Hoy comienza el simposio de Jackson Hole, en el que Kevin Warsh se estrena como anfitrión. Su intervención cobra más relevancia que nunca, sobre todo por las turbulencias que tuvimos en el mercado de bonos hace unos días. ¿Cuáles van a ser las claves del presidente de la Reserva Federal?
Lo más significativo es que tendremos un Jackson Hole bastante descafeinado. No asistirá Christine Lagarde, y el señor Warsh está atado de pies y manos, aunque él mismo se impone la mordaza al no querer hablar demasiado. Quienes le están complicando la situación son el secretario del Tesoro, el señor Bessent, y el propio presidente estadounidense, Donald Trump.
Con una deuda abultadísima de 40 billones de dólares, se están comprando bonos e implementando políticas que podrían ser contrarias a una subida de tipos, especialmente si la inflación se dispara en agosto. Es cierto que los datos de julio (un IPC del 3,4% y un PCE del 3,7%) no generan excesiva tensión, pero con la reciente subida del precio del crudo y una guerra mucho más dura y duradera de lo previsto, es probable que la inflación se tensione y veamos una subida de tipos antes de terminar el año.
Además, la situación en Japón es bastante comprometida. Según los sondeos, el Banco Central de Japón debería subir los tipos, pero el primer ministro sigue expandiendo el gasto público. Todo esto hace que las políticas fiscales y monetarias choquen, por lo que creo que todos actuarán con mucha cautela en este simposio.
Jackson Hole viene a cerrar el verano a nivel bursátil, pero ayer al cierre de Wall Street también conocimos los resultados de Nvidia. Presentaron unas cifras sólidas del segundo trimestre fiscal y buenas expectativas de cara al tercero, con una fuerte demanda. ¿Cómo valoras estas cifras y cómo despejan el panorama ante las dudas planteadas en torno a la inteligencia artificial?
La dinámica ha sido la misma que durante los resultados del trimestre anterior. Lo hemos visto también en Salesforce, CrowdStrike y Agilent Technologies. Las cifras son muy buenas y baten claramente al consenso. Aunque hubo una clásica toma de beneficios inicial en el after-market (cayendo entre un 1,5% y un 2%), finalmente subieron un 4,71%.
Los resultados son de altísima calidad. Mantienen unos márgenes brutos extraordinarios en el 75%, y la división de centros de datos sigue reflejando una demanda fortísima en infraestructura de inteligencia artificial. Tanto la CFO, Colette Kress, como el CEO, Jensen Huang, se han mostrado muy positivos. Han reconocido cierta escasez de componentes de memoria que podría retrasar el crecimiento y aumentar los costes, pero las ventas récord crecieron un 106% interanual. A medio plazo, la tendencia para la IA y los chips sigue siendo brillante, algo que hoy también está impulsando a los semiconductores en Europa.
Con estas dos referencias ya descontadas por las bolsas, ¿cuáles son los incentivos de los mercados a partir de ahora para mantenerse cerca de los niveles máximos en los que se encuentran?
Existe una tensión de fuerzas. Por el lado positivo, los resultados empresariales siguen soportando el mercado. El crecimiento de los beneficios en el segundo trimestre es del 51,9% para el S&P 500 y del 24,1% para el Stoxx 600 europeo.
Por la parte negativa, seguimos con conflictos duraderos: la situación en Ucrania, el falso cierre de la paz en Irán y las tensiones comerciales. La apreciación del dólar ya anticipa una lucha arancelaria, especialmente con Canadá, impulsada por los recientes comentarios de Trump. Además, la inflación de agosto será clave. Aunque en julio fue moderada en Europa (2,9%), miembros del BCE como Isabel Schnabel ya han advertido de que habrá que subir tipos si el conflicto en Oriente Medio se prolonga.
No somos demasiado optimistas a corto plazo con el panorama geopolítico, pero los buenos resultados empresariales nos han llevado a incrementar nuestra exposición en tecnología, bancos y, desde hace un mes, en metales y minería (que ha sido el mejor sector del Stoxx 600, subiendo un 11,46%). En cambio, nos mantenemos fuera de automóviles, consumo, sector inmobiliario y utilities, ya que la subida de las TIR de los bonos merma su atractivo.
En un mundo cada vez más endeudado, donde hay que cumplir requisitos de inversión en defensa o transición energética, ¿dónde deben posicionarse los inversores si miramos a más largo plazo?
Mantenemos algo de exposición en sectores defensivos como farmacia y telecomunicaciones, pero seguimos apostando por las tecnológicas. Los resultados empresariales respaldan esta posición, a pesar de la volatilidad.
En cuanto a la asignación de activos, hemos tomado posiciones en bonos soberanos (con rentabilidades del 5% y bonos del Tesoro al 4,70%), justificando esta entrada frente a los bonos corporativos. La liquidez del mercado se la están llevando las grandes compañías con emisiones de deuda muy potentes, dejando a las empresas de segunda línea con balances más ajustados y márgenes excesivos, lo que podría provocar tensiones en la deuda. Por tanto, apostamos por la renta fija soberana y, en renta variable, seguimos fuera de sectores como automóviles, medios de comunicación e inmobiliario.