En un año que se perfila como razonablemente constructivo para los mercados, con crecimiento global sostenido, desinflación en curso y bancos centrales que moderan el pulso monetario, conviene no bajar la guardia. Cuando el consenso es complaciente, el riesgo puede venir por donde menos se espera. Por eso, en La Financière de l’Échiquier hemos elaborado un ejercicio de anticipación que, sin ser una previsión, sirve como herramienta de disciplina intelectual: nuestras diez sorpresas para 2026. Diez escenarios improbables, sí, pero no imposibles. Y, en un contexto como el actual, de materializarse, su impacto sería considerable.

  1. Un endurecimiento repentino de la economía global
    Aunque los indicadores actuales no apuntan a una desaceleración brusca, no podemos olvidar la fragilidad estructural del sistema financiero internacional. La tensión acumulada en los mercados -con múltiples activos cotizando a valoraciones histórica- recuerda el clima previo al colapso de Long-Term Capital Management (LTCM) en 1998. Aquel fondo de cobertura, gestionado por premios Nobel y apalancado hasta el extremo, provocó una crisis sistémica con efectos dominó a escala global. Hoy, con los márgenes de seguridad muy reducidos, no sería descabellado pensar en un episodio similar.
     

  2. Rebrote inflacionista por efecto arancelario
    En un entorno de desinflación generalizada, la inflación podría resurgir donde menos se espera. Amazon ha anunciado que trasladará a precios finales parte de los aranceles que soporta, lo que podría generar una reaceleración puntual de los precios en determinados bienes de consumo, sorprendiendo a unos mercados confiados en la contención de costes.
     

  3. Inclinación bajista de la curva de tipos
    Lo hemos visto recientemente en Japón: el repunte de los tipos largos puede desencadenar una inclinación bajista de la curva (bear steepener), con implicaciones significativas para los inversores apalancados. Un escenario así podría forzar la liquidación de estrategias de carry trade, generando oleadas de volatilidad similares a las vividas en 2014.
     

  4. Pérdida de credibilidad de la Reserva Federal
    La política monetaria estadounidense atraviesa un momento delicado. Si Donald Trump regresa a la presidencia y nombra un candidato alineado con su ideario, como Kevin Hassett, al frente de la Reserva Federal, la independencia del banco central podría ponerse en entredicho. El mero cuestionamiento institucional de la Fed bastaría para agitar los mercados y alimentar la desconfianza inversora global.
     

  5. Deuda privada: el próximo foco de tensión
    Convertida en la estrella de las carteras alternativas, la deuda privada sigue siendo un mercado opaco y de escasa liquidez. En 2025 ya hemos asistido a varios episodios de tensión que funcionan como señales de advertencia. En un entorno de tipos altos y refinanciaciones más costosas, no se puede descartar un incidente relevante que actúe como catalizador de correcciones más amplias.
     

  6. Colapso del capex en inteligencia artificial
    La narrativa de la IA ha sido el gran motor del mercado en los últimos años. Pero su ciclo de inversión podría agotarse si la financiación empieza a mostrar grietas. La circularidad entre quienes venden tecnología y quienes financian a los compradores podría convertirse en un riesgo si los retornos no llegan a materializarse. Una pausa abrupta en el gasto de capital pondría en entredicho muchas valoraciones exuberantes.
     

  7. Movimientos bruscos del dólar
    Tanto una apreciación desordenada como una caída abrupta del billete verde podrían desestabilizar los flujos comerciales y financieros internacionales. Europa, con una economía abierta y dependiente del comercio exterior, sería particularmente vulnerable a un dólar errático.
     

  8. Abandono imprevisto de Trump
    El escenario político estadounidense permanece marcado por la incertidumbre. Una salida inesperada de Donald Trump de la carrera presidencial o incluso de la presidencia -si fuese reelegido- podría alterar profundamente las expectativas del mercado, tanto por lo que supone en términos de gobernabilidad como por su efecto simbólico en los equilibrios globales.
     

  9. Desplome del 90% en el precio del Bitcoin
    A diferencia del oro o la plata, el Bitcoin no cuenta con un respaldo físico ni con un uso real en la economía. Creemos que las stablecoins, cuando están bien colateralizadas, tienen sentido como activo. Pero los criptoactivos impulsados únicamente por la liquidez y la especulación carecen de fundamentos sólidos. Un desplome masivo no sería inédito: ya hemos visto tokens como los Trump o Millenia Bitcoin perder hasta el 99 % de su valor.
     

  10. El exceso de confianza como riesgo estructural
    Más allá de los escenarios anteriores, el verdadero peligro en 2026 podría ser la fe excesiva en un escenario de continuidad positiva. Las sorpresas no necesitan ser catastróficas para tener impacto: basta con que descoloquen al consenso y generen un reajuste brusco de expectativas.