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Este es el cuarto artículo de La gran apuesta de Estados Unidos: deuda, dólar y el futuro del dinero. Después de hablar de inflación, M2, activos y del bono americano a 30 años por encima del 5%, toca juntar las piezas. Es decir, Estados Unidos debe cada vez más justo cuando endeudarse resulta mucho más caro.

Fuente: Carlos Arenas Laorga

Cuando hablamos de los 40 billones de dólares de deuda nacional estadounidense nos referimos a la deuda federal bruta. Una parte está en manos de inversores, fondos, bancos, aseguradoras, ciudadanos, gobiernos extranjeros o la Reserva Federal. Otra corresponde a deuda que diferentes organismos públicos mantienen entre sí. Por eso los economistas suelen prestar especial atención a la deuda en manos del público, que es la parte que realmente debe financiarse frente a terceros. Pero bueno, esto es harina de otro costal.

¿Esto significa eso que Estados Unidos va a quebrar mañana? No, pero el margen de maniobra se va estrechando.

Imaginemos dos familias que deben 500.000 euros. Una firmó prácticamente toda su deuda al 1,5%. La otra tiene que refinanciarla progresivamente al 5%.

La deuda es idéntica, pero el problema financiero, no.

Durante años Estados Unidos disfrutó de algo parecido a la primera situación. Los tipos extraordinariamente bajos permitieron acumular deuda sin que el coste por intereses aumentase en la misma proporción. Pero eso se acabó.

Como vimos en el artículo anterior, el bono estadounidense a 30 años llegó este verano al 5,33%. Y cada bono antiguo que vence y tiene que sustituirse por otro nuevo obliga al Tesoro a financiarse a los tipos que ofrece ahora el mercado, no a los que disfrutaba hace diez años.

El gasto neto por intereses alcanzará aproximadamente 1 billón de dólares en 2026, alrededor del 3,3% del PIB. Para 2036 proyecta 2,1 billones anuales y un 4,6% del PIB. Entonces los intereses absorberían cerca de una quinta parte de todo el gasto federal.

Ese es el número que debería preocuparnos. Porque los intereses son gasto que no construye una carretera, no financia investigación ni paga un hospital. Es el coste de haber gastado antes. De ahí que los economistas keynesianos puedan estar perplejos. Si el déficit y la deuda son buenos porque estimulan la economía, ¿qué ha pasado?

Para mí el problema sigue siendo que Estados Unidos no está simplemente refinanciando una enorme deuda. Continúa añadiendo nueva deuda.

Se proyecta para final de 2026 un déficit de alrededor de 1,9 billones de dólares, equivalente al 5,8% del PIB. Y esto no ocurre durante una gran depresión, ni después de una crisis financiera como la de 2008, ni durante los confinamientos de 2020. Es un déficit estructuralmente elevado.

Fuente: Carlos Arenas Laorga

déficit → nueva deuda → más intereses → mayor gasto → más necesidades de financiación.

No es inevitable que termine en una espiral incontrolable. Si la economía crece suficientemente rápido, aumenta la recaudación o se corrige el déficit primario, la situación puede estabilizarse. Pero no parece nada sencillo.

Y el propio Tesoro nos permite hacernos una idea del tamaño de sus necesidades. Para el trimestre de julio a septiembre prevé captar 739.000 millones de dólares netos de deuda negociable en manos privadas. Para octubre-diciembre calcula otros 628.000 millones. Estamos hablando de casi 1,37 billones en apenas seis meses. Y alguien tiene que comprar todos esos bonos.

Este es el punto que conecta directamente con el artículo anterior. Estados Unidos dispone de una ventaja extraordinaria: tiene el mercado de deuda más grande y líquido del mundo y emite la principal moneda de reserva internacional. Sigue existiendo una demanda enorme de Treasuries.

De momento no estamos viendo una huelga de compradores, simplemente que quieren cobrar más.

Si el Tesoro necesita vender cantidades crecientes de bonos y el mercado exige una rentabilidad superior para absorberlos, el coste de financiación aumenta. Pero, más deuda exige más compradores. Para atraer compradores puede ser necesario pagar más. Pagar más incrementa la factura de intereses. Y una factura mayor empeora el déficit, obligando a emitir todavía más deuda.

La solución es bastante simple: gastar menos, recaudar más o crecer mucho más. y como esto no es fácil en términos políticos, lo que pueden hacer es cambiar cómo se endeudan.

Y ahí aparece Scott Bessent. Si financiarse durante treinta años supera el 5%, mientras determinados vencimientos cortos permiten obtener dinero a tipos inferiores, surge una tentación evidente. ¿Por qué no emitir más deuda corta? ¿Por qué no recomprar parte de la deuda de largo plazo?

Así pueden sustituir financiación cara por financiación más barata. Y eso es precisamente lo que nos lleva al siguiente capítulo de esta serie.

El Tesoro ha anunciado que desde septiembre aumentará de manera importante sus operaciones de recompra en determinados bonos a largo plazo. Recompradas con la emisión de deuda a corto....

El movimiento puede aliviar algunas tensiones actuales. Pero tiene un precio: cuanto más corto es el vencimiento de tu deuda, antes tienes que volver al mercado a pedir dinero.

Estados Unidos tiene 40 billones de razones para preocuparse por ese detalle.

En el próximo artículo analizaremos la jugada de Scott Bessent, por qué el Tesoro quiere recomprar deuda a largo, financiarse más corto y qué puede ganar con esa estrategia.