José Luis Cava plantea que el gas natural licuado es “un pilar básico de la política exterior norteamericana y de su seguridad nacional”, clave para entender lo que ocurre en el estrecho de Ormuz. Sitúa el conflicto dentro de una competencia mayor: “la guerra es por la inteligencia artificial entre Estados Unidos y China”, donde resulta esencial contar con “energía abundante y barata” y controlar el precio al que acceden los competidores.
En Europa, tras la guerra de Ucrania y el sabotaje del Nord Stream, Alemania deja de comprar gas ruso y construye plantas para importar gas estadounidense, lo que evidencia, según el experto, que EEUU ha impuesto su suministro: “Europa perdedor”. Añade como segunda jugada el control del petróleo venezolano, que permitiría a las petroleras estadounidenses beneficiarse de los precios altos.
Sobre Ormuz, explica que un correo atribuido a la Guardia Revolucionaria iraní, aunque “no se ha podido probar el origen”, provocó que aseguradoras occidentales dejaran de cubrir envíos, bloqueando el tránsito. Critica que los medios exageren incidentes para generar miedo y elevar costes, para impedir el transporte de gas. Mientras tanto, los barcos chinos siguen operando con seguros propios.
El mensaje implícito sería que comprar gas a Qatar implica riesgo de ser “rehén de Irán”, lo que empuja a empresas a optar por Estados Unidos. El analista sostiene que no es caos, sino “una estrategia racional” para controlar rutas clave. Identifica como ganadores a EEUU y Rusia, y como perdedores a “los países del Golfo Pérsico y especialmente Qatar” y Europa.
A su vez critica la narrativa económica, rechazando las advertencias de caídas bursátiles, señalando que el mercado no lo refleja. También cuestiona titulares alarmistas y previsiones de recesión, recordando que el encarecimiento del petróleo y los tipos tiene efectos contractivos conocidos.
Concluye que “quieren manipularnos”, construyendo una narrativa que no se corresponde con la realidad de los mercados.