Una de las palancas incuestionables de esta metamorfosis ha sido la tecnología, que ha permitido a la industria ganar en fiabilidad, rapidez y transparencia. La denominada cuarta revolución industrial (algoritmos, inteligencia artificial, e-learning, smart data, blockchain) abre un mundo de posibilidades difícilmente imaginable hace sólo unos años y cuyos límites están aún por explorar.

 

Otro de los pilares de la transformación ha sido la corrección de algunos desequilibrios históricos de nuestra economía, como la excesiva dependencia de las empresas de la financiación bancaria, que se hizo especialmente patente en el estallido de la crisis de 2008.

Para facilitar el acceso de las empresas a los mercados de capitales, BME ha desarrollada algunas iniciativas muy relevantes, como la creación del mercado BME Growth para empresas pequeñas o el mercado alternativo de renta fija MARF, así como el Entorno Pre Mercado, dedicado a empresas que tienen en su punto de mira salir a Bolsa para captar nuevos fondos. Estos proyectos han encontrado en los últimos tiempos un fuerte apoyo en el marco de la Unión de Mercados de Capitales, que impulsa la Unión Europea desde 2015, ya que muestra un interés especial en el apoyo a las pymes, por su singular contribución al crecimiento económico de los países.

Como resultado de estos desarrollos, la financiación vía mercado se ha incrementado en España de forma relevante en los últimos años. Este factor ha permitido a las empresas reducir sus niveles de endeudamiento y fortalecer sus balances. La mayor tendencia a financiarse en los mercados está siendo importante en el ámbito de las grandes empresas, pero resulta clave en el caso de las compañías de menor tamaño, que en España representan más del 90% del total. En los últimos diez años los mercados de valores españoles han ganado peso en el sistema financiero y han pasado a facilitar el 40% de la financiación empresarial, frente al 60% proporcionado por el sector bancario. Una cifra que nos acerca al porcentaje del modelo anglosajón. En 2008 las proporciones eran del 30% y 70%, respectivamente.

Estas iniciativas han contribuido de forma importante a la transformación de los mercados como hoy los conocemos. A cierre de septiembre, BME Growth cuenta con casi 120 compañías cotizadas de todos los sectores, muchas de ellas con un alto componente tecnológico, y 16 más forman parte del Entorno Pre Mercado, mientras que las empresas que se financian en el MARF son ya más de 80.

Regulación

El tercer pilar sobre el que se apoya la transformación del sistema financiero en los últimos años ha sido la regulación. En el ámbito de los mercados de la Unión Europea, MiFID y MiFID II, junto con todos los desarrollos normativos que la completan, ha supuesto una verdadera revolución, porque ha cambiado las reglas del juego para todos los intervinientes del mercado. La primera de las normas entró en vigor para todos los países miembros en enero de 2008 con el objetivo de garantizar la transparencia en los mercados e incrementar la protección de los inversores en productos financieros, principalmente de los minoristas. Su segunda versión aplica en España desde 2018 y recientemente se ha abierto una consulta pública para recoger la opinión y valoración de los requerimientos introducidos por MiFID II, así como de aspectos de mejora tanto en los ámbitos de protección al inversor como de infraestructuras de mercado. 

Los desafíos que la irrupción de la crisis sanitaria ha desatado en los últimos meses han servido para afianzar el papel de los mercados en su principal función social, es decir, como generadores de financiación. En este sentido, conviene recordar que todas las infraestructuras del mercado, desde pre transparencia a post contratación, han funcionado con total normalidad durante la pandemia, lo que ha permitido establecer precios objetivos de cada activo en todo momento y mantener abierto el grifo de la generación de fondos, tanto por la vía del capital como por la de la deuda.

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