Utilización de drones e imagen satelital para planificar podas alrededor de una infraestructura de distribución energética, diagnosticar a distancia gracias a imágenes almacenadas en la nube, reconocimiento facial para la operativa financiera… ¿Cómo definimos la innovación? “Anticiparte a lo que viene e introducir mejoras productivas que repercuten en la cuenta de resultados” afirma Santiago de Torres, presidente de Atrys Health. “Una mejora de eficiencia a través de tecnología” para José Antonio Arribas, COO y cofundador de Gigas Hosting. Xavier Casajoana, CEO de VozTelecom, lo sintetiza en “transformar un negocio para crear nuevos ejes de valor para clientes y accionistas”, a lo que Cristina del Castillo, directora de relación con inversores y accionistas de Fluidra, suma la búsqueda de lo que denomina “bienestar” de empleados y usuarios.

Nuria de Lucas, responsable de Innovación de Naturgy, incide en que “se puede aplicar en todos los procesos de la cadena de valor” e introduce el concepto de “innovación sincronizada”, es decir, desarrollada desde el inicio por todas las partes involucradas, lo que incluye “apalancarnos mucho en startups para ser capaces de alcanzar aquello a lo que no llegamos”. Esos nuevos modelos colaborativos vienen de la mano, según Salvador Casquero, cofundador de 2gether y profesor del programa directivo Innovación Digital y Fintech del IEB, de la “democratización de las tecnologías, que ha permitido que el conocimiento se atomice, lo que provoca que salgan competidores donde no te lo esperas”. Fernando Orteso, consejero de Facephi Biometria, señala la importancia “del contacto con la comunidad tecnológica internacional a través de ferias, seminarios, etc. para conseguir aplicar soluciones a nuestros productos y adaptarlos más a lo que los clientes necesitan”. “Esa suma de las partes es uno de los aspectos más interesantes de la innovación, porque hace que sea exponencial” afirma Arribas. Además, añade de Torres, “afecta de forma radical a la cuenta de resultados. Si no llegas el primero te pueden echar del mercado”.

 

 

De izquierda a derecha: Cristina del Castillo de Fluidra; Xavier Casajoana de VozTelecom; Salvador Casquero de IEB y 2gether; Nuria de Lucas de Naturgy; José Antonio Arribas de Gigas Hosting; Santiago de Torres de Atrys Health; Fernando Orteso de Facephi.

La importancia del dato y la regulación

En una frase ya casi manida muchos expertos repiten que el dato se ha convertido en el petróleo del siglo XXI. “La base de datos es el poder para la mejora de la rentabilidad” destaca del Castillo. Su correcta gestión, “los derechos de los datos”, constituye uno de los asuntos “que más nos preocupan” señala de Torres, porque existe la sensación de que la gente “no es consciente de su importancia cuando los da”. Esta nueva vía de negocio, continúa, “se debe estructurar muy bien porque no podemos permitirnos ni un error”. Sobre ella, de Lucas considera que ahora estamos “intentando crear ese valor a los datos, viendo qué nuevos modelos y entrantes están apareciendo, con el cliente siempre en el centro”.

Casajoana añade a estos elementos “el impacto en las cadenas de valor de tecnologías basadas en inteligencia artificial para manejar la ingente cantidad de datos con la que contamos, algo que los humanos ya no podemos hacer, porque una cosa es tener la información y otra, saber qué haces con ella”.  Además, advierte, el internet de las cosas (IoT) o las redes 5G van a multiplicar su volumen, por lo que estamos “a los inicios de la que va a ser siguiente revolución: la del conocimiento”.  A ese estadio Casquero se refiere no como transformación sino como “reconstrucción digital, porque implica volver a comenzar de cero, con nuevas estructuras de gestión”.

Orteso pone el punto de mira en la asimetría reguladora sobre este aspecto. “Hay tecnologías que en unos países son aplicables y en otros, no. La innovación queda frenada en función de la regulación”. Para de Lucas, sin embargo, esa circunstancia se convierte en una palanca de evolución al obligar a las compañías a pensar cómo progresar en cada territorio y a aprovechar las oportunidades que surgen de ello, algo en lo que coincide del Castillo: “la tecnología va más avanzada que la normativa”. Yendo un paso más adelante Casquero reconoce que en la actualidad es “restrictiva, pero cambia con el tiempo y se adaptará porque los nuevos reguladores son personas que ya conocen los nuevos modelos”.

De Torres identifica otra asimetría, la fiscal, “con compañías globales que se benefician de tributar donde mejor les viene”. En esa línea Casquero apunta al problema para los reguladores de que el desarrollo tecnológico permite tener un negocio en un lugar distinto al de la sede física.

La perspectiva del inversor

Respecto a cómo debe el inversor acercarse a este fenómeno de Torres menciona la necesidad de que pidan a las empresas “anticipación, es decir, algo en lo que estén por delante del resto” y de que las organizaciones cuenten con un “relato de qué idea tienes, de cómo vas a hacer las cosas”, aunque añade como otros dos elementos imprescindibles “fundamentales y crecimiento”.

Arribas describe al inversor tipo en empresas como la suya como un buscador de un “crecimiento exponencial” y destaca cómo el desarrollo tecnológico ha permitido que el minorista “haya podido entrar en un entorno que pensaba que era para profesionales”. Del Castillo también menciona esa búsqueda “de más rentabilidad” vinculada al sector tecnológico y Casquero resalta la diversificación de carteras como estrategia. “Hay un gran abanico de empresas en las que estar y como no sabes cuál va a ser el próximo unicornio, inviertes en varias”.

De Torres alude al lastre de las diferencias en la fiscalidad autonómica y cita la necesidad de cuidar la liquidez bursátil -“si no la tienes, la gente no entra”- y de contar con inversores institucionales reconocidos. Para Orteso, esta es una carencia del mercado español respecto a los emprendedores: la ausencia de gestores o fondos relevantes que inviertan en el MAB y de analistas que sigan este mercado y orienten al inversor, lo que “no favorece la salida de startups”. Sin embargo, detecta el inicio de una tendencia a que pequeños inversores y patrimonios que quieren diversificar su inversión empiecen a participar en el proceso de creación de estas compañías a través de nuevas vías distintas al sistema tradicional, como las plataformas de crowdfunding, fruto de la desintermediación financiera. Coincide en esta visión de la ausencia de análisis del Castillo. “Sin ella”, afirma, “es difícil que haya inversores institucionales que quieran entrar”.

Como conclusión, Orteso considera que nos encontramos “en un proceso imparable y que va muy rápido. O te mueves o te quedas fuera y Europa hoy no está llevando la velocidad que se ve en otros lugares, como EEUU o Asia”. Arribas también destaca esa divergencia geográfica y afirma que la innovación se trata para las empresas “no de una opción sino de una obligación”.