Esta tendencia, conocida como economía emocional, ha pasado en pocos años de ser un fenómeno anecdótico a convertirse en un motor de consumo con cifras multimillonarias.
De hecho, este segmento podría superar los 4,5 billones de yuanes en los próximos años, lo que equivale a más de 650.000 millones de euros.
Este crecimiento se produce en paralelo a una desaceleración general del consumo, lo que refuerza la idea de que el componente emocional está ganando peso frente a decisiones racionales.
Comprar sentimientos, identidad y conexión
Uno de los aspectos más relevantes de esta tendencia es el cambio en la motivación de compra. Ya no se trata únicamente de adquirir bienes útiles, sino de buscar experiencias que aporten significado personal.
Ashley Dudarenok, fundadora de la consultora ChoZan, explicó a la cadena estadounidense CNBC que “la gente no solo compra cosas, están comprando sentimientos, identidad y una sensación de conexión”, declaraciones a la cadena estadounidense CNBC que reflejan claramente el nuevo paradigma.
Ejemplos cotidianos ilustran este fenómeno. Consumidores jóvenes acumulan productos de personajes, artículos de diseño o experiencias vinculadas al ocio y el entretenimiento. Aunque en ocasiones estas compras puedan parecer poco prácticas, su valor reside en el impacto emocional que generan.
Durante celebraciones clave como el Año Nuevo chino, esta evolución se hace especialmente visible. Según datos citados por analistas en declaraciones a la cadena estadounidense CNBC, ha disminuido el gasto en productos tradicionales asociados a obligaciones sociales, mientras aumentan las inversiones en viajes, cosmética o artículos personalizados.
Sectores en auge dentro de esta tendencia
La economía emocional no se limita a un único sector, sino que atraviesa múltiples industrias. Entre las categorías con mayor crecimiento destacan los parques temáticos, el entretenimiento, la cosmética, la joyería y los productos vinculados al bienestar personal.
También se observa un aumento en la demanda de artículos sensoriales como velas aromáticas o experiencias inmersivas. Este tipo de consumo responde a una necesidad de desconexión y búsqueda de equilibrio en un entorno cada vez más competitivo.
El auge del entretenimiento nacional, con producciones que baten récords de taquilla, refuerza este patrón. Los consumidores están dispuestos a invertir en ocio que les proporcione experiencias memorables, lo que impulsa toda una cadena de valor asociada.
¿Respuesta al estrés o fruto de la prosperidad?
Los expertos no coinciden plenamente en las causas que explican este fenómeno. Una corriente de análisis interpreta este comportamiento como una respuesta al estrés económico y social.
El aumento del coste de vida, las dificultades para acceder a la vivienda y la presión laboral han generado un contexto en el que los consumidores buscan pequeñas recompensas emocionales.
Allison Malmsten, analista de DaXue Consulting, señaló en declaraciones a la cadena estadounidense CNBC que “los caminos tradicionales hacia la estabilidad, como adquirir vivienda o formar una familia, se han vuelto más difíciles de alcanzar”. Esto ha llevado a muchos a priorizar gastos que aporten satisfacción inmediata.
Sin embargo, otros expertos consideran que este cambio también está relacionado con el aumento de la riqueza acumulada en determinadas generaciones. Bo Chen, investigador de la Universidad Nacional de Singapur, afirmó en declaraciones a la cadena estadounidense CNBC que “esta generación no tiene que preocuparse tanto por sus vidas como las anteriores”. Este contexto permite una mayor libertad para destinar recursos a consumo emocional.
El efecto de los seis bolsillos
Factores estructurales también ayudan a entender este fenómeno. El llamado efecto de los seis bolsillos, derivado de la política del hijo único, ha concentrado recursos familiares en una sola persona. Esto ha generado una base de consumidores jóvenes con mayor respaldo económico.
Además, la mejora en la calidad de los productos duraderos ha reducido la necesidad de reemplazo frecuente, liberando capacidad de gasto para otros fines. Al mismo tiempo, el crecimiento urbano y la digitalización han favorecido la aparición de nuevas formas de consumo vinculadas a experiencias y emociones.
La combinación de estos elementos ha creado un entorno propicio para el desarrollo de este modelo económico, que ya está siendo analizado por gobiernos locales y empresas como una oportunidad estratégica.
Empresas y administraciones buscan capitalizar la tendencia
El auge de esta forma de consumo no ha pasado desapercibido. Tanto el sector privado como las administraciones públicas están explorando fórmulas para aprovechar este cambio en las preferencias de los consumidores.
Algunas ciudades chinas han comenzado a integrar este concepto en sus planes de desarrollo económico, identificando oportunidades en industrias culturales, turismo y ocio. Paralelamente, las empresas están rediseñando sus propuestas de valor para conectar emocionalmente con sus clientes.
Según analistas, el reto consiste en crear experiencias que generen vínculos duraderos. No se trata solo de vender productos, sino de construir narrativas y sensaciones que fidelicen al consumidor en un mercado cada vez más competitivo.