Aprovechando la visita del Papa, la pregunta es obligada. ¿Cómo se materializan en la cartera de un fondo de inversión mensajes como el cuidado de la casa común o la construcción de una economía inclusiva?
La clave está en leer y estudiar muy bien qué dice el Vaticano en este sentido. Principium se lanzó en 2016, hace ya bastantes años, y nació tanto de la demanda de algunos clientes como de la inspiración de la encíclica Laudato si’, del Papa Francisco. En ella se ponían de manifiesto sus inquietudes respecto a la situación medioambiental del mundo, la dignidad humana y las consecuencias sociales de determinados modelos económicos.
A partir de ahí se fue construyendo un discurso que culmina, en cierto modo, en 2022 con la publicación de la carta Mensuram Bonam, que es el documento sobre el que actualmente se basa Principium. Se puede invertir perfectamente siguiendo los criterios de la Doctrina Social de la Iglesia. Lo más importante es tener muy interiorizado que la tecnología, el cuidado del medio ambiente y la propia economía deben estar al servicio del ser humano y de la dignidad humana. Este concepto aparece de forma muy clara en muchas de las encíclicas recientes, tanto del Papa Francisco como del Papa León XIV. Todo gira en torno a ese principio.
Al aplicar la Doctrina Social de la Iglesia, tenemos que utilizar una serie de criterios excluyentes que restringen nuestro universo de inversión, aunque no de forma absoluta. Después, en el caso de Principium, al tratarse de un fondo artículo 8, aplicamos criterios ASG y buscamos compañías best in class dentro del universo que queda tras aplicar esas exclusiones. Ese sería, de forma resumida, nuestro proceso de inversión.
La hoja de ruta del fondo bebe directamente de Mensuram Bonam. Principium se lanzó en 2016, pero ¿en qué momento identificáis desde la gestora que existe un nicho real de inversores que demanda alinear su fe con sus ahorros sin renunciar a la rentabilidad?
En origen, nuestra base de clientes estaba formada principalmente por órdenes religiosas, fundaciones y personas muy sensibilizadas con la fe. Es cierto que cuesta más extender este discurso hacia otros colectivos, porque para muchos inversores la premisa principal sigue siendo obtener rentabilidad. A veces se olvida cómo se está obteniendo esa rentabilidad.
Dicho esto, esta filosofía va calando cada vez más en la sociedad. Hay inversores dispuestos a destinar una parte de sus ahorros a una forma de inversión alineada con estos principios. Pero, en sus inicios, el fondo estaba muy vinculado a órdenes religiosas, fundaciones, centros educativos y entidades similares.
¿Nos puedes dar algún ejemplo concreto de compañías en cartera que representen ese ideal?
Hay compañías que cumplen bien con los criterios excluyentes y que, además, obtienen buenas puntuaciones en materia medioambiental, social y de gobernanza. Por ejemplo, podemos mencionar KPN, la operadora de telecomunicaciones de Países Bajos; Puma, el fabricante de ropa deportiva; o Segro, una compañía inmobiliaria muy sensibilizada con cuestiones medioambientales y con una buena gobernanza.
Son tres ejemplos claros. Nosotros siempre tratamos de establecer un límite mínimo en términos de puntuación. Si una compañía cumple con los criterios excluyentes, pero después presenta deficiencias importantes en otros ámbitos ASG, la descartamos.
En cuanto a los criterios de exclusión, habláis de compañías vinculadas al armamento, investigación con células madre o países con pena capital, entre otros aspectos. Pero ¿cómo evaluáis las zonas grises? Por ejemplo, gigantes tecnológicos con prácticas laborales polémicas.
Esa es una muy buena pregunta. Normalmente, estas compañías cumplen estrictamente con los criterios excluyentes y suelen obtener muy buenas puntuaciones en aspectos medioambientales y de gobernanza. Sin embargo, en el ámbito social es donde algunas de ellas pueden presentar más problemas. Algunas tecnológicas han tenido conflictos con las autoridades en cuestiones relacionadas con horarios laborales o condiciones de trabajo. Es cierto que en algunos casos han recibido advertencias, especialmente en la Unión Europea, pero también tienen una enorme capacidad para rectificar y cumplir.
Eso también debemos valorarlo. Si una compañía recibe una advertencia, corrige sus prácticas y además cuenta con productos extraordinarios y una gestión sólida, puede seguir teniendo sentido mantenerla en cartera. Pero, sin duda, es uno de los puntos que analizamos con más precisión en el sector tecnológico.
Principium es un fondo mixto que puede invertir en renta variable y renta fija, y que contempla hasta un 40% en deuda pública. ¿Se aplica el filtro ético de la misma manera en deuda? Por ejemplo, ¿puede comprar Principium bonos de un Estado que esté financiando conflictos armados?
Ese 40% responde al folleto de un fondo que se constituyó en 2016. Es cierto que no hemos modificado ese folleto, aunque quizá deberíamos hacerlo, porque en la práctica nunca hemos llegado ni de lejos a consumir ese porcentaje. Trabajamos mucho con entidades supranacionales, que nosotros consideramos una especie de deuda pseudopública. Hablo, por ejemplo, del Banco Europeo de Inversiones, el Banco Africano de Desarrollo o el Banco Asiático de Desarrollo. Este tipo de instituciones encajan muy bien dentro del fondo.
Ahora bien, también quiero ser muy honesto. En momentos muy puntuales y de forma táctica, cuando no encontramos una idea suficientemente atractiva dentro de la renta fija que cumpla todos los criterios, podemos colocar una pequeña parte de la tesorería en instrumentos como letras del Tesoro a muy corto plazo. Por ejemplo, actualmente tenemos alrededor de un 1% de la cartera invertido en letras emitidas por el Tesoro británico. Eso podría parecer que entra en tensión con algunos de los criterios relacionados con defensa, pero se trata de posiciones mínimas, muy tácticas y de muy corto plazo.
También hay gobiernos que nos parecen interesantes. En Canadá, por ejemplo, tenemos diversificación en dólares canadienses a través de la provincia de Ontario. También hemos comprado deuda del Gobierno australiano. Australia se sitúa en ese umbral de no superar el 2% de gasto en defensa sobre déficit público, con un enfoque más orientado a la defensa que a la venta proactiva de armamento.
Esa es la filosofía. No voy a negar que, de forma muy coyuntural y en porcentajes mínimos, pueda haber habido alguna letra del Tesoro estadounidense o británica. Pero son casos puntuales y muy acotados.
Al excluir determinados sectores que pueden actuar como defensivos en momentos concretos, como defensa o ciertas petroleras, ¿cómo protege el fondo el capital cuando vienen curvas fuertes en los mercados?
Principium es un fondo con una volatilidad muy controlada. No solemos superar volatilidades del 3%, y eso es un factor muy relevante para los inversores. Con ese nivel de volatilidad, evidentemente, no se pueden esperar rentabilidades del 10% o del 15%, pero sí una gestión muy prudente del riesgo.
En cuanto a coberturas, nosotros nunca utilizamos derivados con criterio de inversión, es decir, con la idea de invertir en compañías que probablemente quedarían excluidas por nuestros criterios. Lo que sí hacemos es utilizar derivados para proteger la cartera.
Por ejemplo, podemos emplear opciones put para cubrir parte de la exposición. Aunque la cartera no esté perfectamente correlacionada con el índice utilizado para cubrir, como puede ser el S&P 500, la operación se plantea como una protección, no como una inversión. Al comprar una opción de venta, no estamos rompiendo la filosofía del fondo, sino utilizando una herramienta para protegernos. Solemos utilizar estrategias con opciones, como put spreads, que nos ayudan a proteger la rentabilidad que va acumulando el fondo con el paso del tiempo. Actualmente, el fondo tiene en torno a un 18% invertido en renta variable y el resto en renta fija.
Este año, pese al entorno complejo para la renta fija, prácticamente toda la rentabilidad viene por el lado de la renta variable. Aun así, el fondo acumula una rentabilidad aproximada del 1,60%. Por eso tiene sentido proteger parte de esa exposición a renta variable, especialmente ahora que la volatilidad ha bajado y el coste de las coberturas resulta más atractivo.
En los mercados siempre ha existido el mito de que la inversión socialmente responsable estricta sacrifica rentabilidad por limitar el universo de inversión. Como gestor de una estrategia mixta defensiva, ¿qué dicen los números?
Desde 2016, el fondo acumula una rentabilidad cercana al 40%, con un consumo de riesgo en renta variable que ha estado, de media, alrededor del 20%. Es cierto que, visto en un periodo de casi diez años, alguien podría pensar que no es una rentabilidad extraordinaria. Pero hay que tener en cuenta que durante aproximadamente cuatro o cinco años convivimos con rentabilidades negativas en renta fija. No obteníamos prácticamente nada por ese lado.
Si entramos en un entorno de tipos más normalizados —ni tipos elevadísimos ni tipos negativos como los que vimos en la década pasada—, lo lógico es que este fondo pueda cumplir su objetivo: batir moderadamente la inflación.
No es fácil, especialmente cuando la inflación se acelera mucho y podemos convivir con tipos reales negativos. Pero esa es la filosofía: tratar de superar la inflación con una volatilidad muy baja y con una cartera de renta fija muy sólida.
Nuestro rating medio es A-, lo que refleja una calidad crediticia elevada. El fondo no tiene actualmente exposición a high yield; está construido íntegramente sobre deuda investment grade.
También quiero ser honesto: este estilo de inversión limita el universo de inversión. Pero hay algo muy interesante: la Doctrina Social de la Iglesia y los criterios excluyentes no nos dejan fuera de sectores de crecimiento secular. No nos sacan de la tecnología, ni de la revolución en infraestructuras, centros de datos y otros ámbitos estructuralmente atractivos.
Sí nos han dejado fuera de sectores como petróleo o defensa. Si el petróleo se dispara, no podemos beneficiarnos de ese rally. Y lo mismo ocurre con defensa. Pero no tengo claro que petróleo y defensa sean necesariamente sectores de crecimiento secular a largo plazo; pueden responder más a factores coyunturales.
Por tanto, aunque en el corto plazo podamos renunciar a determinadas oportunidades, la filosofía del fondo nos permite seguir expuestos a grandes tendencias de crecimiento, siempre dentro de los límites éticos y de riesgo que nos hemos marcado.