Cuando la noche del 28 de febrero Israel y EEUU iniciaron los ataques contra Irán, los mercados de todo el mundo contuvieron la respiración, pero también pusieron sus esperanzas en que el conflicto pudiese finalizar en un corto espacio de tiempo. Sin embargo, las semanas pasaban mientras la guerra se extendía a otros países de la región y el estrecho de Ormuz, por el que fluían una quinta parte del petróleo y del gas natural mundial, quedaba cerrado a cal y canto. No fue hasta el 17 de junio cuando EEUU e Irán firmaron un memorando de entendimiento para reabrir Ormuz y negociar una paz permanente, y desde entonces ha habido muchos altibajos, con cruces de ataques y amenazas entre los contendientes que están manteniendo en vilo a los mercados.
Pero incluso dando por bueno que se mantenga el acuerdo y se alcance la paz en el período estipulado de 60 días, la gran duda es cómo de profunda ha sido la herida que esta guerra ha causado a la economía mundial. Por lo pronto, ya ha cambiado el paso de los bancos centrales. El Banco Central Europeo (BCE) no esperó al fin del conflicto para subir los tipos de interés el pasado mes de junio hasta el 2,25%. Aunque la subida fue modesta y no tuvo continuidad en julio, fue la primera que realizaba la institución presidida por Christine Lagarde en casi tres años.
La medida fue acompañada de unas previsiones poco halagüeñas. Los expertos del Eurosistema esperan que la tasa de inflación general se sitúe, de media, en el 3% en 2026, el 2,3% en 2027 y el 2% en 2028. En cuanto a la evolución del PIB, prevén que el crecimiento económico se sitúe en el 0,8% en 2026, el 1,2% en 2027 y el 1,5% en 2028. Hay que tener en cuenta que estas previsiones fueron anteriores al acuerdo entre EEUU e Irán, por lo que quizás podría ser más adecuado ceñirse al ‘escenario ‘moderado’ que contemplaba el staff del BCE: en este, el PIB crecería este año un 0,8%, en línea con el escenario base, pero se aceleraría en 2027 al 1,4% y al 1,6% un año después. La inflación sería este año del 2,9%, pero bajaría al 1,8% en los dos años posteriores, mientras que la tasa subyacente alcanzaría en 2026 el 2,4% y el 2,3% en 2027, situándose en 2028 en el 2,1%.
Hazte Premium y recibe la revista mensual de Estrategias de Inversión
Ya con el acuerdo de paz sobre la mesa, la Reserva Federal mantuvo los tipos en el rango entre el 3,50% y el 3,75% tanto en junio como en julio, pero también abrió la puerta a una subida de los tipos en la segunda mitad del ejercicio. En el caso de la Fed, no obstante, es un poco más difícil hacer un pronóstico sobre futuros movimientos, ya que el nuevo presidente de la institución, Kevin Warsh, no dio pistas al abstenerse de participar en el denominado ‘diagrama de puntos’ [en el que los miembros de la Fed hacen públicas sus proyecciones].
En todo caso, los funcionarios de la Fed elevaron su previsión de inflación (PCE) para 2026 al 3,6% en el dato general y al 3,3% en la subyacente, que excluye alimentos y energía. Para 2027, la inflación debería bajar hasta el 2,3%, con la subyacente en el 2,5%. También redujeron ligeramente su previsión de crecimiento del PIB al 2,2%, 0,2 puntos porcentuales menos que en marzo.
Europa respira con el acuerdo
Buena parte de si las previsiones del BCE y la Fed son acertadas o no dependerá de cómo evolucionen los precios de la energía. Y lo cierto es que, “aunque se reabra el estrecho de Ormuz, es poco probable que la normalización de los flujos de petróleo sea inmediata”, avisa Kerstin Hottner, responsable de materias primas en Vontobel. “El aumento de la producción se ve limitado por cuellos de botella operativos y problemas logísticos, mientras que el tráfico de petroleros seguirá siendo cauteloso debido a las continuas incertidumbres en materia de seguridad y seguros”.
Thomas Hempell, responsable de análisis de mercados macroeconómicos en Generali Investments, también coincide que “cualquier mejora en el suministro energético no será inmediata”, a pesar del acuerdo. “La normalización de las compras de petróleo en la región llevará tiempo, mientras que el mercado europeo del gas probablemente seguirá tenso a medida que los países reconstruyen sus reservas, agotadas durante el verano”. Por ejemplo, la capacidad de exportación de GNL de Catar se habría reducido en torno a una sexta parte, lo que apunta a una recuperación lenta.
Para Hempel, “los principales beneficiados” del reciente memorando de entendimiento “son las grandes economías importadoras de energía”, entre las que se encuentran las de la eurozona. “Si los flujos energéticos se normalizan, las perspectivas de inflación mejorarán de forma significativa, reduciendo la presión sobre los bancos centrales preocupados por un posible resurgimiento de los shocks de precios impulsados por la energía”. Esto, a su vez, “refuerza el argumento para que el BCE y la Fed mantengan los tipos sin cambios, en lugar de validar las expectativas del mercado de nuevas subidas”.
“La zona euro debería salir ganando de este escenario, tras haber sido la región más afectada por la crisis energética”, abunda Sebastian Paris Horvitz, director de análisis de LBP AM (LFDE). “El giro a la baja de los precios de la energía debería tranquilizar a los bancos centrales en lo que respecta a las perspectivas de inflación. Este hecho corrobora nuestra visión, que apuesta por el mantenimiento de los tipos de interés de referencia del BCE durante los próximos meses”.
¿Qué harán el BCE y la Fed tras el verano?
Pero no todos los expertos están convencidos, sino que muchos sí anticipan un endurecimiento de la política monetaria por parte del BCE. De hecho, la herramienta ECB Watch, que analiza los contratos de futuros de tipos de interés a corto plazo del BCE (€STR), ve la probabilidad de una nueva subida de tipos para septiembre por encima del 60%. Rosa Duce, Chief Investment Officer de Deutsche Bank en Iberia, cree que la institución realizará este año otro aumento de tipos de 25 puntos básicos. “Es suficiente para anclar las expectativas de inflación. Los tipos en el 2,5% en Europa están en la banda alta de los niveles neutrales, por lo que no deberían frenar el crecimiento”.
En su su informe de previsiones económicas para el segundo semestre de 2026, Deutsche Bank ha rebajado el crecimiento de la Eurozona a un 0,9% para 2026, debido a los crecientes costes de la energía a consecuencia del conflicto en Oriente Medio, que ya comenzaron a lastrar la actividad y el consumo privado. Eso sí, ha mejorado las perspectivas sobre España, que crecerá un 2,6% en 2026, liderando el crecimiento entre las grandes economías europeas, por delante de Italia (0,8%), Francia (0,8%) y Alemania (0,7%).
Según Duce, “los motivos por los que España se comporta mejor que sus vecinos europeos tienen que ver con un mix energético en el que las renovables tienen un peso creciente y su modelo de crecimiento más vinculado al sector servicios, menos afectado por los mayores costes de la energía si se compara con la industria”.
El equipo de análisis de ING Think que capitanea Carsten Brzeski sigue previendo también “una segunda subida de tipos este verano, incluso con la caída de los precios de la energía”. Sin embargo, “se prevé que la inflación alcance un pico menor y que, en nuestro escenario base, se sitúe en torno al 3% en el cuarto trimestre”. “Una vez que se aclare que los efectos de una segunda ronda son mínimos, y ante la ausencia de una recuperación del crecimiento, prevemos un único recorte de tipos a mediados de 2027 para contrarrestar parte del efecto protector de la política monetaria restrictiva de este verano”.
Al otro lado del Atlántico, la Reserva Federal se enfrenta a un escenario distinto, según destaca Deutsche Bank. EEUU goza de una mayor independencia energética, lo que minimiza el impacto directo del conflicto exterior, pero la resiliencia de su economía interna y una inflación persistente obligarán a mantener una postura restrictiva durante más tiempo. Debido a ello, Rosa Duce descarta nuevas subidas en EEUU, pero advierte sobre el calendario de relajación monetaria: “Si realmente nosotros pensamos que el shock inflacionista va a ser temporal, creemos que a la Fed no le hace falta subir más los tipos. Lo que puede hacer es retrasar esas bajadas que esperábamos antes y que probablemente va a llevar al año 2027”.
“Una pausa prolongada es más probable que una subida de tipos”, coincide Brzeski. “Nuestro escenario base prevé que la inflación baje al 3,6% en el cuarto trimestre y se acerque al objetivo del 2% para el próximo verano”. Esto se debe a “la moderación de los salarios, la caída de los precios de la energía, la disminución del impacto de los aranceles y la desaceleración de la inflación inmobiliaria”.