Los mercados financieros encaran la recta final de 2026 en un entorno marcado por la incertidumbre geopolítica, las dudas sobre la evolución de la inflación y el protagonismo de la inteligencia artificial. Aunque la fortaleza de los beneficios empresariales continúa respaldando a la renta variable, las elevadas valoraciones de determinados segmentos y la concentración de las ganancias en un reducido grupo de compañías obligan a los inversores a ser cada vez más selectivos.
En este contexto, los expertos consultados coinciden en que todavía existen oportunidades para construir carteras atractivas, aunque con distintos niveles de exposición al riesgo. Desde la bolsa estadounidense hasta los mercados emergentes, pasando por la renta fija de calidad y las inversiones alternativas, las estrategias apuntan hacia una mayor diversificación y una gestión activa capaz de identificar valor más allá de las grandes tendencias del mercado.
Desde Deutsche Bank, Rosa Duce, Chief Investment Officer, considera que los mercados han sobrerreaccionado ante el temor a nuevas presiones inflacionistas y que las expectativas de subidas de tipos por parte de los bancos centrales han sido excesivas. Aunque la entidad mantiene una posición neutral en sus carteras, conserva una visión constructiva sobre la renta variable a medio y largo plazo, respaldada por la fortaleza de los beneficios empresariales. En Estados Unidos sigue identificando oportunidades en la cadena de valor de la inteligencia artificial, mientras que en Europa destaca sectores como defensa, electrificación, industria y servicios financieros.
Una visión también favorable a la renta variable es la de Pablo de Cea, gestor de fondos mixtos de Santander Asset Management, quien advierte de que la concentración del capital en determinadas temáticas, como los semiconductores o la defensa, está provocando que otras compañías con buenos fundamentales queden fuera del radar de los inversores. El gestor encuentra oportunidades en grandes empresas de Europa, Japón y Estados Unidos que han sufrido ajustes de valoración, y considera que adoptar posiciones excesivamente conservadoras puede implicar un elevado coste de oportunidad. Al mismo tiempo, defiende la incorporación de bonos, materias primas y divisas para equilibrar el riesgo de las carteras.
En esta misma línea, Glen Chapman, director de estrategia de renta variable de Banco Sabadell, mantiene una perspectiva positiva sobre los mercados pese a los riesgos derivados del encarecimiento de la energía y las tensiones sobre la deuda soberana europea. El experto no anticipa una recesión y considera que la inversión vinculada a la inteligencia artificial seguirá impulsando el crecimiento económico, con efectos positivos no solo para las tecnológicas, sino también para compañías eléctricas, ingenierías y determinados segmentos inmobiliarios. Asimismo, señala el potencial de pequeñas empresas cuyas valoraciones todavía no reflejan plenamente sus perspectivas de crecimiento.
Sin embargo, la concentración de las ganancias bursátiles constituye uno de los principales focos de preocupación para Martín Porres, analista de inversiones de Afi Inversiones Globales. El experto advierte de que solo diez compañías explican el 75% de la mejora de las previsiones de beneficios del mercado estadounidense en 2026, una dependencia que podría penalizar a los índices si las expectativas no llegan a cumplirse. Ante este escenario, considera que la gestión activa puede aportar valor en mercados emergentes, pequeñas y medianas compañías y sectores especializados como la biotecnología, mientras que en renta fija recomienda prestar especial atención a la calidad crediticia de los emisores.
Las dudas sobre las valoraciones tecnológicas también están presentes en el análisis de Paolo Mezza, socio de iCapital, quien advierte de que las elevadas inversiones en infraestructura de inteligencia artificial todavía deben traducirse en una demanda suficiente para justificar las expectativas del mercado. A su juicio, la rentabilidad real de este ciclo resulta difícil de evaluar, aunque considera que las oportunidades podrían desplazarse progresivamente hacia compañías de software, consultoría y grandes tecnológicas con balances sólidos capaces de transformar esta tecnología en mejoras de productividad. También encuentra atractivo en la deuda pública de alta calidad tras el ajuste de los bonos.
En un entorno de valoraciones exigentes y persistencia de la inflación, Óscar Anaya, socio y director de Negocio Institucional de Cobalto Inversiones, considera que la selección de compañías adquiere mayor relevancia que la dirección general de los índices. Su preferencia se dirige hacia empresas con balances sólidos, bajo endeudamiento, generación recurrente de caja y capacidad para trasladar el incremento de costes a sus clientes. Entre los segmentos con mayor atractivo identifica las infraestructuras vinculadas a la electrificación, los servicios esenciales, la salud y determinadas compañías industriales, que podrían ofrecer una mayor resistencia ante escenarios de presión inflacionista.
Más allá de los grandes mercados desarrollados, Samuel Pérez, analista de fondos de inversión de Tressis, identifica oportunidades en tendencias estructurales relacionadas con la productividad, el envejecimiento de la población y la seguridad energética. Entre las temáticas con mayor potencial destaca la inteligencia artificial, la robótica, la computación cuántica y la cirugía de precisión, mientras que desde el punto de vista geográfico señala mercados como Vietnam, India y México, donde la gestión activa puede aprovechar una menor cobertura de analistas. En Europa mantiene una inclinación favorable, especialmente por el impulso de los programas de inversión e infraestructuras en Alemania.
En cuanto a la distribución geográfica de las carteras, Gabriel López, director general de Inverdif EAFI, mantiene una clara preferencia por Estados Unidos. Para un inversor moderado con un horizonte de tres a cinco años plantea destinar entre un 50% y un 60% de la exposición geográfica al mercado estadounidense, entre un 30% y un 40% a Europa y el resto a Asia. Asimismo, defiende mantener posiciones en tecnología y complementar la cartera con oro como instrumento de protección frente a la inflación y la incertidumbre, poniendo el foco en una diversificación que permita combinar crecimiento y estabilidad.
Por su parte, Javier Niederleytner, agente financiero de ABANCA, considera fundamental adaptar las decisiones de inversión al horizonte temporal y las necesidades de liquidez de cada ahorrador. Mientras que para los inversores a largo plazo sigue viendo atractivo en la renta variable tecnológica, para los perfiles más conservadores destaca las oportunidades que ofrecen las rentabilidades actuales de los bonos. En particular, propone trasladar parte de las posiciones monetarias o de muy corto plazo hacia vencimientos de tres a cinco años para asegurar cupones atractivos y aprovechar posibles revalorizaciones si las rentabilidades del mercado retroceden.
La importancia de combinar diferentes fuentes de rentabilidad también centra la estrategia de Marta Lantero, responsable de Carteras de Fondos de Creand Wealth Management, quien defiende incorporar fondos con estrategias diferenciadas para evitar una falsa diversificación. En renta fija, la entidad encuentra valor en el crédito corporativo de alta calidad y en la deuda soberana tras el ajuste de las rentabilidades, especialmente en los vencimientos intermedios de tres a cinco años. Además, apuesta por mantener cierta flexibilidad y liquidez para aprovechar posibles correcciones, complementando las carteras con estrategias alternativas que permitan mejorar el equilibrio entre rentabilidad y riesgo.
En esa búsqueda de nuevas fuentes de diversificación, los activos digitales también encuentran su espacio. Rubén Ayuso, gestor de Criptomonedas FIL de A&G Banca Privada, considera que el mercado de activos digitales podría estar acercándose al final de su ciclo bajista. El experto destaca la creciente participación institucional, la evolución regulatoria y la mejora de los fundamentales del ecosistema cripto como elementos que podrían favorecer su desarrollo. Aunque reconoce que estos activos pueden registrar correcciones muy pronunciadas, defiende su incorporación en proporciones ajustadas al perfil de riesgo del inversor como una fuente adicional de diversificación.
Por último, dentro del universo de inversiones alternativas, Adrián Rubio, COO de la División de Gestión de Activos de Arcano, identifica oportunidades en los mercados privados, especialmente en infraestructuras vinculadas a los centros de datos, la energía y la electrificación. El experto considera que la inteligencia artificial también beneficiará a aquellas empresas capaces de utilizarla para mejorar su productividad y sus márgenes. Además, anticipa que una parte importante del crecimiento futuro de estos activos procederá de una mayor participación de inversores particulares y patrimonios medios interesados en acceder a nuevas fuentes de diversificación.
De cara a 2027, las opiniones de los expertos reflejan un escenario en el que la renta variable continúa ofreciendo oportunidades, pero la selección y la diversificación se convierten en elementos esenciales. La inteligencia artificial seguirá marcando buena parte de las decisiones de inversión, aunque su impacto podría extenderse hacia nuevos sectores y compañías. Al mismo tiempo, la renta fija de calidad y las estrategias alternativas recuperan protagonismo en unas carteras que deberán encontrar el equilibrio entre aprovechar el crecimiento y protegerse frente a posibles episodios de volatilidad.