En España se diagnostican alrededor de 10.000 nuevos casos de párkinson cada año y se estima que unas 200.000 personas conviven con esta enfermedad. Su prevalencia aumenta con la edad, especialmente a partir de los 60 años, por ello, en las últimas décadas, se ha duplicado su incidencia debido al incremento de la esperanza de vida.
Ante este contexto, y con motivo del Día Mundial del Párkinson, que se celebra este sábado 11 de abril, el Hospital Universitario Quirónsalud Zaragoza pone el foco en la importancia de un diagnóstico precoz y un tratamiento individualizado y personalizado, con el objetivo de retrasar sus síntomas y visibilizar esta patología neurodegenerativa que afecta a la vida diaria de quien la sufre y a su entorno.
Principales señales de alarma y cómo influye
La enfermedad de Parkinson es un proceso neurodegenerativo crónico y progresivo causado por un déficit de dopamina en el cerebro. Se caracteriza principalmente por síntomas motores como la rigidez, el temblor en reposo y la lentitud de movimientos, que afectan de forma significativa a la autonomía de los pacientes. A estas señales, se suman otras como trastornos del sueño, alteraciones del sistema nervioso autónomo, ansiedad, depresión o deterioro cognitivo en fases más avanzadas.
“Su impacto trasciende al propio paciente, afectando también a su entorno familiar y social. La progresiva pérdida de autonomía, junto con las alteraciones emocionales y cognitivas, puede derivar en aislamiento social y sobrecarga del cuidador, provocando en ocasiones consecuencias psicológicas”, indica la doctora Belén Sánchez, jefa del Servicio de Neurología del Hospital Universitario Quirónsalud Zaragoza. Asimismo, es probable que quienes sufren esta patología experimenten lentitud mental, sensación de fatiga ante mínimos esfuerzos, hipofonía (disminución en el volumen e intensidad de la voz), taquifemia (pulso arterial rápido y débil) o problemas de control de esfínteres.
Detección precoz y enfoque terapéutico
Desde el Hospital Universitario Quirónsalud Zaragoza se subraya la importancia de reconocer las primeras señales de alarma, como la pérdida de olfato, el estreñimiento, los trastornos del sueño o hipotensión ortostática, para acudir al especialista y facilitar un diagnóstico temprano. “El diagnóstico es fundamentalmente clínico, un examen médico y un seguimiento por parte del neurólogo basta para llegar a una valoración de la enfermedad”, explica la especialista.
En este sentido, la detección precoz es fundamental ya que, a pesar de no tener cura, el enfoque terapéutico puede ayudar a retrasar los síntomas neurodegenerativos mediante el tratamiento con fármacos, así como evitar el riesgo de caídas al adaptar el entorno doméstico o laboral. Igualmente, es necesario diseñar planes a medio plazo en relación al cuidado y la relación social, puesto que la enfermedad siempre irá a más.
De esta forma, el centro ofrece un abordaje integral y multidisciplinar liderado por neurólogos, además de contar con especialistas en nutrición, fisioterapeutas y neuropsicólogos. El hospital también pone especial énfasis en el acompañamiento y asesoramiento a los familiares, proporcionándoles apoyo y orientación personalizada para afrontar la evolución de la enfermedad con mayor seguridad y bienestar. “Concretamente el tratamiento combina terapias farmacológicas como la L-DOPA, agonistas dopaminérgicos o inhibidores de MAO-B con terapias no farmacológicas, en especial a largo plazo, como fisioterapia, logopedia, terapia ocupacional, neuropsicología y apoyo nutricional, adaptadas a las necesidades de cada paciente”, señala la doctora. En casos avanzados, el hospital valora opciones terapéuticas innovadoras como la estimulación cerebral profunda, capaz de mejorar significativamente los síntomas motores.
Asimismo, es clave individualizar el tratamiento en base a las características de cada paciente. “No es lo mismo una persona joven o de edad avanzada. También hay que tener en cuenta los posibles efectos secundarios a largo plazo que puedan tener algunos fármacos, como L-DOPA. A su vez, si el paciente tiene síntomas en los que predomina la rigidez, el manejo es diferente al de quienes sufren temblores”, añade la doctora Belén Sánchez.