los beneficios empresariales, la productividad, las valoraciones, los tipos de interés, la inflación y el crecimiento económico.

Supongamos que comienza un conflicto, las bolsas caen un 8% y decidimos vender para esperar a que se tranquilice todo. Pero ahora necesitamos acertar una segunda decisión: cuándo volver a comprar.

¿Cuando termine la guerra? ¿Cuando baje el petróleo? ¿Cuando desaparezca la incertidumbre? Para entonces, el mercado puede haberse recuperado.

Por eso el market timing es tan peligroso. Que nadie interprete esto como una recomendación de ignorar los riesgos. Pero hay una diferencia enorme entre gestionar el riesgo y salir corriendo por miedo.

A nadie le gustan las guerras. Ojalá no tuviéramos que incluir una sola en esta tabla. Pero, si hablamos estrictamente de inversión, las empresas siempre han seguido produciendo, innovando, obteniendo beneficios y creando valor.