Hay un momento especialmente delicado en toda gran empresa familiar. Un momento silencioso, incómodo y muchas veces explosivo: el relevo generacional.
Estos días nos hemos visto sacudidos por la noticia de que Jonathan Andic, hijo del fundador de Mango, Isak Andic, fue detenido y puesto en libertad bajo fianza por la muerte de su padre, un caso que inicialmente se consideró accidental y que ahora la justicia trata ya como presunto homicidio.
Algo que, dicho sea de paso, muchísima gente sospechó cuando se conoció el accidente. Aquello no tenía sentido: Andic era un hombre muy fit, y por el sitio pasan miles de personas sin que ocurran desgracias.
Un asunto terrible, que nos pone un poco a todos los pelos de punta, ya que no entendemos cómo puede terminar así una de las principales fortunas de España. Uno de los principales empresarios, hecho a sí mismo. Si se me permite una expresión gruesa, la frase que vino a la cabeza fue la de “los ricos también lloran”.
Más allá del componente humano, judicial o incluso morboso, hay una lectura empresarial enorme. Cuando hay muchísimo dinero, muchísimo poder y estructuras patrimoniales gigantescas… aparecen tensiones gigantescas. Siempre. Y cuando hay poco, muchas veces, también ocurre lo mismo. Basta que haya algún patrimonio que repartir para que aparezca lo peor del ser humano. Reza el dicho popular que cuando se habla de unos hermanos que se llevan muy bien, hay que preguntar siempre “¿ya heredaron?”. Triste… pero real.
La empresa familiar entra muchas veces en ese terreno peligroso que es el de la herencia y el reparto. Porque una empresa familiar es mucho más que una empresa. Es una mezcla de patrimonio, emociones, afectos, control, rivalidades y poder, con las familias políticas enredando y mucho, además. Y cuando desaparece o se debilita el fundador, la figura que mantenía unido el sistema… es casi imposible que no emerjan las tensiones.
Lo hemos visto históricamente en grandes sagas empresariales de todo el mundo. La misma Inditex, también tuvo serios problemas de reparto, ya que Amancio Ortega estuvo muy enfrentado a su ex mujer y su familia. Sólo la salida a Bolsa logró apaciguar ánimos y decidir un reparto, en entorno cotizado, visible, democrático y con cobro de dividendos que satisfizo a todos. Y con nuevos accionistas, que eso, aunque parezca que no, influye muchísimo.
José María Castellano me dijo en persona un día que su gran mérito en Inditex fue sentar en una misma mesa a las dos facciones. Y ponerlas de acuerdo pasa la salida a Bolsa.
Por eso resulta tan importante entender algo: muchas grandes salidas a Bolsa no son simplemente operaciones financieras. Son procesos de institucionalización. Pasó con Ferrovial, Acciona y más recientemente Puig que, por encima de todo, ha sido una colocación de reparto entre herederos.
La Bolsa introduce reglas. Introduce gobierno corporativo, valoración objetiva, liquidez, órganos de control y mecanismos de sucesión mucho más estables. Fija precio, permite entrar y salir a accionistas sin necesidad de negociar a título personal. La Bolsa permite ordenar el capital, facilitar entradas y salidas, reducir conflictos sucesorios y convertir empresas personalistas en instituciones más sólidas y más duraderas. Porque llega un momento en que la dimensión del patrimonio ya no puede depender únicamente de equilibrios familiares internos.
Esa es una gran lección de fondo: construir una gran empresa ya es dificilísimo. Pero conseguir que sobreviva ordenadamente al fundador… probablemente sea aún más complicado.
La salida a Bolsa, además, no es sólo para grandes corporaciones. Es válida para grupos medianos e incluso pequeños, que no en vano BME tiene un magnífico mercado Growth que permite llegar a los inversores a compañías de todos los tamaños.
Y la última reflexión, por supuesto, es para nuestros gobernantes. La Bolsa es un excelente mecanismo de pervivencia de nuestras empresas, pero para que sea eficiente, debe haber incentivos.
Por desgracia, vivimos en un entorno en el que se castiga al capital. Los impuestos son altísimos, se prohíben de facto productos como los planes de pensiones y no hay incentivos para acumular capital.
Así, si antes hablábamos de Ferrovial como ejemplo de empresa familiar que solucionó sus cuitas acudiendo a los mercados, resulta que esta ya se ha ido a cotizar a Holanda y a EE UU.
Es un error que no debe volver a ocurrir. Los mercados son un excelente mecanismo de financiación de la economía, pero también una ayuda para que nuestras empresas sigan residiendo en España.
Seguramente, si Mango hubiera salido a Bolsa hace unos años, otro gallo habría cantado. El mercado y el comercio siempre es el mejor camino para el individuo. Esta reflexión es compartida por Dimas Gimeno, ex ejecutivo de El Corte Inglés (otra con 'problemillas' de sucesión), que subraya que desde que Inditex salió a cotización, las diferencias entre el grupo y Mango se han multiplicado.
Nuestro recuerdo y nuestro respeto por Isak Andic.