Lo repetimos mucho, pero conviene insistir porque la estadística confirma que los episodios de volatilidad no suelen ser un momento para salirse del mercado, sino una oportunidad para tratar de alejarse del ruido y meterse. Digo que suele, porque no siempre será así, pero normalmente sí… No es que sea fan de las caídas, pero no me disgustan mucho tampoco.
Como veréis en el gráfico que he preparado, cuanto más alto ha estado el VIX, mejor ha sido, en promedio, la rentabilidad posterior del S&P 500. Con niveles de VIX por encima de 50, la rentabilidad acumulada posterior alcanza un 33% a un año, un 50% a dos años, un 54% a tres, un 84% a cuatro y un 127% a cinco. Es decir, cuando el mercado se pone nervioso, muchas veces acaba siendo un gran momento para haber entrado.
Fuente: Carlos Arenas Laorga
El VIX suele presentarse como el índice del miedo. A mí me gusta decir que es un regalo envuelto en miedo. Cuando el VIX sube mucho, no es que se esté terminando el mundo, sino que la gente está nerviosa. Y cuando todos quieren protección ya tenemos el susto, pero no hemos perdido todavía la oportunidad. Como también me gusta repetir, Peter Lynch decía que el mayor riesgo no es la volatilidad, sino estar fuera del mercado.
La volatilidad forma parte del mercado y, no es una anomalía, sino parte del camino para obtener rentabilidad a largo plazo.
El problema del inversor ya no es la falta de información. Es el exceso de estímulos mal interpretados. Cuando el VIX se dispara, el entorno informativo se llena de explicaciones y titulares un tanto alarmistas. Y cuando todo se vuelve a calmar más tarde es muy posible que ya hayamos visto una buena parte del rebote.
Los mejores días suelen aparecer muy cerca de los peores. Y quien vende por miedo o retrasa su entrada esperando una señal, termina perdiéndose justo los días más rentables o, al menos, una buena parte del rebote. No quiero incentivar al market timing, lejos de mí. Pero sí a alejarse del ruido a corto y aprovecharlo para entrar con descuentos en muchos activos que caen solo por ese ruido que hace sobre reaccionar al mercado.
Cuando el miedo aumenta, muchos inversores venden porque no aguantan la incertidumbre, pero no porque hayan cambiado los fundamentales de largo plazo de las empresas. Por eso también hay que hacerse siempre la cartera conforme a nuestro perfil para luego no tomar decisiones malas.
Total, que me despisto. A donde quiero llegar es que los periodos de volatilidad han ido acompañados de rentabilidades posteriores muy superiores a la media. Cuidado, aprovechar la volatilidad no significa lanzarse al mercado como quien entra en rebajas y compra una chaqueta verde fosforito solo porque tiene un 40% de descuento. Que algo haya caído mucho no lo convierte automáticamente en una buena inversión. Pero si combinamos caída de precio, calidad razonable del activo y horizonte temporal suficiente, entonces sí que es habitual que estemos adquiriendo una ganga.
Por eso, siempre decimos también que hay que tener un método, invertir a través de fondos diversificados, aportaciones periódicas, rebalanceos y una asignación de activos coherente con el perfil de riesgo.
Que las probabilidades históricas no garantizan nada, por supuesto. Pero sí nos da pistas que avalan lo que nos dice el sentido común y que poca gente hace. Si dispones de liquidez, un episodio de alta volatilidad puede ser un momento bueno para aumentar exposición de forma gradual. Y si ya está invertido, probablemente sea un mal momento para vender por nervios.