Más allá de los movimientos coyunturales de los mercados, ¿cuáles consideran que son las grandes tendencias estructurales que marcarán la inversión durante los próximos cinco o diez años? ¿Qué temáticas tienen mayor potencial y cómo puede el inversor posicionarse a través de fondos de inversión para aprovecharlas?
Desde Tressis vemos tres grandes áreas o bloques de inversión: el aumento de la productividad, el envejecimiento de la población y garantizar el suministro energético. Traducido a temáticas concretas, encontramos un eje central en la inteligencia artificial, y orbitando a su alrededor la robótica, la computación cuántica, la cirugía de precisión y la seguridad energética.
En cuanto a cómo articular la inversión a través de fondos, existen productos más generalistas, como fondos focalizados en inteligencia artificial o en robótica aplicada a humanoides y software, alternativas más enfocadas en el ámbito industrial y, de forma más transversal, estrategias ligadas a la longevidad y tercera edad, que abarcan compañías financieras, de ocio y de salud, entre otras.
Los fondos indexados y los ETF siguen ganando terreno frente a la gestión activa, especialmente por sus menores costes. ¿Qué valor añadido puede ofrecer hoy un gestor activo y en qué mercados o categorías de fondos consideran que existen más posibilidades de batir a los índices?
En este aspecto realizamos una doble distinción. En primer término, distinguimos entre clases de activo: renta fija y renta variable. En segundo término, dentro de la renta variable, analizamos qué geografías son más eficientes frente a aquellas con mayores ineficiencias.
Respecto a las clases de activo, la renta fija es un mercado más ineficiente debido a su menor liquidez y a la estructura propia de los índices. Por ello, abogamos siempre por una gestión activa capaz de generar alfa e invertir más allá de los índices, participando en emisiones más reducidas o en emisores sin calificación crediticia (rating).
En renta variable diferenciamos por regiones. El mercado estadounidense, por ejemplo, presenta índices altamente eficientes, por lo que resulta conveniente mantenerse más indexado a ellos. En contraposición, en mercados emergentes priorizamos la gestión activa, al existir menor cobertura de analistas y mayores ineficiencias aprovechables.
Tras años en los que las grandes compañías han concentrado buena parte del protagonismo bursátil, ¿creen que ha llegado el momento de apostar por fondos especializados en pequeñas y medianas empresas? ¿Qué regiones ofrecen las oportunidades más interesantes en este segmento?
Consideramos prematuro sobreponderar las compañías de pequeña y mediana capitalización, principalmente por dos motivos:
- Costes de financiación: Al analizar la estructura de deuda del Russell 2000 frente a la del S&P 500, entre el 35% y el 45% de la deuda de las pequeñas y medianas empresas está referenciada a tipo variable. En consecuencia, el ciclo alcista de tipos de interés les perjudica con rapidez y, adicionalmente, deben refinanciar pasivos a costes sensiblemente más elevados.
- Poder de fijación de precios (pricing power): Si bien la economía mantiene solidez, cada vez más empresas constatan un incremento notable de costes que deberán repercutir al consumidor final. En este entorno, las grandes corporaciones cuentan con un poder de traslación de precios sustancialmente superior al de las pequeñas y medianas compañías.
Por distribución geográfica, mantenemos una inclinación táctica favorable hacia Europa, fundamentada en los programas de inversión e infraestructuras, particularmente en Alemania.
En un mercado con miles de productos disponibles y resultados muy dispares entre gestoras, ¿qué factores son determinantes para seleccionar un buen fondo de inversión? ¿Qué señales pueden indicar que un fondo que ha funcionado bien en el pasado podría dejar de hacerlo en el futuro?
Resultan determinantes tanto los factores cuantitativos, análisis de rentabilidad, volatilidad, máxima caída y plazos de recuperación; como los factores cualitativos: experiencia del equipo gestor, estabilidad del equipo a lo largo del tiempo y consistencia entre la filosofía de inversión y la cartera final. En Tressis ponderamos por igual el análisis cualitativo y el cuantitativo.
La evaluación continuada de estos factores permite detectar señales de alerta: si se producen relevos en los equipos gestores o analistas, o si la filosofía deja de adaptarse a la dinámica del mercado, es preciso revisar la posición. Un ejemplo claro ha sido la renta fija a partir del punto de inflexión de 2022; aquellas estrategias preexistentes que no consiguieron adaptarse a un régimen de tipos más altos, mayor inflación y volatilidad deben ser replanteadas.
Ante los cambios en el comercio internacional y el creciente peso económico de países como India, ¿están ganando atractivo los fondos de mercados emergentes? ¿Qué economías consideran mejor posicionadas para los próximos años y qué riesgos debería tener en cuenta el inversor?
En los mercados emergentes observamos la consolidación de la estrategia denominada «China + 1». Aunque comenzó a gestarse entre 2014 y 2015, tuvo su punto de aceleración en 2020 a raíz de los cuellos de botella en las cadenas de suministro globales, impulsando a las grandes multinacionales a diversificar su capacidad productiva entre China y un segundo destino.
En este contexto, encontramos valor en países como Vietnam, India o México, ya que presentan ventajas estructurales diferenciadas y aportan diversificación geográfica y sectorial. La vía idónea para instrumentar esta exposición es mediante fondos globales de emergentes, que distribuyen la inversión entre distintas economías y sectores sin concentrar el riesgo en un único país.