Silvia, llevas casi 21 años en Estrategias de Inversión. En todo este tiempo, ¿cómo han cambiado la geopolítica, las inversiones y, en general, los mercados financieros?

Ha cambiado muchísimo. Cuando empecé, hace casi 21 años, veníamos de un entorno relativamente similar al actual: tipos de interés al alza e inflación por encima de los objetivos de los bancos centrales.

Después atravesamos una recesión y una crisis que nos llevó al escenario contrario, con tipos de interés muy bajos, incluso en el 0%, y poca inflación.

Ahora estamos de nuevo en una situación que, en algunos aspectos, recuerda a la de hace casi dos décadas. Volvemos a hablar de tipos de interés al alza, inflación, materias primas en niveles que no habíamos visto durante años y niveles de endeudamiento también muy elevados.

En cierto modo, hemos vuelto al punto de origen. Esto demuestra que la economía es cíclica y que hay determinados ciclos que se van repitiendo con el paso de los años.

¿Y qué ocurre con la geopolítica? ¿Está más convulsa que nunca o quizá hemos olvidado cómo era el mundo hace 20 años? Las materias primas están disparadas, la rentabilidad de los bonos sube… Parece que todo se ha complicado al mismo tiempo.

Parece que todo se ha juntado, pero en realidad estamos viendo las consecuencias de problemas que llevan años gestándose. El endeudamiento de los países, por ejemplo, no es algo nuevo. Llevamos muchos años sin abordar determinadas reformas estructurales y es un problema sobre el que se viene advirtiendo desde hace tiempo. En el caso de las materias primas, el conflicto geopolítico ha tenido un impacto evidente, pero detrás existe también un problema que lleva años sin resolverse: la necesidad de que los países tengan una mayor independencia energética.

Y en los bonos estamos viendo, en buena medida, la consecuencia de todo lo anterior. El encarecimiento del petróleo presiona al alza la inflación; los bancos centrales se ven obligados a mantener o elevar los tipos de interés y eso, a su vez, incrementa los rendimientos de la deuda y encarece la financiación de los Estados.

Por tanto, aparentemente estamos ante un escenario negativo, pero también es un entorno que puede generar oportunidades.

Sin embargo, las empresas siguen presentando resultados muy sólidos y buenas perspectivas tanto en Estados Unidos como en Europa. ¿Lo negativo del escenario macroeconómico todavía no está afectando a los fundamentales empresariales?

De momento, no. Venimos de un 2025 de resultados récord y 2026 también puede ser un año de resultados muy sólidos, siempre que la inflación y los tipos de interés dejen de sorprender al alza.
Si los bancos centrales se ven obligados a aplicar un endurecimiento monetario mayor del esperado o si el petróleo continúa escalando, entonces sí podríamos empezar a ver un impacto sobre los resultados empresariales.

Para los inversores con mayor aversión al riesgo, ¿sigue siendo el oro uno de los activos de referencia para protegerse frente a la inflación? ¿Qué dicen los analistas? ¿Todavía tiene recorrido?

Sí, el oro puede seguir teniendo recorrido porque existen factores estructurales que lo respaldan. Entre ellos están las compras de los bancos centrales, los elevados niveles de endeudamiento de los Estados y determinados desequilibrios estructurales de los gobiernos.

Pero también existen alternativas. La renta fija, que durante mucho tiempo prácticamente dejó de ser una opción para los inversores conservadores, vuelve a competir con la bolsa y puede ser de nuevo un activo válido para ese perfil de inversor.

La bolsa española se ha comportado incluso mejor, en términos generales, que la estadounidense. ¿Qué diferencia al mercado español? ¿Sigue teniendo potencial de cara a lo que queda de 2026 y a 2027?

Para muchos analistas, sí. Una de las principales diferencias está en la composición del mercado español.
Durante los últimos años hemos vivido una auténtica eclosión de la tecnología, la inteligencia artificial y todo lo relacionado con estos sectores. Ahora, en cambio, el mercado ha vuelto a prestar más atención a sectores tradicionales.

La banca ha sido uno de los principales motores no solo de la bolsa española, sino también de las bolsas europeas, y el sector continúa mostrando fortaleza. El endeudamiento de familias y empresas se mantiene en niveles razonables y, mientras los tipos de interés se mantengan elevados, el negocio bancario puede seguir beneficiándose.

¿Y qué es el IBEX 35? Es un índice con un peso muy importante de la banca. Por eso, mientras este sector mantenga su fortaleza, puede seguir siendo un apoyo relevante para el selectivo..

En Estados Unidos se celebran este año las elecciones de mitad de mandato. ¿Qué implicaciones podría tener para los inversores un Congreso dividido entre republicanos y demócratas?

Una de las posibilidades que se plantea es que el control de las dos cámaras quede dividido entre ambos partidos. Desde el punto de vista de los mercados, un Congreso dividido puede limitar la capacidad de una administración para aprobar determinadas medidas de manera unilateral y obligar a alcanzar mayores consensos.

Al mismo tiempo, también puede generar episodios de volatilidad si se producen bloqueos en cuestiones importantes, como el techo de deuda o las decisiones relacionadas con el endeudamiento del Estado. Son asuntos relevantes para el funcionamiento y la estabilidad de la economía estadounidense.

Algunos de esos problemas tampoco son ajenos a Europa. ¿Está preparada la región para afrontar un nuevo ciclo electoral marcado por la incertidumbre? ¿Cuáles son los principales riesgos para los mercados europeos?

Uno de los grandes problemas de Europa es la deuda, junto con unos déficits elevados y la falta de avances suficientes para corregir esos desequilibrios.

Además, estamos viendo gobiernos y fuerzas políticas con planteamientos muy diferentes, lo que en algunos países dificulta la existencia de una hoja de ruta económica clara. Y mientras no exista esa visibilidad, es lógico que los inversores mantengan cierta cautela.

Para que Europa pueda construir una trayectoria más sólida a largo plazo, será necesario afrontar su principal problema estructural: la deuda y la sostenibilidad de las cuentas públicas.