Todo el mundo habla del 'boom' de la Inteligencia Artificial y de sistemas como ChatGPT. Pero para que esa IA piense, necesita ordenadores físicos y chips cada vez más potentes. ¿Corremos el riesgo de que la Inteligencia Artificial se quede estancada simplemente porque no seamos capaces de fabricar 'cerebros' físicos lo suficientemente rápidos para alimentarla?
Bueno, aquí hay muchos matices. Es una pregunta que requeriría una disquisición larga y tendida. ChatGPT ha sido la tecnología con mayor velocidad de penetración de la historia, porque en dos meses llegó a 100 millones de usuarios y ahora estaríamos en más de 1000 millones, e inauguró lo que son los grandes modelos del lenguaje. Poca gente sabe qué hay detrás cuando te conectas a ChatGPT, Claude o similar. Lo que hay detrás es una conexión a través del cloud, a través de internet, a un superordenador que está en remoto. En realidad ,estás trabajando con supercomputación. En la medida en que ChatGPT se ha popularizado y que todo el mundo lo está utilizando, tanto a nivel profesional como personal, lo que antes se resolvía con un gran ordenador - que estaba en Iowa - ahora requiere centenares de ordenadores, con centanares de miles de chips para dar servicio a esa demanda en IA.
Los chips se han convertido en un cuello de botella geopolítico porque se fabrican en pocos lugares y esos concretamente, los mejores, los de IA, en muy pocos lugares. Tenemos seguramente la cadena de valor más estratégica del momento y quizá de la historia, que es esa cadena que va desde ChatGPT o Claude, al superordenador que está detrás, a los chips, que están diseñados normalmente por Nvidia y están fabricados por alguien como TSMC. Son dos compañías que son dos puntos de estrangulación geopolítica.
Solo decir que Nvidia es la empresa con mayor valoración del mundo en este momento en el mercado financiero, a la par con Apple, ha llegado a los 5 trillones (USD) de valoración financiera, que eso es el PIB de Alemania, una de las grandes economías del planeta.
De hecho, en Taiwán está ese centro neurálgico de la fabricación de chips. Estados Unidos está haciendo todo lo posible, mediante bloqueos y sanciones, para que China no acceda a la tecnología más avanzada del mundo. Pero viendo que China sigue sacando sus propios productos, ¿están funcionando de verdad esos bloqueos de Washington, o al final solo están consiguiendo que China se vuelva 100% independiente y más fuerte?
China va a ser 100 % independiente en muy poco tiempo, e incluso nos va a desbordar si no desplegamos las políticas adecuadas. El otro día leía el report de Nature, la revista científica más importante del mundo junto con Science, que hablaba de las organizaciones de investigación más prestigiosas del del planeta. Hace 5 o 10 años de las TOP 10, 8 eran norteamericanas y dos europeas. Ahora, la única norteamericana que hay es Harvard y las otras 9 son chinas. Eso quiere decir que las Universidades chinas están llegando a tal nivel de desarrollo, investigación y capacidad de atracción de talento que está superando a Estados Unidos. No estamos compitiendo empresas contra empresas. Que nadie crea que es Nvidia contra Huawei, o incluso en otros sectores, porque ahora también se habla, desgraciadamente a la orden del día, no es Volkswagen contra BYD. Va de ecosistemas de innovación contra ecosistemas de innovación. Va de Estados Unidos o Europa contra China.
Va de las empresas y todos los proveedores especializados, las facilidades financieras, la fiscalidad favorable, la capacidad de atraer talento. Todo eso conjuntamente es lo que está compitiendo.
Entonces, China está desarrollando ecosistemas integrales con participación del Estado, está alineando claramente a sus universidades, está desarrollando proveedores especializados, y el hecho ahora de cortar el suministro de chips o de lo que sea a China, es algo temporal. Lo van a conseguir, sin duda.
Se suele decir que la fábrica de chips de Taiwán, TSMC, es el 'escudo de silicio' que evita una invasión de China, porque si se destruye, la economía mundial se hunde. ¿Cree que TSMC protege realmente a Taiwán o la convierte en el objetivo más tentador del planeta?
Taiwán es también, la isla en sí, un punto de estrangulación geopolítico. Es un punto caliente del planeta. Porque Taiwán no está considerado un estado independiente por la ONU ni por Estados Unidos. Todavía formalmente es una provincia de China, aunque actúa como estado independiente. Y Taiwán ha hecho algo muy bien hecho que los europeos tendríamos que pensar: ¿Por qué esa fabricación de semiconductores está en Taiwán y no está en Múnich, Barcelona o Madrid? Hace 30 años teníamos unas condiciones muy superiores a Taiwán, que era una plantación de té, para desarrollar una industria de semiconductores. Pero Taiwán ha sido capaz de atraer las tres fuentes del poder en el mundo moderno: tecnología, talento y capital, que son independientes de la geografía e irán donde esté el mejor ecosistema. Eso significa la mejor fiscalidad, estabilidad política, las mayores facilidades para instalarse...y eso lo han hecho muy bien. Tanto que el conjunto de compañías, con TSMC a la cabeza, están fabricando el 65 % de los chips más avanzados del planeta. Eso es un factor de atracción para China, que ambiciona no sólo el territorio sino la tecnología.
Podría ser un factor de protección. Si hay un aguerra todo eso se va a perder pero TSMC está fabricando en Estados Unidos, en Japón. No creo la teoría del cinturón de silicio pero sí creo que hay que aprender cómo lo han hecho porque claramente Europa se ha dormido en los laureles.
NVIDIA se ha convertido en la empresa más cotizada y potente del mundo gracias a los chips para Inteligencia Artificial. ¿Es saludable para la economía y la tecnología mundial que prácticamente una sola compañía controle el 'cerebro' de toda la IA global?
Si tú miras las diez compañías más valiosas del mundo por valor financiero, más ricas del mundo, más grandes por valor financiero, hace 20 años o al doblar el siglo, teníamos automovilísticas, farmacéuticas, distribuidoras, bancos, petroleras. Ahora las diez primeras son todas tecnológicas y todas muy vinculadas a la cadena de valor de la inteligencia artificial. La economía mundial ha mutado, estamos en otra era.
Una era en la que la revolución industrial ya es el pasado. Aquellos países que se han industrializado están en una pantalla del pasado porque lo que toca ahora es tecnificarse, incrementar la intensidad tecnológica. Estamos en la era tecnológica, con la punta de flecha de la IA.
Esas compañías que están en la cima, y hablo Nvidia, TSMC, Google, de ahora incluso SpaceX, Tesla, Amazon, etcétera, esas compañías generan lo que llamamos ventajas injustas. Porque antes una compañía podía tener una ventaja competitiva por proximidad al cliente, por dimensión, por una capacidad fabril, pero es que ahora la ventaja competitiva te la da la tecnología. O la tienes o no la tienes. Si tú tienes un know-how que otros no tienen, tienes una doble ventaja, que es que tus competidores no saben hacer lo que tú haces y además puedes protegerlo legalmente, por ejemplo mediante patentes.
Es decir, lo que llamamos el foso defensivo de una compañía tecnológica es muy superior al foso defensivo de una compañía no tecnológica. Las compañías tecnológicas están creciendo, están tomando la cima de la economía mundial, la economía se está tecnificando, y eso significa que estamos en manos de una serie de compañías tan extremadamente poderosas que desarrollan ventajas injustas. Controlan estructuralmente sus industrias. ¿Esto va a ser así para siempre? No. Nvidia es la consecuencia de 20 años de inversiones pacientes en I+D. Lo cual está muy bien y es muy loable, y tienen ese control tecnológico porque se lo han ganado claramente. Pero detrás van otras. Detrás vendrá Google, China con Huawei o quien sea, que evidentemente van a poner el foco ahí y van a intentar superarlas.
Ese pelotón de cola cada vez está más distanciado de la economía real, de la economía que vemos cada día en nuestros barrios. Hay un grupúsculo de compañías que claramente están tomando posiciones en todos los sectores de la economía internacional con un poder tecnológico sin igual.
Frente a las enormes ayudas de la CHIPS Act en EE. UU. y el apoyo estatal en China, Europa intenta no quedarse atrás. Sabemos que tenemos la “joya de la corona” con ASML, pero ¿en qué otros nichos específicos —como la fotónica, los chips de automoción o las arquitecturas abiertas como RISC-V— tiene Europa una ventaja competitiva real para no ser un mero espectador?
Europa tiene que ponerse las pilas muy rápido. Creo que Europa no se ha dado cuenta del cambio de pantalla que hemos sufrido. Estamos en otra pantalla, en otra fase, en otra economía. La globalización, ese periodo histórico que va desde la caída del Muro de Berlín hasta, diría, la pandemia, ha muerto.
Ya no estamos en un periodo global y, mentalmente, especialmente en Europa, pensamos que vamos a seguir estándolo; que vivimos en un mundo estable, donde Europa claramente es un player y donde tenemos una serie de derechos adquiridos que vamos a mantener para siempre. No nos podemos imaginar otra cosa.
Pero es que las crisis industriales que está sufriendo Europa van a ser una constante si no entendemos que, nuevamente, no es una empresa europea contra una empresa china. Es el ecosistema europeo contra el ecosistema chino o el ecosistema norteamericano. Entonces, si no destinamos esfuerzos a desarrollar ese ecosistema, nuestras compañías van a ir sucumbiendo una tras otra.
¿Lo estamos haciendo? Yo creo que no a la velocidad que tocaría. El mundo, las reglas de juego, han cambiado. Si antes vivíamos en un mundo en el que el mantra, incluso en management, era «llévate fuera todo lo barato, externaliza buscando el bajo coste», ahora el mantra es: «trae para aquí todo lo tecnológico, controla rápidamente las tecnologías».
Si el mundo era claramente, digamos, un mundo de libre mercado —incluso de fundamentalismo de mercado— y de libre comercio, donde cualquier actividad se podía poner en cualquier sitio y todos respetaban las mismas normas, ahora vemos un mundo profundamente tecno-nacionalista. Entonces, Europa no ha entendido este nuevo mundo. Esperemos que lo entienda antes de que sea demasiado tarde.
Capacidades tenemos, porque, por suerte, tenemos una base industrial todavía potente, especialmente en el norte de Europa. Aunque Alemania está en una crisis importante por el tema del gas ruso y porque no cogió a tiempo la ola digital, Europa y, concretamente, el norte, tenemos muy buena industria.
Tenemos una industria muy enraizada: industria química, industria agroalimentaria, industria manufacturera, industria de precisión. Y tenemos buenas universidades. Lo que tenemos que hacer es trabajar conjuntamente, crear el ecosistema y dar las facilidades para que las empresas innovadoras crezcan muy rápidamente. Solo así, y solo si lo hacemos muy rápidamente, podremos competir con éxito.
Ya hemos asimilado los smartphones y estamos empezando a entender la IA. Si miramos a cinco o diez años vista en la industria de los semiconductores, ¿qué nuevo salto tecnológico va a cambiar por completo nuestra forma de vivir o trabajar?
La revolución que vamos a vivir va a ser claramente la de la IA. Lo que pasa es que aquí hay dos fuerzas que van a velocidades diferentes. Una es la fuerza de generación. Justamente lo que hemos hablado hasta ahora: hay unas inversiones que son billonarias en generación, en generar nuevos tipos de chips, en nuevos modelos fundacionales, modelos cada vez más potentes. Vemos los benchmarks cada día. Ahora ha salido ChatGPT 6 Astra. Por un lado, hay un desarrollo tecnológico como nunca antes, desbordante. El ritmo de adopción es más lento.
Y estamos viendo lo que llamamos una fase fluida. Esto se ha visto muchas veces en la historia. Es como cuando salen los ordenadores en los años ochenta. Las compañías no sabían exactamente qué ofrecer y la gente no sabía exactamente qué comprar. Los primeros ordenadores que mi generación tuvo en sus manos fueron el Commodore 64, el Spectrum. De ahí hasta el IBM PC pasaron diez años. Pero el IBM PC sentó el estándar y marcó qué iba a ser un ordenador y para qué iba a ser utilizado. Yo creo que eso es lo que vamos a ver con la IA en los próximos años.
Va a llegar un modelo de uso que probablemente no sea el actual. La IA llega a nuestras vidas como un bot conversacional: ChatGPT, tú le preguntas cosas y te responde. Ahora ya está evolucionando hacia una superapp y, probablemente, hacia un entorno profesional y personal de asistencia total.
Yo me imagino que el modo en que vamos a trabajar con la IA se va a parecer más a tener un asistente de nivel PhD al que podemos pedirle de todo, que nos solucione cualquier tipo de problema, cualquier tipo de búsqueda, cualquier tipo de documentación. Esto cambia las reglas de la economía.
Esa va a ser la revolución que vamos a ver: la llegada de la IA como una superapp de asistencia personal y profesional.
Usted conoce mejor que nadie hacia dónde va la tecnología mundial. A nivel humano y social, ¿qué riesgo realmente le quita el sueño a Xavier Ferràs en un momento como el actual, viendo todo lo que tenemos por delante en términos de desarrollo?
Bueno, yo creo que ahora hay un riesgo real, que es que hay un estrés por adoptar la IA. Creo que es muy importante que las compañías empiecen realmente a pensar en cómo hacerlo y que elaboren planes de adopción de la IA. Pero no hay que correr, porque la IA está todavía en una fase tremendamente inestable. Entonces, aquí se están dibujando muchos escenarios.
Por un lado, si quieres, si miras hacia Estados Unidos, la carrera es por la superinteligencia. Y vamos a tener modelos como el que te comentaba, como GPT 6 Astra, y saldrán otros superiores. Hay una competencia. Modelos que sepan resolver una ecuación de física cuántica y componer un poema de Shakespeare al mismo tiempo. Pero igual ese no es el futuro.
Estamos en una fase fluida. Igual no sabemos qué vamos a necesitar. Igual vamos a ver que necesitamos IAs mucho más pequeñitas y mucho más especializadas para usos concretos. Para un banco, para una empresa de distribución. Entonces, ahí está la discusión de cuál va a ser, al final, el modelo de uso claro, el modelo de servicio, la propuesta de valor y también la tecnología. Porque los modelos propietarios siguen una dinámica y los modelos abiertos ofrecen también otras posibilidades: te los puedes descargar gratis y pueden adaptarse especialmente a tu uso. Todo eso lo vamos a ver en los próximos años.
El riesgo es tomar decisiones precipitadas en este momento.