La carrera por la inteligencia artificial continúa acelerándose, pero el foco de los inversores empieza a cambiar. Para ODDO BHF Asset Management, la cuestión ya no es tanto si las grandes tecnológicas seguirán aumentando su inversión en IA, sino si serán capaces de transformar ese enorme esfuerzo de capital en retornos suficientemente elevados.
Ese fue uno de los principales mensajes trasladados por Laurent Denize, Director de Inversiones de ODDO BHF, durante un encuentro con inversores en el que la firma defendió una visión todavía constructiva sobre la tecnología, aunque acompañada de una mayor cautela en la asignación de activos.
La presentación en la que se apoyó la intervención muestra la magnitud del salto inversor. ODDO BHF estima que el capex de los grandes hyperscalers estadounidenses pasará de unos 410.000 millones de dólares en 2025 a 725.000 millones en 2026 y superará el billón de dólares en 2027.
El dato resume buena parte del nuevo escenario. La inteligencia artificial sigue siendo una de las grandes tendencias estructurales del mercado, pero su desarrollo exige cada vez más centros de datos, semiconductores, capacidad eléctrica e infraestructuras. Y, a medida que aumenta el volumen de inversión, también crecen las preguntas sobre su financiación.
De la caja a la deuda
Laurent Denize advirtió de que los grandes grupos tecnológicos están dejando atrás una etapa en la que podían financiar cómodamente su crecimiento con su propia generación de caja. Según explicó, compañías como Meta, Google o Amazon podrían afrontar flujos de caja libre más débiles durante los próximos ejercicios, lo que aumentaría su dependencia de los mercados de deuda.
La gestora espera, además, una fuerte aceleración de las emisiones de bonos corporativos por parte de estas compañías. Esto implica que el coste del capital volverá a tener un peso mucho mayor en las decisiones de inversión y en la valoración de los proyectos ligados a la IA.
Para ODDO BHF, ese cambio obliga a mirar más allá del crecimiento de los ingresos o del beneficio por acción. La métrica decisiva pasa a ser la relación entre el retorno sobre el capital invertido y el coste de financiación.
Denize resumió esta idea poniendo el foco en el ROIC frente al WACC. Las compañías capaces de mantener retornos marginales por encima de su coste de capital seguirán creando valor, mientras que los modelos de negocio que destruyan capital en la carrera por ganar escala tendrán más dificultades. Entre estos últimos, señaló especialmente a algunos proveedores de infraestructura de computación o neoclouds.
Más depreciaciones y compromisos futuros
La preocupación no se limita a la deuda. ODDO BHF también señala el impacto que tendrán en las cuentas las elevadas inversiones actuales a medida que aumenten las depreciaciones y amortizaciones asociadas a servidores, centros de datos y chips.
Durante la presentación, Denize recordó además que una parte importante de los compromisos de inversión de los gigantes tecnológicos se encuentra fuera de balance. La gestora estima que estos compromisos han crecido con rapidez, un factor que podría adquirir mayor relevancia si los tipos de interés permanecen elevados o si la obsolescencia tecnológica obliga a acelerar nuevas inversiones.
Pese a estas advertencias, ODDO BHF no considera agotada la temática de inteligencia artificial. El experto insistió en que la adopción real de estas tecnologías todavía tiene un largo recorrido y citó oportunidades en ámbitos como el software, la salud o la automatización.
El siguiente cuello de botella: la electricidad
La firma cree, de hecho, que parte de las oportunidades más interesantes puede desplazarse desde los propios desarrolladores de IA hacia las infraestructuras necesarias para sostener su crecimiento.
La conexión de nuevos centros de datos a las redes eléctricas puede tardar entre tres y siete años, lo que convierte la disponibilidad de energía en uno de los principales cuellos de botella del sector. En este contexto, ODDO BHF identifica oportunidades en compañías ligadas a cables, redes eléctricas, electrificación e infraestructuras, como Nexans o Prysmian.
La conclusión de la gestora no pasa, por tanto, por abandonar la IA, sino por ser más selectivo. Tras varios años de fuerte comportamiento de los activos de riesgo, ODDO BHF ha reducido ligeramente su exposición, al tiempo que mantiene sus principales apuestas de largo plazo.
Para Denize, la próxima fase de la inteligencia artificial estará menos marcada por la euforia y más por una pregunta mucho más clásica de los mercados: cuánto capital se invierte, cuánto cuesta financiarlo y qué rentabilidad genera finalmente.