Como explica Rocío Casas Sánchez, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico del Health Center Quirónprevención, “las pérdidas aparecen cuando la presión que generamos durante el ejercicio supera la capacidad de la musculatura abdominolumbopélvica para controlar el cierre de la uretra”.
En palabras más sencillas: algunos movimientos exigen mucho al abdomen y al suelo pélvico. Si esa musculatura no consigue gestionar bien la presión, pueden aparecer los escapes.
Los ejercicios que suelen dar más problemas
Los saltos al cajón, la comba, los burpees, los jumping jacks, el running o algunos ejercicios de crossfit están entre los que más presión e impacto generan. También pueden dar problemas los levantamientos con mucho peso.
Pero ninguno de ellos es perjudicial por definición. La misma rutina puede sentar bien a una persona y provocar pérdidas a otra. El problema no siempre está en el ejercicio, sino en la carga utilizada, la técnica o el estado del suelo pélvico.
Cuando aparecen escapes, lo más razonable es adaptar temporalmente el entrenamiento: reducir el peso, disminuir las repeticiones, rebajar el impacto o elegir una variante más sencilla. La idea no es abandonar el ejercicio, sino recuperar poco a poco la capacidad para hacerlo sin molestias.
Por ejemplo, no necesariamente hay que dejar de levantar pesas. Levantar peso puede empeorar la incontinencia si se trabaja con cargas excesivas, se contiene la respiración o se ejecuta mal el movimiento.
Las sentadillas, el peso muerto o el press, por ejemplo, requieren una buena coordinación entre la respiración, el abdomen y el suelo pélvico. Cuando la técnica falla, aumenta la presión hacia la zona pélvica y pueden aparecer los escapes.
Bien planificado, el entrenamiento de fuerza no tiene por qué ser un problema. Al contrario, puede formar parte de una rutina saludable. Lo importante es ajustar la intensidad y aprender a realizar los movimientos de forma correcta.
Los crunches, los sit-ups o las planchas intensas también pueden generar mucha presión abdominal. Por eso pueden resultar difíciles para algunas personas con incontinencia.
Aun así, tampoco existe una lista cerrada de abdominales prohibidos. Más que eliminar ejercicios concretos, conviene observar cómo responde el cuerpo. Si aparecen pérdidas, sensación de peso o molestias, hay que reducir la intensidad o cambiar el ejercicio.
El trabajo de core puede y debe mantenerse, pero adaptado a la situación de cada persona.
Errores frecuentes
El principal error que se comete es quitar importancia a las pérdidas y pensar que ya desaparecerán. El segundo es dejar de hacer ejercicio por miedo.
También es habitual recurrir únicamente a los ejercicios de Kegel, tan utilizados en estos casos. Pueden ser útiles, pero no siempre son suficientes. El tratamiento debe tener en cuenta también la respiración, la fuerza, la coordinación muscular, la movilidad y el tipo de actividad física que se practica.
Mientras se aborda el problema, se puede seguir entrenando con ejercicios de fuerza y de impacto moderado, siempre que estén bien dosificados y no provoquen síntomas.
Conviene consultar con un fisioterapeuta especializado cuando aparezcan pérdidas de orina, dolor genital, sensación de peso en la pelvis o cualquier otra molestia relacionada con el suelo pélvico. Cuanto antes se valore el problema, más fácil será identificar la causa y adaptar el entrenamiento sin necesidad de renunciar al deporte.