En un entorno marcado por la volatilidad geopolítica y la transición hacia un modelo descarbonizado, la energía ha pasado de ser un factor de riesgo macroeconómico a convertirse en un activo estratégico para el inversor. España mantiene aún una elevada dependencia energética exterior (68,6%), con un mix dominado por petróleo y gas, aunque con una creciente penetración de renovables . Sin embargo, el verdadero cambio estructural se está produciendo en el mix eléctrico; con datos de 2024 las energías renovables ya representaban el 66% de la potencia instalada, lideradas por la solar fotovoltaica y la eólica. Este avance no solo responde a criterios medioambientales, sino también a una lógica económica que pivota entre menores costes marginales y mayor estabilidad a largo plazo.

Desde el punto de vista macro, la energía sigue siendo un input crítico que impacta directamente en la inflación, los márgenes empresariales y la competitividad. Aunque su peso en el VAB se sitúa en torno al 3-4%, su relevancia sistémica es muy superior, especialmente en un contexto de shocks como los vividos desde el año 2021.

Al mismo tiempo, y de forma simétrica podemos decir que la transición energética presenta importantes beneficios, como son la reducción de emisiones, menor dependencia exterior y desarrollo de nuevas industrias. Sin embargo, también plantea desafíos significativos, como la intermitencia de las renovables, la necesidad de inversión en almacenamiento y redes inteligentes, y la estabilidad del sistema eléctrico. A ello se suma el reto de electrificar sectores intensivos como el transporte, que concentra más del 50% del consumo energético nacional.

Junto a estos comentarios, no podemos olvidar que a los efectos de la guerra en Ucrania se han sumado recientemente las tensiones en Oriente Medio, con Irán como foco por su incidencia en el estrecho de Ormuz. Este escenario introduce un componente adicional de incertidumbre en los precios del crudo y del gas, reforzando el atractivo de mercados como el español, más orientados hacia renovables y con menor exposición directa a estos riesgos.

En este escenario, el comportamiento bursátil del sector energético en el IBEX 35 podemos decir que ha sido muy consistente. Compañías como Iberdrola han alcanzado máximos históricos de capitalización, impulsadas por su liderazgo en renovables y su clara diversificación internacional. Endesa, por su parte, ha mantenido una elevada rentabilidad por dividendo, mientras que Repsol ha capitalizado todo el ciclo alcista de las materias primas energéticas en el periodo 2021-2023, combinándolo con una estrategia progresiva de transición. Además el sector ha dado señales de una adecuada capacidad de generación de caja junto a una política de retribución al accionista.

Estas características entendemos que refuerzan el atractivo del sector como activo de yield, especialmente para perfiles más conservadores o en busca de estabilidad. No obstante, no podemos dejar de señalar que el inversor debe considerar también los riesgos que ya hemos citado, como son la necesidad de fuertes inversiones, los desafíos técnicos o la estabilidad del sistema, solo basta recordar el famoso “apagón” . A ello se suman factores regulatorios y la sensibilidad del sector a decisiones políticas, que pueden afectar a la rentabilidad esperada.

En cualquier caso, entiendo que de cara al futuro las perspectivas del sector energético español son estructuralmente positivas. España cuenta con ventajas competitivas claras en generación renovable, potencial en hidrógeno verde y una posición estratégica en el sistema energético europeo. Todo ello configura un escenario donde el sector no solo será clave para la economía, sino también una de las principales palancas de inversión a medio y largo plazo. En definitiva, la energía en España ya no es solo una cuestión de suministro o coste; es, cada vez más, una decisión de mercado, transición y oportunidad. Para el inversor, entender estas dimensiones citadas será clave para posicionarse en uno de los sectores más determinantes de la próxima década.