Las próximas elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos podrían convertirse en una prueba importante de la confianza de los inversores en la formulación de políticas públicas del país. Para el dólar, una cuestión clave será determinar si la composición del próximo Congreso modifica la trayectoria de crecimiento mediante cambios en la política fiscal, las relaciones comerciales y la inversión vinculada a la inteligencia artificial. Sin embargo, el resultado electoral también podría desencadenar una reevaluación de las primas de riesgo asociadas a la incertidumbre sobre la política económica estadounidense.

Si los demócratas logran el control de ambas cámaras, ello limitaría la agenda legislativa de la Administración Trump y reforzaría la supervisión ejercida por el Congreso. Aunque este escenario podría moderar el impulso fiscal, también contribuiría previsiblemente a fortalecer la confianza en las instituciones estadounidenses, reduciendo las primas de riesgo político actualmente incorporadas tanto en las rentabilidades de los bonos del Tesoro estadounidense a largo plazo como en el dólar.

Junto con la solidez del crecimiento impulsado por la inteligencia artificial, las preocupaciones sobre la sostenibilidad de la deuda pública estadounidense han sido uno de los principales factores que han impulsado al alza las rentabilidades de los bonos del Tesoro de largo plazo durante el verano. Como consecuencia, la correlación históricamente positiva entre las rentabilidades de largo plazo de Estados Unidos y el dólar se ha roto durante los últimos tres meses, una situación que esperaríamos que se revirtiera en caso de una “Blue Sweep” (Gráfico 1).

Asimismo, las preocupaciones en torno a la independencia política de la Reserva Federal deberían disminuir a medida que los demócratas adquieran capacidad de influencia sobre la confirmación de futuros nombramientos en el banco central. En el lado opuesto, esperamos que una política de gasto fiscal más contenida y una posible desaceleración en la construcción de centros de datos reduzcan parte del impulso del crecimiento económico, lo que podría compensar parcialmente los factores de apoyo para el dólar.

Gráfico 1: Últimamente, el mercado de divisas del G10 ha reaccionado con menor sensibilidad a los rendimientos

Si bien el bloqueo institucional (political gridlock) suele asociarse tradicionalmente con una mayor previsibilidad de las políticas públicas, la evidencia histórica sugiere que sus implicaciones para el dólar son ambiguas (Gráfico 2). Un Congreso dividido seguiría limitando la capacidad de la Administración para implementar nuevos recortes fiscales y programas adicionales de gasto, reduciendo las preocupaciones en torno a la sostenibilidad de las finanzas públicas estadounidenses.

Al igual que en el escenario de «Blue Sweep», un menor estímulo fiscal adicional debería moderar, en términos relativos, el crecimiento de Estados Unidos, reduciendo la ventaja de tipos de interés del dólar frente a otras divisas. Es probable que este efecto compense el impacto positivo derivado de una mejora en la sostenibilidad fiscal. Cabe señalar que la Administración Trump conservaría amplias competencias ejecutivas en ámbitos como la inmigración y la política comercial, limitando la medida en que un cambio en el control del Congreso pueda traducirse en un entorno político significativamente más predecible.

Gráfico 2: los resultados tras las elecciones de medio mandato son dispares

Una “Red Sweep”, es decir, la continuidad del control republicano de ambas cámaras, preservaría la capacidad de la Administración para avanzar con su agenda legislativa. Un estímulo fiscal adicional podría impulsar la demanda interna y ampliar los diferenciales de tipos de interés entre Estados Unidos y otras áreas monetarias, lo que favorecería al dólar. Sin embargo, la persistencia de elevados déficits fiscales y el aumento de las emisiones de deuda del Tesoro probablemente intensificarían las preocupaciones sobre la sostenibilidad de la deuda federal estadounidense. En este sentido, es importante señalar que unas mayores rentabilidades de los bonos del Tesoro no se traducen necesariamente en una moneda más fuerte si reflejan principalmente un aumento de las expectativas de inflación o una mayor prima de riesgo fiscal, en lugar de una mejora de las perspectivas de crecimiento.

A principios de esta semana, el presidente de la Fed de Chicago, Goolsbee, subrayó que una relajación monetaria orientada a reducir los costes de financiación del Gobierno acabaría elevando las expectativas de inflación y los costes de endeudamiento a largo plazo. Asimismo, esperamos que las presiones políticas sobre la Fed persistan en caso de una “Red Sweep”.

En nuestra opinión, el resultado de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos probablemente influirá en la evolución del dólar principalmente a través de la valoración que hagan los inversores del equilibrio entre el crecimiento relativo de Estados Unidos frente al resto del mundo, los diferenciales de tipos de interés y las primas de riesgo asociadas a la incertidumbre política. Una “Blue Sweep” o un Congreso dividido deberían reducir determinados riesgos fiscales e institucionales, aunque a costa de un menor impulso para el crecimiento estadounidense.

Por el contrario, la continuidad del control republicano de ambas cámaras probablemente respaldaría al dólar mediante una mayor fortaleza de la demanda interna, si bien las preocupaciones relacionadas con la sostenibilidad fiscal tenderían a intensificarse.

En consecuencia, consideramos que las elecciones deben interpretarse principalmente como un posible catalizador para una reevaluación de la prima de incertidumbre política actualmente incorporada en el dólar. No obstante, la evolución de la divisa a medio plazo seguirá dependiendo en gran medida del contexto macroeconómico subyacente y de la trayectoria futura de los tipos de interés oficiales fijados por la Fed.