La cesta de la compra, el repostaje, el pago del supermercado de los fines de semana, los pequeños gastos… Cuando se observan de forma aislada parecen importes asumibles, pero cuando se miran en conjunto, exprimen buena parte del presupuesto mensual de cualquier hogar. En un contexto donde la inflación sigue presionando y el coste de la vida obliga a ajustar decisiones, cada vez más familias se preguntan cómo optimizar lo que ya gastan sin necesidad de recortar en calidad de vida.

En paralelo, el papel de las tarjetas de crédito ha ido cambiando, y lo que durante años se percibía únicamente como un instrumento para aplazar pagos, hoy se está redefiniendo como una herramienta que puede aportar ahorro real si se utiliza con criterio. La clave está en sacar partido a compras que ya forman parte de la rutina habitual de consumo.

Tarjetas de crédito, de instrumento de pago a herramienta financiera

Durante mucho tiempo, hablar de tarjeta de crédito era casi sinónimo de deuda. El mensaje habitual giraba en torno al riesgo de fraccionar pagos y perder el control del gasto. Sin embargo, en los últimos años han aparecido modelos que premian el uso responsable y que ofrecen beneficios vinculados directamente al consumo diario.

La diferencia con las tarjetas tradicionales va más allá de pagar después, la clave está en recibir algo a cambio por utilizarla, como la devolución de un pequeño porcentaje del gasto, la acumulación de saldo para compras futuras o la financiación puntual sin intereses en determinados comercios.

No obstante, hay que tener en cuenta que estas ventajas solo funcionan cuando se aplican con sentido común, como para pagar a fin de mes, evitar fraccionamientos innecesarios y usar la tarjeta en compras previstas en el presupuesto.

Modelos de ahorro actuales vinculados al consumo

Los modelos actuales se apoyan en la transformación del gasto en una forma de ahorro progresivo. El cashback devuelve un porcentaje de lo que se paga y los programas de puntos convierten el consumo en descuentos. Los sistemas de cheque ahorro o saldo acumulable, por su parte, funcionan como una pequeña hucha que crece cada vez que se usa la tarjeta.

Frente a las promociones puntuales, estos sistemas tienen la ventaja importante de que no dependen de una oferta limitada en el tiempo. Es el propio hábito de compra el que genera el beneficio.

De este modo, cuando este planteamiento se aplica a gastos que no se pueden evitar, como la alimentación, el impacto se vuelve especialmente interesante. Son compras constantes, previsibles y fáciles de integrar en la planificación mensual que fomentan el ahorro.

Algunos ejemplos de este tipo de tarjetas

Dentro de esta tendencia encaja la tarjeta de crédito de PASS Carrefour, relanzada en mayo de 2025 con mejoras en su sistema de acumulación de ahorro y nuevas ventajas orientadas precisamente al consumo cotidiano.

Se trata de una tarjeta Mastercard vinculada al ecosistema Carrefour, pero válida para pagar en cualquier establecimiento. Su funcionamiento gira en torno al ChequeAhorro, un sistema que permite acumular saldo a partir de las compras habituales, especialmente en alimentación. Entre sus características destacan:

  • Hasta un 2 % de acumulación en el ChequeAhorro por compras de alimentación en Carrefour.
  • Un 1 % de acumulación en compras realizadas fuera de Carrefour.
  • Posibilidad de financiar compras en Carrefour a tres meses al 0 % TAE, según condiciones.
  • Uso tanto dentro como fuera de Carrefour como tarjeta de crédito convencional.

También puede usarse como tarjeta de débito, a contado.

El interés de este modelo no se basa en incentivar más consumo, el objetivo es convertir el gasto habitual en una forma de generar saldo para futuras compras.

Quien quiera revisar en detalle su funcionamiento y condiciones puede hacerlo en la página oficial de la tarjeta de crédito de PASS Carrefour, donde se explica con claridad su operativa.

Este caso sirve para entender cómo algunas tarjetas han evolucionado hacia un enfoque mucho más práctico dentro de la economía doméstica.

Gestión digital y control del gasto

Otro cambio relevante es la facilidad para controlar todo desde el móvil. Las aplicaciones asociadas a estas tarjetas permiten ver en tiempo real los movimientos, el saldo acumulado y las opciones de pago.

Esta visibilidad reduce la falta de control, uno de los principales riesgos históricos de las tarjetas de crédito. Saber en cada momento cuánto se ha gastado y qué beneficio se ha generado cambia la forma en que el usuario se relaciona con el producto.

En el caso de Carrefour PASS, su app permite consultar tanto los pagos como el ChequeAhorro acumulado, lo que ayuda a tomar decisiones con mayor información.

Es importante considerar que para que una tarjeta de este tipo tenga sentido, debe encajar con los hábitos de consumo de quien la utiliza. Si la mayor parte del gasto mensual está en la compra de alimentación y en pagos cotidianos, tiene lógica optar por productos que premien precisamente ese tipo de consumo.

Cuando se utiliza en gastos extraordinarios, el ahorro es puntual. Cuando se aplica a gastos recurrentes, el efecto se nota mes a mes sin necesidad de modificar rutinas.

Además, la posibilidad de financiar sin intereses determinadas compras en momentos concretos aporta flexibilidad sin añadir costes.
En definitiva, las tarjetas de crédito están dejando de ser solo un instrumento de pago aplazado para convertirse, en algunos casos, en una pieza más dentro de la estrategia de gestión del gasto familiar. Utilizadas con cabeza, pueden ayudar a ahorrar y a financiar sin sobrecostes, aprovechando algo tan simple como la compra semanal.

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