No vamos a analizar la decisión de utilizar la Sección 122 para aumentar temporalmente los aranceles. Además, los tribunales podrían dictaminar que no se cumplen las condiciones para aplicar esta disposición, ya que no existe una verdadera crisis de balanza de pagos; y los aranceles impuestos bajo la Sección 122 expiran automáticamente al final del periodo autorizado, a menos que el Congreso los prorrogue explícitamente. Pero se ha vuelto a poner de moda el déficit comercial.
Aunque ya hablamos de ello en su día con un artículo bien concreto, quiero recordarlo y que se vea qué ha pasado en 2025 con el déficit en bienes de EE.UU.
Fuente: Carlos Arenas Laorga
Un déficit comercial, per se, no es malo. De hecho, muchas veces es el espejo de otra cosa: la capacidad de un país para atraer capital, financiarse barato y ser considerado buen pagador. Y eso, suele ser más fortaleza que debilidad.
Un país tiene déficit comercial cuando importa más bienes y servicios de los que exporta. Es el saldo negativo de la balanza comercial, dentro de la cuenta corriente. Hasta aquí, nada nuevo.
El problema empieza cuando se interpreta como pérdida o estafa. Aquí conviene rescatar el ejemplo que me gusta para esto. Yo tengo déficit comercial con la panadería del barrio. Bajo, compro pan, pago. Ellos no me compran nada a mí. Y, sin embargo, nadie diría que esa relación es injusta o insostenible. Es asimétrica, claro, pero también voluntaria y beneficiosa. Yo recibo pan; la panadería recibe dinero. Punto.
Trasladado a nivel país es igualmente sencillo. Importar es recibir bienes (o servicios, pero aquí me estoy centrando en bienes). Exportar es entregar bienes. El dinero que queda es lo que denominados déficit o superávit comercial.
En términos agregados, la economía cumple (simplificando) una relación del tipo Cuenta corriente (CC) + Cuenta financiera (CF) ≈ 0
Si tu CC es negativa (déficit comercial/externo), tu CF tiende a ser positiva: entra capital. Es decir, si compras más fuera de lo que vendes, alguien tiene que financiar esa diferencia. ¿Cómo? Comprando tus activos: bonos, acciones, inmobiliario, inversiones directas, etc. Es decir, el resto del mundo te manda bienes y a cambio quiere tus activos financieros.
Y eso puede ser una señal de confianza institucional. En el caso de EE.UU., esta lógica se amplifica por el papel del dólar y la profundidad de sus mercados. El mundo no solo quiere venderle, también quiere ahorrar en dólares y tener su capital en activos estadounidenses (aunque cada vez menos).
Estados Unidos arrastra déficits comerciales y, aun así, ha seguido aumentando su tamaño económico y su capacidad productiva. Y los motivos podrían ser que su economía consume mucho (porque es rica y estable), o que su moneda y sus activos son demandados. Y así atraen ahorro externo que financia inversión y gasto.
Pretender equilibrar el comercio con cada país sería exigirle a tu panadero que te compre croissants para compensar. No tiene sentido. Primero porque al panadero no le hacen falta, pero es que tú tampoco los fabricas… El comercio moderno no es trueque bilateral; y cuando tratas de compensar artificialmente, puedes terminar desviando importaciones a otro país, encarecer los inputs perdiendo competitividad y, al final, puede que no logres reducir el déficit. Al gráfico que he preparado me remito.
Pero que no sea malo por definición no significa que sea irrelevante. Hay déficits externos que huelen a problema cuando no financian inversión productiva o cuando te endeudas en una divisa que no controlas. Y hay muchos casos en que ese déficit es la pata vivible de un problema mayor. Pero de una economía como la americana es síntoma de todo lo contrario.
Los aranceles, en cambio, sí son malos per se. No entro en la Ley de la Ventaja Comparativa Relativa (Ley de Asociación de Ricardo). Pero sí son malos. No el déficit; los aranceles.
Una economía no progresa por tener balances simétricos, sino por asignar bien recursos, atraer capital, innovar y acumular productividad.