Hasta ahora hemos oído de todo sobre la IA: riesgos al alza, sobre el futuro, el empleo. Pero también cómo ayuda, mejora y complementa hasta hacer la vida mucho más fácil a personas y empresas en su desarrollo, asumiendo tareas de todo tipo y condición. Y eso que no se ha desarrollado por completo. 

También su impacto, tanto en positivo como en negativo en los mercados financieros. Con sesiones en las que el desarrollo, avance y acuerdos entre compañías tocaban con la varita mágica de las compras de los inversores a todo el sector, o, por el contrario, lo llenaban de rojo, el color de las caídas a cuenta de los miedos a un endeudamiento exponencial que después no se verá reflejado en el crecimiento futuro que descuentan las bolsas en sus perspectivas. Haciendo además que empresas solventes se apalanquen hasta la extenuación. 

Pero lo que vivimos el lunes, trasciende claramente a ello. Y lo vemos especialmente en Europa. Un continente que claramente se ha quedado atrás en el universo tecnológico y que antes se había visto impactado en sus grandes valores del sector, que a pesar de todo los tiene, pero que, hasta la fecha no había reflejado tan claramente en sus cotizaciones generalizadas un impacto de la IA de tal calibre. 

En el caso del Ibex 35, por ejemplo, sus recortes superiores al punto porcentual se veían amenazados por esa pretendida ralentización del desarrollo e la IA. Los 'reyes' de los centros de datos, como ACS y Solaria se veían claramente impactados, o MERLIN Properties que también apuesta su futuro a este nicho. Acciona y su filial energética también de doble modo, por el potencial energético que presentan.

Y al otro lado, una Indra que representa la ciberseguridad en la bolsa española y Amadeus y sus sistemas de encriptado turístico, afectados claramente en el último año por la IA, presentando ahora subidas por ese posible ritmo más bajo en el desarrollo de la inteligencia artificial. 

Recuerden que todo esto se ha desatado en forma de efecto dominó: hace una semana Jacob Coxon, un investigador de Anthropic renunciaba a su puesto indicando que "las personas que desarrollan la IA creen sinceramente que podría matarnos a todos para finales de la década".

Y lo siguiente fueron las declaraciones a la revista Fortune de Sam Altman, el Ceo de OpenAUI indicando que este año la compañía no saldrá a bolsa, en uno de los estrenos bursátiles más esperados por el mercado, alegando "circunstancias en materia de seguridad". Aunque muchos en el mercado piensan más en una valoración que no ha gustado en las altas esferas de la compañía creadora de ChatGPT. 

Como en cascada, la siguiente secuencia nos llevaba a su homólogo de Anthropic, Darío Amodei, poniendo sobre la mesa lo que buena parte del mercado cree que está detrás de todo: la autoregulación de la IA para evitar males mayores para los grandes actores de este mercado. 

Todos se han sumado a los creadores de Mythos: desde Elon Musk, a Sam Altman, pasando por Demis Hassabis, cofundador de Google DeepMind y Satya Nadella, CEO de Microsoft. Quien no ha abierto la boca es Marc Zuckerberg, el consejero delegado y fundador de Meta. 

Nadella ampliaba el espectro de control, de forma global y con entidades de todo tipo, como universidades, pero, Altman lo decía claro: tener reglas comunes para gestionar el riesgo de la frontera y así aprovechar al máximo sus beneficios nos parece buena idea”. La frontera, como ellos lo denominan, es el nivel más avanzado los ahora límites de la IA que han abierto peligrosamente la puerta a ciberataques construidos por ellos mismos e incluso el control total de internet, en sus fases más avanzadas. 

El mercado entiende que ellos prefieren ese control propio para evitar males mayores, incluso con la connivencia de la Casa Blanca. Pero ahí pinchan en hueso de la mano de un Donald Trump, el presidente estadounidense que aboga por libertad total para ganarle la partida a China, en esa guerra de nunca acabar por un control tecnológico y en una carrera en la que Estados Unidos no parece salir vencedor, por el momento. 

El momento político es más que importante, además, con las elecciones de mitad de mandato con las proyecciones de control de los demócratas en el legislativo. Un congreso dominado por ellos endurecerá significativamente la reglamentación de la IA, algo que desde Anthropic y OpenIA no quieren ni oír hablar. 

Muchas razones de peso por tanto para ralentizar la marcha, tanto en potenciales valoraciones al alza de las compañías como en el control de los procesos, que según algunas informaciones, llevan meses negociando entre ellos. 

Desde Saxo Bank, su analista Neil Wilson destaca, según Financial Times, que los riesgos de una desaceleración en el desarrollo de la IA amenazan la viabilidad de la inversión en esta tecnología. Los analistas estarían "buscando con ahínco evaluar el impacto probable en las ganancias y las valoraciones" si las empresas vinculadas a la IA "coordinan una desaceleración significativa en el desarrollo y establecen medidas de protección".

Y en Barclays, Emmanuel Cau, su responsable de estrategia de renta variable Europea señala que "fundamentalmente, la pregunta que surgiría es si una mayor seguridad en la IA implica un gasto de capital más lento y menor, y qué significa eso, en consecuencia, para el crecimiento global y las ganancias desde el punto de vista de la renta variable”.

Es decir, la primera penalización ya se ha producido a comienzo de esta semana con efecto global y el mercado irá barajando el impacto en todos los sectores afectados. Pero también en los que alumbran positividad: los penalizados por la IA y la cibersecuridad, que vuelve a reverdecer, tras un año de revalorizaciones que rozan el 100% para valores como Palo Alto Net y CrowdStrike