Nos contaba Vicky que la capacidad de combinar activos que no se mueven al unísono es la clave para la estabilidad. Con las actuales circunstancias de volatilidad y complicaciones geopolíticas siempre es bueno contar con un fondo que descorrelacione. Es más, siempre es bueno tener un fondo así en la cartera, porque solemos acordarnos de ellos cuando es tarde. “Contar con una cartera que incluya estrategias o sectores descorrelacionados o con una correlación baja ayuda tanto a preservar el capital como a beneficiarnos del rendimiento, diversificar el riesgo y, simplemente, generar mayores retornos ajustados al riesgo”.

En Estrategias de Inversión seguimos de cerca este fondo, BNP Paribas Global Absolute Return Bond, porque no solo ha aportado mucho valor en el pasado, y pasado reciente (el fondo se comportó de forma esplendida en la volatilidad del año pasado con los aranceles), sino porque lo tenemos en nuestra Focus List.

Como ejemplo de esta filosofía, destaca Vicky que el fondo ha utilizado posiciones cortas en divisas de mercados emergentes frente al dólar junto con posiciones largas en duración local de mercados como Brasil. Dado que están “negativamente correlacionadas”, estas estrategias compensaron las pérdidas de una parte con las ganancias de la otra, beneficiando la rentabilidad total del fondo.

Vicky describía el fondo como una herramienta diseñada para navegar cualquier ciclo de mercado, alejándose de las restricciones de los índices tradicionales. “Es un producto que intenta rendir tanto en mercados alcistas como bajistas. Típicamente busca ofrecer un exceso de retorno por encima de un índice de efectivo de entre el 2% y el 4%... extrayendo inversiones de un panorama amplio y sin restricciones (unconstrained)”.

Esta libertad permite al fondo invertir en tipos de interés, crédito, valores estructurados, mercados emergentes y divisas, creando un “universo muy amplio que no se ve obstaculizado por un enfoque basado en índices de referencia”. Además, nos contaba que, a diferencia de un fondo de crédito de grado de inversión, este producto puede “tener una duración corta neta a nivel de fondo” y utilizar posiciones de valor relativo (largos cubiertos con cortos) que suelen tener una “correlación negativa con activos que tienen riesgo de duración”.

Uno de los puntos más importantes de la entrevista, desde mi punto de vista, es la defensa de este tipo de fondos como una inversión estructural. Browne advertía que los inversores a menudo “entran en estos productos demasiado tarde y se pierden la mejor parte de los retornos”. Además de estar plenamente de acuerdo, resaltaba Vicky un elemento de educación financiera que conviene que alguien nos recuerde de cuando en cuando: “creemos que un fondo de bonos de retorno absoluto global debería o puede ser una posición estructural a largo plazo que un inversor mantenga dentro de una cartera de renta fija multisectorial más amplia, y no solo algo que funcione para un entorno particular”.

Para ilustrar su eficacia, recuerda que, en 2022, mientras los índices globales de bonos y crédito caían entre un 10% y un 14%, este producto logró “pequeños retornos positivos”. Esto demuestra que su enfoque en la preservación del capital “permite limitar mejor las caídas y ofrecer un rendimiento suave a lo largo del tiempo”.

Actualmente, el fondo mantiene una postura conservadora con una duración de aproximadamente 3,7 años. Vicky destacaba su preferencia por mercados con retornos asimétricos, como la parte “delantera” de las curvas en EE.UU., Reino Unido y Nueva Zelanda, donde ven un “riesgo de caída limitado”.

En el mercado de divisas, resaltaba también su apuesta por el yen japonés. “Estamos largos en el yen, principalmente frente al euro... pensamos que la dependencia energética de Europa podría significar que el euro vea un poco más de presión, mientras que es más probable que el yen actúe como un refugio frente al riesgo (risk-off hedge)”.

Finalmente, y resumiendo mucho la entrevista, que merece la pena ver en el vídeo, nos contaba que han realizado una “rotación defensiva” reciente, cerrando posiciones cortas en divisas emergentes y diferenciales europeos para reciclar ese riesgo hacia la duración. Según Vicky, este movimiento busca “ayudar a la cartera a rendir en un trasfondo de sentimiento más débil en un periodo de 3, 6 o 9 meses”, permitiéndoles explotar el valor que actualmente ven disponible en el espacio de la duración