Cuando alguien decide invertir sus ahorros, las preguntas suelen ser bastante previsibles. ¿Qué rentabilidad puedo esperar? ¿Qué riesgo estoy dispuesto a asumir? ¿Durante cuánto tiempo puedo mantener la inversión? ¿Quién va a gestionar mi dinero?

Son las preguntas que deben hacerse. Pero hay otra menos habitual: ¿puede mi inversión generar algo más que un resultado financiero?

No se trata de sustituir rentabilidad por solidaridad, ni de renunciar a los objetivos que llevan a cualquier ahorrador a invertir. Se trata de añadir otra dimensión a esa decisión: que mientras el dinero trabaja buscando generar rentabilidad, pueda contribuir también a financiar proyectos que mejoran la vida de otras personas.
Sobre esa idea se construyen los fondos solidarios de Santander Asset Management.

Primero, inversión

El apellido “solidario” no cambia lo esencial: son fondos de inversión.

Detrás de ellos hay equipos de gestión, análisis de mercados, decisiones de inversión y control del riesgo. Y su rentabilidad, como la de cualquier otro fondo, está sujeta a la evolución de los mercados.

La gama permite, además, acceder a estrategias diferentes —renta fija, renta variable y fondos mixtos— y a distintos niveles de riesgo. No existe, por tanto, una única manera de invertir de forma solidaria: el punto de partida sigue siendo encontrar una solución adecuada al perfil, los objetivos y el horizonte temporal de cada inversor.
Pero es después de esa primera capa financiera donde aparece lo que distingue a estos fondos.

Una inversión, dos formas de generar valor

En los fondos solidarios, Santander Asset Management destina parte de la comisión de gestión de los fondos en la cuantía establecida en sus respectivos folletos informativos a financiar proyectos sociales. Es importante el matiz: la aportación no sale del patrimonio invertido por el cliente ni exige que este realice una donación adicional.

Así, una misma decisión incorpora dos dimensiones diferentes. Por un lado, el dinero permanece invertido de acuerdo con la estrategia financiera del fondo. Por otro, una parte de las comisiones que percibe la gestora se convierte en recursos destinados a la sociedad.

Y cuando el patrimonio crece, también puede hacerlo la capacidad de contribuir.

Actualmente, los fondos solidarios de Santander Asset Management reúnen alrededor de 2.720 millones de euros de patrimonio y más de 93.000 partícipes. Para 2026 está previsto destinar 2,3 millones de euros a más de 100 proyectos sociales, que beneficiarán a más de 26.000 personas.

Pero detrás de esas cifras hay otra cuestión menos visible y especialmente relevante: decidir dónde puede generar más valor esa ayuda.

La solidaridad también exige rigor

Destinar recursos a fines sociales es solo una parte del proceso. La siguiente pregunta es inevitable: ¿quién decide qué proyectos reciben el apoyo?

La respuesta empieza bastante antes de realizar una aportación.

En una convocatoria abierta, las entidades que optan a recibir fondos deben facilitar información legal y administrativa que permita comprobar que cumplen los requisitos y que cuentan con capacidad para gestionar correctamente los recursos. También tienen que explicar qué quieren conseguir, qué actividades van a desarrollar, a qué colectivos se dirigen, dónde se llevará a cabo el proyecto y cómo medirán sus resultados.

A partir de ahí comienza un proceso de evaluación en tres fases: un scoring técnico inicial basado en criterios objetivos; una valoración cualitativa realizada por evaluadores locales, que analizan la coherencia del proyecto y su adecuación al territorio; y una aprobación final por parte de un Comité Ético.

No basta, por tanto, con que una causa sea necesaria. Se analiza el cambio que pretende conseguir, la relación entre las actividades planteadas y sus resultados, los indicadores que permitirán medir los avances y el sistema de seguimiento.

Porque si la inversión exige rigor, el destino de su contribución social también.

De las grandes organizaciones al impacto más cercano

Este modelo permite además que la ayuda no tenga una única escala.

Puede llegar a organizaciones con una larga trayectoria y capacidad para desarrollar proyectos de gran alcance, pero también a entidades locales que conocen de primera mano las necesidades de una comunidad concreta.

Educación, empleo, emprendimiento, salud, discapacidad, colectivos vulnerables, medioambiente, educación financiera o ayuda humanitaria son algunos de los ámbitos que pueden recibir apoyo.

Y ahí cambia también la manera de entender las grandes cifras. Detrás de un “proyecto financiado” puede haber formación que facilita el acceso a un empleo, apoyo educativo, atención a personas con discapacidad, acompañamiento a mayores o recursos para que una organización local pueda ampliar un servicio que ya presta en su comunidad.

El impacto no depende necesariamente del tamaño de quien lo genera.

Y ese impacto también puede hacerse más cercano. En las próximas semanas, algunas de las organizaciones apoyadas este año participarán en encuentros en Santander Work Café, donde podrán dar a conocer de primera mano los proyectos que desarrollan y las necesidades a las que dan respuesta. Una manera de acercar a clientes y sociedad la realidad que existe detrás de las cifras y hacer visible hasta dónde puede llegar la dimensión solidaria de una inversión.
El recorrido acumulado ayuda a ponerlo en perspectiva: en los últimos 13 años, Santander ha destinado cerca de 30 millones de euros a través de sus fondos solidarios, contribuyendo a financiar más de 1.000 proyectos y ayudando a más de 200.000 personas.

Son cifras que cuentan una parte del resultado. Pero no aparecen cuando un inversor consulta sus posiciones.

Allí encontrará valoraciones, porcentajes y rentabilidades. Y así debe ser: una inversión tiene que responder ante todo a sus objetivos financieros y ser adecuada a las circunstancias de quien la realiza.

Pero hay resultados que se miden de otra manera. En oportunidades. En educación. En empleo. En inclusión. En personas que reciben apoyo y proyectos que pueden seguir creciendo.

Quizá por eso, al decidir dónde invertir, además de preguntarnos qué esperamos de nuestro dinero, podemos empezar a hacernos otra pregunta: ¿Hasta dónde queremos que llegue?

Este documento constituye una comunicación publicitaria.

Antes de realizar cualquier inversión o decisión de suscripción, compra o reembolso de participaciones/acciones en los Productos, el inversor debe consultar y leer detenidamente el folleto del fondo, el documento de datos fundamentales para el inversor (“KID” / “DDF”) y el resto de documentación legal aplicable, disponibles en www.santanderassetmanagement.es y a través de los intermediarios autorizados en su país de residencia.

Este documento no constituye un acuerdo contractual ni un documento exigido por disposición legal, ni una recomendación personalizada, asesoramiento en materia de inversión, oferta o solicitud de compra o venta de participaciones/acciones en los Productos, sin perjuicio de las obligaciones legales que resulten de aplicación. 
La inversión en fondos conlleva riesgos (entre otros, riesgo de mercado, crédito, liquidez, divisa y emergentes), incluida la posible pérdida del capital invertido.