La medida busca estabilizar el suministro nacional de combustibles y contener el aumento de precios en un país que depende en gran medida de las importaciones de crudo.
El movimiento recuerda inevitablemente a la crisis energética de la década de 1970, cuando el embargo petrolero árabe obligó a Japón a crear uno de los sistemas de reservas estratégicas más grandes del mundo.
Una liberación récord para asegurar el suministro
El plan anunciado por el Ejecutivo japonés contempla liberar aproximadamente 80 millones de barriles de petróleo almacenados en las reservas nacionales. Esta cantidad equivale a unos 45 días de consumo para una economía altamente dependiente de la energía importada.
El objetivo inmediato es aliviar la presión sobre el mercado interno de combustibles. Desde el inicio de las hostilidades en la región del Golfo Pérsico, los precios de la gasolina han comenzado a aumentar en Japón debido a la incertidumbre sobre el suministro de crudo procedente de Oriente Medio.
El Estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo, se ha convertido en uno de los principales focos de preocupación para los mercados energéticos.
Cualquier interrupción prolongada en esa vía marítima podría generar graves problemas de abastecimiento para los países que dependen del petróleo de la región.
Coordinación con la Agencia Internacional de la Energía
La decisión japonesa también se enmarca dentro de una posible estrategia coordinada entre países industrializados. La Agencia Internacional de la Energía está estudiando la liberación conjunta de hasta 400 millones de barriles de reservas estratégicas para contrarrestar el choque de oferta provocado por el conflicto.
Las autoridades japonesas todavía no han confirmado qué parte del petróleo liberado se destinará a esa posible operación internacional. No obstante, el Gobierno ha pedido a las refinerías nacionales que utilicen el crudo procedente de las reservas para garantizar el abastecimiento interno.
Si se ejecuta el plan completo, las reservas petroleras japonesas podrían reducirse aproximadamente un 17%, aunque seguirían manteniéndose en niveles elevados en comparación con otros países desarrollados.
El sistema de reservas energéticas japonés
Japón comenzó a desarrollar su sistema nacional de almacenamiento de petróleo en 1978, pocos años después del embargo energético que sacudió a la economía mundial en 1973. Aquella crisis puso de manifiesto la vulnerabilidad energética del país asiático, que carece prácticamente de recursos naturales propios.
Desde entonces, el país ha construido una compleja red de depósitos estatales y privados destinados a garantizar el suministro en situaciones de emergencia.
Actualmente Japón dispone de reservas equivalentes a unos 254 días de consumo nacional, sumando las existencias del Estado y del sector privado. Este volumen sitúa al país entre las economías con mayor capacidad de respuesta ante crisis energéticas.
Según el Ministerio de Economía, Comercio e Industria, el plan actual contempla liberar inicialmente 15 días de reservas almacenadas por compañías privadas y aproximadamente un mes de suministro procedente de los depósitos estatales.
Un margen de maniobra limitado
Los expertos del sector energético advierten, sin embargo, de que las reservas estratégicas tienen una capacidad limitada para compensar interrupciones prolongadas del suministro global.
Según informa Reuters, el director ejecutivo de la consultora Yuri Group, Yuriy Humber, explicó la función real de estas reservas energéticas. “Las reservas pueden ayudar a estabilizar los suministros y los precios a corto plazo, pero principalmente dan tiempo. No pueden compensar completamente una prolongada interrupción en el Estrecho de Ormuz”.
En otras palabras, el objetivo principal de liberar petróleo es evitar una reacción inmediata del mercado mientras los gobiernos buscan alternativas de suministro.
Búsqueda de proveedores alternativos
El Gobierno japonés también está trabajando en diversificar temporalmente sus fuentes de importación.
El ministro de Economía, Comercio e Industria, Ryosei Akazawa, ha confirmado que Tokio está explorando compras adicionales de petróleo procedentes de Estados Unidos, Asia Central, Sudamérica y otros países del Golfo que puedan evitar rutas de transporte vulnerables.
Actualmente cerca del 90% del petróleo que consume Japón procede de Oriente Medio, lo que convierte al país en una de las economías más expuestas a cualquier crisis en la región.
Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, Japón redujo significativamente sus compras de crudo ruso y aumentó ligeramente las importaciones desde Estados Unidos. En la actualidad, alrededor del 4% del petróleo japonés proviene de territorio estadounidense.
El administrador de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, Lee Zeldin, subrayó el papel potencial de su país como proveedor energético alternativo. “Cuando miras el conflicto en Oriente Medio te recuerdas a todo ese crudo que ha ido de Alaska a Japón y que nunca fue objetivo de un ataque terrorista exitoso”, afirmó. También añadió que “muchas otras naciones del Indo-Pacífico pueden mirar hacia Estados Unidos, donde tenemos los recursos”.