Segunda semana de conflicto. Lo comentábamos antes: de momento no hay señales de que la situación vaya a frenarse, a pesar de que Trump aseguró que sería una guerra corta. Irán, por su parte, parece que no quiere ponerle fin por ahora.  ¿Cómo está evolucionando el conflicto y qué repercusiones podríamos ver en las próximas semanas?

Trump habló de una guerra que podría durar entre cuatro y seis semanas. Ahora estamos en la segunda semana de conflicto, por lo que, si se cumplen sus previsiones, estaríamos en la parte baja de ese rango, alrededor de cuatro semanas.

Esto significa que todavía podríamos seguir viendo volatilidad en los mercados. De hecho, ya estamos observando movimientos muy bruscos. Aunque se está intentando aumentar la oferta de crudo para contener el precio —recordemos que Estados Unidos es el mayor productor de petróleo del mundo—, la realidad es que el mercado sigue muy tensionado. Además, no solo está subiendo el petróleo: también el gas está registrando incrementos importantes.

A pesar de los esfuerzos para contener el precio del crudo, no parece que estén teniendo demasiado éxito. Estamos viendo fuertes oscilaciones, con niveles que van desde mínimos cercanos a los 85 dólares hasta máximos de 100 dólares actualmente, sin olvidar el pico puntual de 125 dólares que se alcanzó el lunes.

Todo esto se traduce en una elevada volatilidad. Las bolsas están cayendo, los mercados de renta fija también se están resintiendo —aunque hoy veamos cierta recuperación—, con aumentos en las rentabilidades tanto en Estados Unidos como en Europa. Además, los metales preciosos, especialmente el oro, que suele actuar como activo refugio, también están mostrando tensiones.

En definitiva, estamos ante un entorno de incertidumbre y volatilidad en los mercados. La próxima semana tendremos además citas clave con los bancos centrales: el día 18 se reúne la Reserva Federal y el día 19 el Banco Central Europeo. Habrá que ver qué proyecciones presentan sobre el impacto que puede tener este aumento de los costes energéticos, que al final supone un shock de oferta para la economía. Los datos de inflación publicados esta semana aún no reflejan plenamente la subida del petróleo, por lo que será interesante ver cómo incorporan este factor en sus previsiones. En cualquier caso, lo más probable es que, por ahora, mantengan los tipos de interés sin cambios.

Estamos muy pendientes de lo que digan los banqueros centrales. De hecho, esta semana ya hemos escuchado al presidente del Bundesbank decir que el Banco Central Europeo actuará si la inflación se desboca. ¿Existe la posibilidad de que vuelvan a subir los tipos de interés si el conflicto con Irán se prolonga?

La teoría económica es clara: cuando hay problemas de inflación, se suben los tipos de interés para frenar la actividad económica y, con ello, moderar los precios. Pero ese mecanismo funciona principalmente cuando la inflación proviene de la demanda. En este caso estamos ante un shock de oferta. Los precios no están subiendo porque haya demasiada demanda, sino porque los costes de producción —especialmente la energía— están aumentando. Por eso la actuación de los bancos centrales es más compleja.

Si subieran los tipos de interés, probablemente no tendrían un efecto muy eficaz sobre la inflación, pero sí podrían frenar aún más la economía, lo que podría llevarnos a una desaceleración o incluso a una crisis de crecimiento. Además, la situación actual es distinta a la de 2022, cuando comenzó la guerra de Ucrania. En aquel momento los bancos centrales ya estaban en pleno ciclo de subidas de tipos tras años de tipos cero o negativos. Hoy partimos de niveles de tipos más normalizados. Por eso creo que sería demasiado pronto para volver a subir los tipos. Lo más prudente sería mantenerlos y observar cómo evoluciona el conflicto y su impacto en los mercados energéticos.

En el caso de la Reserva Federal, el impacto podría ser menor porque Estados Unidos es productor de energía. Además, el dólar fuerte también les ayuda. Por eso lo más probable es que mantengan los tipos y dejen abierta la puerta a una posible bajada más adelante en el año, algo que además sería coherente con lo que busca Trump.

Al final, en este contexto casi tenemos que actuar como psicólogos del mercado, analizando las decisiones políticas y geopolíticas tanto como los datos económicos.

La semana pasada comentabas que en tiempos de inestabilidad e incertidumbre no conviene hacer grandes cambios en la cartera. Ahora estamos más o menos en la mitad del plazo que Trump planteaba para el conflicto. ¿Qué tipo de cartera sería la más adecuada en un momento como el actual? ¿Podría ser momento de aumentar liquidez o aprovechar caídas del mercado?

Todo depende del perfil de riesgo del inversor y de su capacidad para convivir con la volatilidad. Si la situación genera mucha inquietud y no se confía en una resolución a corto o medio plazo, una opción puede ser trasladar parte de la cartera a fondos monetarios, esperando un momento más claro para volver a entrar en el mercado. Es muy difícil acertar exactamente el punto mínimo para invertir, pero sí se puede empezar a posicionarse cuando se perciba que la situación se estabiliza.

Ahora bien, si el inversor está invertido en una cartera adecuada a su perfil de riesgo, con un horizonte de inversión claro, lo más recomendable es mantener la calma. En el caso de carteras compuestas por acciones, sí estamos viendo oportunidades. Algunas compañías han sufrido caídas importantes y empiezan a resultar atractivas.

Nosotros siempre recomendamos carteras diversificadas, combinando valores cíclicos —especialmente aquellos vinculados a la inteligencia artificial y a las infraestructuras tecnológicas— con valores defensivos.

En la parte defensiva están funcionando bien sectores como las eléctricas o compañías de alimentación y distribución. Mientras tanto, algunas empresas tecnológicas están corrigiendo y pueden presentar oportunidades interesantes. Por ejemplo, compañías como ASML o SAP están empezando a cotizar a niveles más atractivos.

En definitiva, una cartera equilibrada entre valores cíclicos y defensivos, con presencia de empresas con buena rentabilidad por dividendo, sigue siendo una estrategia razonable. Y en estos momentos, los valores cíclicos que han sido más castigados pueden ofrecer oportunidades para ir entrando gradualmente.