Con el año recién estrenado, los beneficios empresariales se convierten —una vez más— en un faro que orienta a la hora de invertir. Para el inversor informado, como tú, conocer esto no es garantía de éxito, pero sí mayores opciones de obtener rentabilidades mejores.
Estados Unidos mantiene su papel como la economía que siempre tira, y los beneficios empresariales siguen en forma. El problema es que el mercado ya ha anticipado buena parte de ese crecimiento. Las valoraciones del S&P 500 reflejan un optimismo que exige resultados brillantes. Probablemente sea un año más de stock picking y un sesgo hacia el S&P 500 equal weight en lugar del tradicional market cap. El liderazgo de las 7 magníficas ya no es tan obvio, como hemos contado hace unos días.
Fuente: Carlos Arenas Laorga
Tras años de rezago, inflación y dudas estructurales, los beneficios empresariales europeos rebotaron con fuerza. Y con valoraciones más atractivas que en Estados Unidos. Sí, muchas cosas, pero para 2026 no crecen mucho… No digo que sea malo invertir en nuestro continente, pero cuidado.
Sectores como energía, industria, bancos o consumo cíclico están viendo revisiones al alza en sus márgenes y beneficios. El mercado aún no ha descontado todo ese potencial. Y se pueden obtener buenas rentabilidades, pero insisto, ojo.
¿La estrategia en Europa? Fondos de renta variable con sesgo value y exposición a mid y small caps, que han estado infrarrepresentadas durante el último ciclo.
Pocas veces tantas cosas han encajado tan bien en Japón como ahora. Beneficios empresariales al alza, reforma estructural del mercado de capitales, presión real del regulador para mejorar la rentabilidad del accionista (dividendos y recompras), y una política monetaria que, aunque empieza a normalizarse, sigue siendo expansiva.
Los beneficios crecen (aunque poco, es cierto), pero pueden seguir entrando flujos por la infraponderación del mercado nipón en carteras globales y eso ofrece una clara oportunidad de inversión.
En los emergentes, 2026 podría ser otro gran año. El repunte de los beneficios empresariales es visible. Además, con un dólar que sigue debilitándose y la posible bajada de tipos en EE. UU., los vientos de cola parecen adecuados.
Diversificación y evitar aquellos fondos con excesiva concentración en sectores sensibles a tipos de interés o commodities volátiles. Que pueden dar mucha rentabilidad, sí, pero pueden dar sustos también.
China es otra región con buenas perspectivas. Aunque las previsiones del PIB son de ligera desaceleración hasta tasas de crecimiento del 4,5%, cada vez se estabiliza más su mercado inmobiliario y quizá sea otro mercado para seguir manteniendo de forma estructural. De hecho, a pesar de los estímulos, el mercado chino está también muy infraponderado por institucionales internacionales. Pero, claro, China no es Japón. No hay que invertir en China porque está barata, sino hacerlo con criterio selectivo. Es mejor tener gestores especializados que entiendan la dinámica local. No olvidemos que, con el reciente caso de Venezuela, se reaviva el siempre latente riesgo de Taiwán.
Quizá, un resumen de todo esto sea que existen muy buenas oportunidades en todas las regiones, pero con diversificación y cada vez más importante la gestión activa.