Los mercados cruzan los dedos a la espera de que el nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, comparezca este viernes en el Simposio de Jackson Hole. Warsh ha optado por un discurso ‘minimalista’ desde que sucedió a Jerome Powell en mayo, pero la reciente volatilidad en las rentabilidades de los bonos muestra que quizás deba empezar a encauzar mejor las expectativas de los inversores.

El Simposio Anual de Política Económica de la Reserva Federal de Kansas City, que es el nombre oficial del evento, reunirá entre el 27 y el 29 de agosto a lo más granado entre los banqueros centrales de todo el mundo. El tema de este año es ‘Innovación financiera: implicaciones para los pagos y las políticas’, pero lo que interesa al mercado ahora mismo es encontrar pistas sobre los futuros movimientos de la política monetaria, sobre todo después de que la semana pasada las rentabilidades de los bonos a largo plazo se disparasen hasta cotas no vistas en dos décadas.

Y es que la semana pasada el mercado de renta fija vivió una fuerte agitación, con el rendimiento del bono a 30 años superando el 5,3% por primera vez desde 2007. Aunque hay varias razones, las principales son la preocupación por el déficit fiscal y la creciente cifra de deuda pública, que ha alcanzado los 40 billones de dólares, por un lado; y el miedo a la inflación a medida que se enquista la guerra de Irán, por el otro.

La fuerte subida de los rendimientos llevó al Departamento del Tesoro, con su secretario Scott Bessent al frente, a anunciar recompras de bonos por encima de los 4.000 millones de dólares. Pero a diferencia de la Fed, el Gobierno no tiene la capacidad de ‘crear’ dinero, por lo que muchos inversores han puesto en duda la efectividad de la medida, que obliga a emitir más deuda a corto plazo. “Es un poco como pagar la hipoteca con la tarjeta de crédito. Puede funcionar durante un tiempo, pero con el tiempo el desajuste se hace más evidente”, reflexionaba James Sullivan, codirector de investigación fundamental global de JPMorgan.

Warsh pronunciará su discurso con los rendimientos de los bonos del Tesoro aún elevados, por lo que se encuentra bajo presión para actuar como sus predecesores y ofrecer una orientación más clara sobre cómo podría reaccionar la Reserva Federal durante el resto del año. Hasta ahora el nuevo presidente ha adoptado un estilo de comunicación minimalista, reduciendo a la mínima expresión los mensajes para otorgar a la institución mayor flexibilidad para ajustar los tipos de interés en un entorno incierto. 

De hecho, con cinco grupos de trabajo creados por Warsh que ahora revisan aspectos clave del funcionamiento interno de la Reserva Federal, incluido uno sobre comunicaciones, es posible que el presidente simplemente reitere su compromiso con la estabilidad de precios y evite explicar cómo planea alcanzarla.

Pero para Matthew Luzzetti, economista jefe para EEUU de Deutsche Bank, el discurso del viernes ofrece “una buena oportunidad para que el nuevo líder de la Reserva Federal aclare su visión para el banco central”. Es improbable que dé a los mercados pistas claras sobre lo que la Reserva Federal podría hacer con las tasas de interés este año, reconoce. Aun así, todavía hay margen para un discurso que “corrija algunos errores en las comunicaciones recientes”, apunta el experto.

La pregunta fundamental es si Warsh piensa que las subidas de tipos son la solución adecuada para combatir la inflación. Incluso una “simple afirmación” de que la Reserva Federal estaría dispuesta a subir los tipos si fuera necesario tranquilizaría a los mercados, apunta Marc Giannoni, economista jefe para EEUU de Barclays. “Sin un plan creíble sobre cómo reducir la inflación, los mercados podrían perder la paciencia y temer que el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) no esté dispuesto a ajustar las tasas de interés cuando sea necesario”, avisa el experto de la firma británica.

Giannoni avisa de que la falta de comunicación podría llevar a los mercados a malinterpretar a la Reserva Federal y aumentar su volatilidad. Esto, en última instancia, podría elevar las tasas de interés. “Creemos que es útil que los bancos centrales expliquen su función de reacción”. “En nuestra opinión, dicha información ayuda a los participantes del mercado, a las empresas y a los hogares”.

¿Por qué es importante el Simposio de Jackson Hole?

El Simposio de Jackson Hole se ha convertido en un evento clásico del final del verano que sirve para que los mercados afinen sus perspectivas sobre los movimientos de los grandes bancos centrales, no solo la Fed sino también el BCE o el Banco de Inglaterra. El encuentro se celebra desde 1978. 

Durante los 4 primeros años tuvo lugar en Kansas City, pero desde 1982 tiene lugar en Jackson Hole. Este enclave de las Montañas Rocosas es famoso para la pesca con mosca, una de las principales aficiones del que fuera presidente de la Fed, Paul Volcker, y que explica en buena medida el cambio de sede. 

Con las décadas, el simposio ha ido ganando relevancia hasta considerarse actualmente como uno de los encuentros de banca central más importantes del mundo. Solo se puede asistir con invitación de la Fed de Kansas City y es muy difícil conseguirla. Además todos los asistentes están sujetos a lo que se denomina las Jackson Hole Rules: se puede hablar/escribir sobre lo que se dice en las intervenciones formales, pero está prohibido realizar alusión alguna al contenido de las conversaciones informales.

Los discursos en Jackson Hole han servido, en ocasiones, como plataforma para importantes declaraciones de política monetaria por parte de los presidentes de la Reserva Federal. El predecesor de Warsh, Jerome Powell, anticipó las continuas subidas de tipos de interés de la Reserva Federal en 2022. No obstante, con mayor frecuencia, la conferencia ofrece a los presidentes la oportunidad de exponer las principales cuestiones que siguen de cerca en la economía.