Sin embargo, la empresa tecnológica financiera creada en 1958, está demostrando una resiliencia digna de estudio. Y eso que no lo ha tenido fácil en los últimos años, desde el auge de las criptomonedas hasta la presión de los comercios por reducir las comisiones.

Ahora, los obstáculos se centran en dos vectores concretos: la inteligencia artificial aplicada al comercio y el crecimiento de las stablecoins como alternativa a los sistemas tradicionales.

El impacto potencial del comercio automatizado

El desarrollo de agentes de IA capaces de realizar compras en nombre de los usuarios ha abierto un nuevo reto para el gigante estadounidense.

Este modelo, conocido como comercio agente, plantea un escenario en el que las transacciones ya no dependen de decisiones manuales, sino de algoritmos que optimizan cada operación en tiempo real.

A primera vista, este cambio podría cuestionar el papel de las redes de tarjetas. Sin embargo, la propia industria defiende una visión diferente.

En lugar de eliminar intermediarios, estos agentes podrían multiplicar el volumen de operaciones. Mientras una persona tiene una capacidad limitada para interactuar con plataformas de pago, un sistema automatizado puede ejecutar transacciones de forma continua.

Desde Visa en declaraciones a The Wall Street Journal, se insiste en que este cambio no implica una reducción de actividad, sino todo lo contrario. La automatización puede incrementar la frecuencia de compra y generar un mayor flujo dentro de la red.

Las stablecoins no son una amenaza

Otro de los elementos que ha generado inquietud es el avance de las monedas digitales vinculadas a activos estables.

Estas herramientas permiten realizar pagos sin necesidad de pasar por circuitos tradicionales, lo que ha llevado a cuestionar el papel de intermediarios como Mastercard o incluso American Express.

Sin embargo, la estrategia adoptada por las grandes redes no ha sido de confrontación, sino de integración. Visa ha intensificado su colaboración con plataformas como Coinbase para facilitar el uso de estas monedas en pagos cotidianos. Esto permite que los usuarios puedan operar con stablecoins sin salir del ecosistema tradicional.

Además, la compañía ha avanzado en la liquidación directa de operaciones utilizando este tipo de activos. Actualmente, el volumen anual asociado a estas transacciones se sitúa en torno a los 7.000 millones de dólares, una cifra que, aunque todavía limitada frente al total, refleja una tendencia creciente.

Otros servicios como complemento

Más allá del volumen de pagos, el verdadero cambio estratégico se encuentra en el desarrollo de servicios complementarios. La compañía ha potenciado lo que denomina servicios de valor añadido, que incluyen herramientas de seguridad, prevención del fraude, análisis de datos y gestión de riesgos.

Estos servicios ya representan cerca del 30% de los ingresos netos y han crecido a ritmos superiores al 25% en términos comparables. Este dato es relevante porque muestra una diversificación progresiva del modelo de negocio, reduciendo la dependencia exclusiva del procesamiento de transacciones.

En el sector se interpreta este movimiento como una forma de reforzar su posición competitiva. No se trata solo de gestionar pagos, sino de controlar todo el entorno que los rodea.

El mercado aún tiene dudas

A pesar de su solidez operativa, la valoración bursátil de Visa ha experimentado fluctuaciones en función de estos temores. Históricamente, la compañía ha cotizado con múltiplos elevados, reflejo de su capacidad de crecimiento y su posición dominante durante décadas.

Durante la última década, su ratio de precio sobre beneficios futuros se ha situado en torno a 27 veces, con una prima significativa respecto al índice S&P 500. Sin embargo, en momentos de incertidumbre, esta valoración ha descendido de forma notable, llegando a niveles cercanos a 22 veces en periodos recientes.

Un modelo que se adapta a cada disrupción

El análisis del sector apunta a que las redes de pago no están siendo desplazadas, sino que evolucionan junto a las nuevas tecnologías. La capacidad de integrar innovaciones sin perder control sobre la infraestructura clave es uno de los factores que explican su resiliencia.

Expertos del ámbito financiero destacan que tanto Visa como sus competidores están posicionándose como gestores del sistema, más que como simples intermediarios. Este enfoque les permite absorber nuevas formas de pago y convertirlas en parte de su propio ecosistema.