Antonio Castelo, analista de iBroker, considera que los mercados financieros atraviesan una fase de búsqueda de un nuevo equilibrio, más que una etapa sin dirección definida.
En su opinión, la elevada volatilidad responde a la convivencia de fuerzas contrapuestas: por un lado, una economía y unos beneficios empresariales que están resistiendo mejor de lo previsto y un sector tecnológico que continúa encontrando apoyo en la inteligencia artificial; por otro, un petróleo todavía caro, rentabilidades muy elevadas en los bonos y una incertidumbre geopolítica que sigue condicionando el comportamiento de los inversores.
Cuando se relajan el precio del crudo y las rentabilidades de la deuda, las bolsas reaccionan positivamente; cuando vuelven a subir, reaparecen inmediatamente las dudas sobre inflación, tipos de interés y valoraciones. Dentro de este escenario, Castelo presta especial atención a los bancos.
Explica que el mantenimiento de unos tipos de interés elevados durante más tiempo continúa siendo, en principio, favorable para el sector porque protege los márgenes de intermediación. Sin embargo, advierte de que esta relación tiene un límite: unos tipos excesivamente altos pueden terminar enfriando demasiado la economía, reduciendo la demanda de crédito y elevando la morosidad.
Por eso, el escenario óptimo para las entidades financieras no consiste en que los tipos sigan aumentando indefinidamente, sino en que permanezcan en niveles suficientemente elevados para sostener los márgenes sin provocar una recesión ni un deterioro importante de la calidad crediticia. De momento, considera que ese equilibrio continúa siendo razonablemente favorable.
También destaca que los bancos europeos afrontan esta situación con una generación de beneficios sólida y una elevada capacidad de remuneración al accionista.
A su juicio, el mercado está empezando a valorar que las entidades puedan mantener una rentabilidad elevada sin depender exclusivamente de los tipos de interés, apoyándose también en la eficiencia, el control de costes y la fortaleza del capital. Como ejemplo europeo menciona Société Générale, cuyo plan estratégico busca elevar la rentabilidad sobre fondos propios, mejorar la eficiencia y mantener importantes distribuciones de capital.
También señala positivamente a los italianos UniCredit e Intesa Sanpaolo por su rentabilidad y capacidad para devolver capital a sus accionistas. No obstante, después de las fuertes revalorizaciones acumuladas por el sector, Castelo cree que es necesario ser más selectivo.
En España, sus tres bancos preferidos siguen siendo Santander, BBVA y, especialmente, Bankinter, aunque por razones diferentes.
Banco Santander le resulta atractivo por su diversificación geográfica, el crecimiento de las comisiones y la mejora de la eficiencia. Resalta que en el primer semestre incrementó alrededor de un 15% su beneficio ordinario y alcanzó un ROTE del 15,6%, además de mantener una política relevante de recompras de acciones que beneficia al accionista.
En BBVA, Castelo destaca fundamentalmente su elevada rentabilidad. Señala un ROTE superior al 22% en el segundo trimestre y recuerda que la entidad elevó su objetivo de rentabilidad para 2026 hasta aproximadamente el 21%.
Su fortaleza procede especialmente de México y Sudamérica. Precisamente ahí se encuentra también su principal contrapartida: esa mayor exposición internacional aporta potencial de crecimiento, pero introduce más volatilidad macroeconómica y de divisas.
De los tres, Bankinter es el banco que más le gusta actualmente. Castelo valora que ofrece una exposición mucho más directa a España y a la zona euro y, por tanto, presenta menos riesgo asociado a mercados emergentes.
Considera que, en un contexto en el que la economía española sigue mostrando una resistencia razonable y los tipos permanecen elevados, su perfil continúa siendo atractivo. Además, expresa una valoración especialmente positiva de su gestión, hasta el punto de considerarlo uno de los bancos españoles mejor gestionados de los últimos años.