Macarena Estévez, fundadora de Círculo de Ingenio Analítico, sitúa su primer recuerdo en un sueño de infancia, en el que dormía con su abuelo y “entraba en la habitación un fantasma con tela”. Sobre su relación con las matemáticas, afirma que siempre le gustaron, pero que se “enamoró con los años”, especialmente al cursar un máster en dirección de empresas, donde era “la única matemática”. Allí comprendió que “la manera de pensar era diferente” y que haber estudiado matemáticas había sido “una ventaja”. Define el enfoque matemático como “cuadriculado, ordenado, estructurado, con normas”, algo que influye incluso en la vida personal.
Su llegada a la carrera fue accidental. Comenzó medicina, pero tras una práctica “con muertos” decidió cambiar. Un problema administrativo la llevó, casi por azar, a elegir matemáticas en la Autónoma, “una carrera que nadie quiere estudiar”. Aunque no se sintió enamorada al principio, con el tiempo descubrió todo lo que “la matemática me daba en la vida”. Reconoce que en matemáticas existe “la verdad absoluta”, pero que en la vida no siempre hay “una única verdad”, algo que a los matemáticos “nos cuesta”.
Su entorno familiar era empresarial: su padre montó empresa con 52 años y sus hermanos fueron empresarios jóvenes. Ella, sin embargo, inició su carrera en multinacionales, en el mundo de la publicidad y los medios. Fue “la primera persona en España que hizo modelos de medición del ROI”, algo que atribuye a que “nadie antes había estado en ese entorno para medirlo”. Defiende que “la publicidad funciona” y rechaza la idea de que la mitad de la inversión se desperdicia: “el director de marketing no es tonto”. Insiste en que “sí que es verdad que hay que medirlo”, aunque la exactitud no siempre sea sencilla. Ha visto marcas que dejaron de hacer publicidad y cuya “serie de ventas lentamente se va cayendo”.
Sobre la tensión entre creatividad y medición, afirma que muchos creativos creen que “no se puede medir”, pero ella sostiene que “todo se puede medir” y que la matemática es “un lenguaje paralelo”. El número “da mucha seguridad y la seguridad da paz”.
Tras etapas como ejecutiva, emprendedora y de nuevo directiva —incluida su experiencia en Deloitte, donde percibió una “abundancia de hombres socios”—, ha vuelto a emprender. Ahora se dedica de nuevo a construir modelos y asegura: “soy tan feliz, de verdad, tan feliz”. En 2023 desarrolló una nueva metodología para medir el ROI, que considera “éxito garantizado y facilísimo de implementar”, junto con una herramienta que optimiza la inversión publicitaria y permite simular escenarios.
Sobre Europa, se declara “enamorada de Europa” y valora la regulación en inteligencia artificial. Respecto a la IA, reconoce cierto desencanto: “no podemos delegarlo todo”. Advierte que muchas veces “se equivoca” y subraya la necesidad de control: “todo lo que hace la IA tendría que estar perfectamente definido”. Publicó un post titulado “derecho a pensar” y alerta de que si dejamos de pensar, “somos más tontos, más rápidos, pero igual de tontos”.
En emprendimiento, destaca la falta de control numérico y la tesorería como causas frecuentes de fracaso. Recuerda que “el 95% de los emprendedores fracasan” y que muchas veces es por no tener liquidez.
De cara al futuro, quiere seguir activa “hasta el día que me muera” y planea vender su nueva compañía mejor que la anterior. A los jóvenes les aconseja acercarse a las matemáticas “sin miedo” y, sobre la empresa, elegir un trabajo que les haga felices: “8 horas al día es demasiado tiempo para no estar feliz”.