Ese giro es precisamente el que explica por qué la valoración de la empresa ha cambiado con tanta intensidad durante los últimos meses. Y además, en no muchos meses.

Tras una fuerte revalorización acumulada durante el último año, Alphabet ha conseguido convencer a buena parte del mercado de que su futuro no depende únicamente de los ingresos por búsquedas o publicidad digital.

El foco ahora se encuentra en la nube, la inteligencia artificial y nuevas líneas de negocio capaces de sostener crecimiento durante años.

Google ya no cotiza como una empresa publicitaria tradicional

Actualmente las acciones rondan los 400 dólares y presentan un multiplicador futuro cercano a 28 veces beneficios previstos.

La cifra resulta especialmente llamativa porque supone una prima aproximada del 35% frente a la media histórica registrada por la compañía durante los últimos cinco años.

La comparación también llama la atención dentro del grupo de gigantes tecnológicos. Google ya cotiza por encima de algunos competidores tradicionales y se acerca a valoraciones que históricamente el mercado reservaba para compañías con mayores expectativas de crecimiento.

Detrás de esta situación hay un cambio: los inversores están pagando menos por el negocio actual y mucho más por el potencial futuro vinculado a la inteligencia artificial.

La percepción de mercado ya no gira únicamente alrededor de anuncios o motores de búsqueda. El foco se ha desplazado hacia infraestructura, centros de datos, modelos de IA y servicios empresariales.

Google Cloud se convierte en el gran motor de crecimiento

Uno de los elementos que mejor explican esta nueva valoración está en la evolución de Google Cloud.

Durante el primer trimestre fiscal de 2026, los ingresos del negocio de nube crecieron un 63% interanual hasta superar los 20.000 millones de dólares. Pero la cifra que realmente ha llamado la atención entre analistas no es esa. El dato más observado es el volumen de contratos pendientes acumulados.  Ese llamado backlog alcanzó los 462.000 millones de dólares.

En términos prácticos, significa que la compañía dispone de una enorme reserva de contratos empresariales comprometidos a futuro. Este aspecto aporta algo muy valioso para Wall Street: visibilidad.

Mientras el mercado publicitario puede verse afectado por ciclos económicos o desaceleraciones temporales, los contratos plurianuales de nube ofrecen ingresos mucho más previsibles y recurrentes.

Además, los márgenes operativos de esta división mejoraron de forma significativa, pasando del 17,8% al 32,9%, lo que muestra una evolución muy superior a la esperada hace apenas unos años.

La IA lo cambia todo

La inteligencia artificial también está alterando el negocio tradicional de búsqueda. Uno de los grandes temores iniciales del mercado consistía en que herramientas basadas en IA pudieran debilitar el modelo histórico de Google.

Sin embargo, los últimos datos apuntan a una situación diferente.

Las búsquedas alcanzaron niveles récord y las nuevas funciones impulsadas mediante IA, incluyendo los resúmenes automáticos integrados en resultados, están generando mejores niveles de monetización de los previstos inicialmente.

Además, la relevancia publicitaria sigue mejorando y algunos indicadores internos reflejan incrementos cercanos al 10%. A ello se suman otras áreas que podrían convertirse en nuevas fuentes de crecimiento futuro.

Waymo, la división de conducción autónoma, ya supera las 500.000 rutas semanales realizadas mediante vehículos sin conductor.

Aunque todavía representa una parte reducida del negocio global, muchos inversores consideran que este tipo de activos otorgan valor adicional que actualmente podría no estar completamente reflejado en el precio de mercado.

Pero el enorme gasto en infraestructura genera dudas

No obstante, el optimismo también tiene riesgos importantes. El principal foco de preocupación gira alrededor del gasto previsto para los próximos ejercicios.

Alphabet ha elevado significativamente sus previsiones de inversión para 2026 y el desembolso esperado podría situarse entre 180.000 y 190.000 millones de dólares.

La explicación es sencilla: centros de datos, chips, servidores e infraestructura de inteligencia artificial requieren inversiones masivas. El problema aparece después.

Aunque el dinero sale inicialmente de caja, los efectos contables derivados de la depreciación suelen extenderse durante varios años y pueden terminar presionando beneficios futuros.

Algunos analistas consideran que el mercado da por hecho que el crecimiento compensará ese impacto. Pero si la monetización asociada a la inteligencia artificial avanza más lentamente de lo previsto, la ecuación podría cambiar rápidamente.