2025 fue un buen año para la renta variable nacional, especialmente para el Ibex 35, y 2026 promete no defraudar. En los dos meses que llevamos de ejercicio, el selectivo se anota algo más de un 5% y ha marcado 16 máximos, el último la semana pasada y eso a pesar de las dudas en torno a la Inteligencia Artificial y el sector financiero. José Miguel Maté, Consejero Delegado de Tressis reconoce que “tras la fuerte revalorización registrada en 2025, resulta complicado pensar en un escenario similar en el corto plazo. Aun así, sigue habiendo liquidez y el Ibex representa una economía que, dentro del contexto europeo, crece por encima de la media. Ese crecimiento sigue siendo crecimiento y, en un entorno europeo de estancamiento y avances muy modestos en torno al 1%, crecer por encima del 2% atrae atención y foco inversor”.
Las previsiones siguen apuntando a un año en que veremos “una extensión del ciclo. No sabemos si volverán a ser las grandes compañías las que tiren del carro o si lo harán las pequeñas, pero lo lógico es pensar que las small caps hagan catch up. Ahora mismo existe un descuento cercano al 22% de las pequeñas frente a las grandes y estamos en máximos históricos. Ese diferencial debería cerrarse. (…) Es cierto que muchas compañías ya han subido mucho porque el mercado se adelanta, pero todavía hay otras pequeñas que no lo han hecho en la misma medida. En términos de PER, el IBEX cotiza en torno a 14,5 veces, mientras que las pequeñas están en torno a 11,5 veces. Eso deja potencial y, aunque solo sea por descarte, el catch up deberíamos verlo”, dice Lola Solana, gestora del fondo Santander Small Caps en Santander AM
Estamos en un entorno volátil pero que también deja oportunidades. Estamos en un entorno de mayor proteccionismo y búsqueda de autonomía estratégica por parte de grandes bloques económicos que “nos ha llevado, por un lado, a reforzar nuestra visión positiva sobre el sector de las utilities, ya que se trata de un sector que ya se beneficia de la transición energética y de la electrificación de las economías, pero que además, en el entorno actual de riesgos geopolíticos, carrera tecnológica e inteligencia artificial, se encuentra en plena revolución electrotecnológica”, cuenta Ana Besada, gestora de renta variable España en Caixabank AM. Una revolución que se centra en tres grandes vectores: el suministro, las conexiones y la demanda, factores que se retroalimentan entre sí y que son especialmente favorables para el sector.
Un sector que ha vuelto a primer plana por el gran consumo energético derivado de la Inteligencia Artificial. Centros de datos que demandan electricidad como una ciudad entera, redes que no crecen al ritmo de la tecnología y un sistema eléctrico sometido a una presión inédita plantean una pregunta clave, no solo para inversores, sino también para responsables políticos: ¿es posible la Inteligencia Artificial sin energía? Manuel Fernández Losa, gestor de la estrategia Pictet-Clean Energy Transition nos lo explica.
Reto especial en este segmento tiene Europa. Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis reconoce que “Europa tiene una política energética de PowerPoint. Se habla de renovables sin hablar de redes ni de respaldo. Necesitamos todo: nuclear, gas, solar, eólica e incluso carbón como backup. No es normal que se corte el suministro a la industria. La energía en Europa no es abundante, no es competitiva y no es segura. Hemos pasado de depender de Rusia a depender de Rusia y China, algo que solo puede lograr un burócrata europeo”.