Según los datos recogidos por la Agencia Internacional de la Energía, su precio aumentó un 622% entre enero de 2025 y abril de 2026. Una subida del 622% significa que el precio final es más de siete veces superior al inicial. El tantalio, segundo de la clasificación, avanzó un 196%; el cobalto, un 134%; el neodimio, un 116%; el litio, un 108%; y el praseodimio, un 107%. El cobre, pese a haber alcanzado máximos históricos y acaparar muchos más titulares, subió un 44%.

Fuente: Carlos Arenas Laorga

La explicación comienza en las propiedades del wolframio. Es el metal con el punto de fusión más elevado y, combinado con carbono para formar carburo de tungsteno, proporciona una dureza y una resistencia al desgaste extraordinarias. Por eso se utiliza en herramientas de corte, perforación, minería, maquinaria industrial, turbinas, electrónica, componentes aeroespaciales y sistemas de defensa. Es uno de esos materiales que apenas pesan en el coste final y, sin embargo, pueden detener una cadena industrial entera cuando faltan.

Ahí reside la paradoja de los minerales críticos: no son necesariamente escasos en términos geológicos ni mueven mercados comparables al petróleo o al cobre. Son críticos porque su producción está muy concentrada, existen pocos sustitutos y ampliar la oferta exige años. Su importancia económica es mucho mayor que el tamaño de su mercado.

China domina de lejos este mineral aunque mirad quienes les seguimos (desde la distancia más absoluta, claro): Vietnam, Rusia, Ruanda, Bolivia, Austria y España.

En febrero de 2025, China modificó las licencias de algunos minerales, entre los que se encontraba este tan peculiar. No se trataba de una prohibición, pero era estrechar el fino cuello de botella ya existente. A ello se sumó una reducción del 6,5% de la cuota minera china en 2025, un mayor consumo dentro del propio país y la posterior designación de solo 15 compañías autorizadas para exportar.

Fabricantes, distribuidores y gobiernos descubrieron que disponer de dinero no garantiza disponer del material. Además, la demanda también ha empujado. El aumento del gasto en defensa, la recuperación de la industria aeroespacial y las necesidades de herramientas de alta precisión han coincidido con unas existencias reducidas. El wolframio sirve precisamente en actividades en las que el rendimiento físico importa más que el precio: componentes sometidos a temperaturas extremas, piezas de gran densidad, herramientas industriales y aplicaciones militares.

El wolframio es el caso más extremo, pero no está solo. El encarecimiento del cobalto refleja también el poder de una oferta concentrada, agravado por las restricciones de la República Democrática del Congo. La recuperación del litio responde a la demanda de almacenamiento energético. Las subidas del neodimio y del praseodimio recuerdan la dependencia de los imanes permanentes utilizados en vehículos eléctricos, aerogeneradores, robots, o drones

En realidad yo apenas sé de minerales, pero me he divertido estudiando un poco en verano sobre qué ha sucedido y para qué sirve cada uno de ellos. Y, por supuesto, podemos sacar una pequeña lección, como suelo intentar.

Creo que, en este caso, pasa porque no se trata de adivinar el pelotazo del próximo mineral, sino comprender que la transición energética, la IA, la automatización y el rearme también necesitan minas, refinerías y materiales que Europa dejó durante décadas en manos de unos pocos proveedores.