En este periodo de más de un mes, muchos gestores han optado por buscar refugio en la liquidez como defensa para evitar minusvalías indeseadas. Pero, en general, los que han querido comprar han comprado y los que han querido vender han vendido sus activos financieros. Todo ello, en un escenario bélico que se presumía corto y que se agravó con el cierre del estrecho de Ormuz y la dificultad de Estados Unidos para hacer esa vía transitable para los barcos petroleros y gasistas.
Recientemente, los organismos supervisores han permitido a los pequeños inversores invertir en vehículos (fondos de capital riesgo, de infraestructuras e inmobiliarios) que no garantizan la liquidez diaria de los instrumentos financieros donde los plazos de venta se prolongan como mucho durante 48 horas. Y es en estos momentos de confusión, de elevada volatilidad y no pocas veces de pánico que la falta de liquidez en las inversiones se convierte en el peor escenario posible. Tal vez cuando se comercializan y se avisa de que la venta solo podrá realizarse a unos años vista o que solo contará con un par de ventanas de liquidez a lo largo del año, el inversor no se sitúe en un momento de pánico.
Normalmente, estas situaciones de falta de liquidez han afectado al mercado inmobiliario. Bancos con Santander y BBVA liquidaron sus fondos inmobiliarios tras la crisis del ladrillo donde resultaba difícil vender a un precio razonable (las vueltas que da la vida) y optaron por devolver con distintas estrategias, unas más generosas y otras más cicateras, el dinero a sus partícipes. Los fondos inmobiliarios en España terminaron su corta vida al demostrarse falso el paradigma de que el ladrillo nunca bajaba.
Algo similar ocurrió en 2024 en Estados Unidos con el caso del Blackstone Breit donde la mayor gestora del mundo limitó los rescates de su dinero, argumentando que no querían malvender los edificios y generar pérdidas. Y más famosa y gigante fue la crisis de la china Evergrande que se encontró con una deuda astronómica y sin la capacidad de vender edificios por la sobreproducción de vivienda en el gigante asiático.
Estas situaciones también se han producido en los líquidos mercados de deuda soberana. La crisis de los bonos en Silicon Valey Bank en mayo de 2023 puso en entredicho a toda la banca mediana del país. Este banco tenía sus bonos a vencimiento y no había valorado la pérdida por la subida de los tipos de interés. Cuando los ahorradores retiraron depósitos de forma masiva, tuvo que vender con pérdidas para darles liquidez. Todo terminó con la compra del banco.
Y también se vivió un episodio curioso en Reino Unido con un anuncio presupuestario que provocó la caída del precio de los bonos y los inversores institucionales tenían que venderlos para cubrir posiciones en derivados, pero no había demanda suficiente para comprarlos. Al final, el Banco de Inglaterra resolvió la situación.
En la bolsa pasa más desapercibido. Si un fondo está metido en empresas con escaso volumen de negocio diario tendrá dificultades para vender si se ha hecho con un paquete importante de acciones. Seguramente, las ventas continuadas de ese fondo acabarán por ir reduciendo poco a poco la plusvalía latente si la hubiera.
Ahora la amenaza está en fondos que han prestado dinero a empresas y en donde también participan numerosos inversores particulares sobre todo en Estados Unidos.. En vez de recurrir al tradicional canal bancario, estos fondos se han encargado de aportar el dinero. El temor a impagos en unos créditos que mueven 1,6 billones de dólares en el mundo preocupa a las autoridades financieras. Pero también podemos estar ante otro caso de iliquidez si el inversor se quiere salir del negocio. Por ejemplo, Emilio Ortiz, director de inversiones de Mutuactivos indicaba en la carta semanal a sus clientes que existe un mercado secundario para estos préstamos, pero la liquidez es típicamente muy reducida. Esto no supone un problema para un inversor institucional, dispuesto a aceptar compromisos de inversión a largo plazo a cambio de una prima de rentabilidad, pero limita mucho el interés del cliente minorista, acostumbrado a invertir en fondos con liquidez diaria", explica.
Capital riesgo, crédito privado o inmobiliario son opciones que se han abierto a los pequeños inversores, atraídos por mayores rentabilidades (sobre todo en los años de los tipos cero o negativos), pero que tienen en la menor liquidez su contrapunto negativo. Esperar a vencimientos o aguardar a que se abran las ventanas de liquidez requiere de nervios de acero y de conocer bien las características de estos productos.